Domingo 22 de mayo, 2022

MUNDO | 21-12-2021 15:09

Gabriel Boric y el deseo chileno de reinventarse

Su discurso de victoria acertó en todas las notas: democracia y diálogo, inclusión y sustentabilidad. La promesa a los mercados: responsabilidad fiscal y estabilidad económica.

Cientos de miles de chilenos que salieron a las calles para celebrar la victoria del ex líder estudiantil izquierdista Gabriel Boric en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Chile. Boric ganó con un margen de 12 puntos y un número histórico de votos, imponiendo una contundente derrota al candidato de derecha José Antonio Kast que pocos habrían pronosticado hace apenas un mes. Un batacazo para algunos.

Para otros, una victoria justificada: Boric fue más convincente que el pinochetista Kast a la hora de seducir al electorado de centro. Algo que se reflejó en su discurso de victoria, en la que hubo más gestos componedores y puentes a otros sectores (a los que necesitará con un congreso fragmentado), más que regodeo. Frente a un Chile polarizado y sacudido por las protesta -que se repitieron en los días previos a las elecciones-, Boric enfatizó la necesidad de “cohesión social, rehacernos y compartir puntos en común”.

Un giro importante si se lo compara a sus primeros discursos de campaña en los que prometía “enterrar el neoliberalismo”, sonando como el mismo político revolucionario que encabezó las protestas sociales de 2011, y frustró a muchos colegas parlamentarios de partidos políticos tradicionales durante sus ocho años como diputado al Congreso.

Viraje

Su campaña en la segunda vuelta se caracterizó por el tono mesurado de un estadista en ciernes. Boric demostró un grado extraordinario de pragmatismo y una capacidad genuina para ganarse a los votantes moderados y unir a los chilenos. En una elección polarizada, el candidato más joven se mostró paradójicamente como el más experimentado.

Apoyado parcialmente por un movimiento estudiantil revolucionario y el Partido Comunista, frente a un político mayor asociado a la dictadura del general Pinochet, que claramente representaba a las élites económicas y políticas, así como a valores sociales extremadamente conservadores, Boric aparece como el deseo de renovación plasmado.

En la previa, parecía que Chile se dividía entre movimiento arriesgado hacia un futuro desconocido, o un regreso a un pasado autoritario y potencialmente antidemocrático: el eslogan de la campaña de la primera ronda de Kast, "Atrévete”, le dio a la extrema derecha licencia para expresar sus puntos de vista sin vergüenza.

Con tono trumpiano (y frases como "Todo va a estar bien") amenazó que Chile se convertiría en un fracaso comunista como Venezuela si ganaba la izquierda. Incluso tuvo sus sectarios a lo Qanon (la facción que tomó el Capitolio en Washington): un video del youtuber Sebastián Izquierdo, pidiendo a los partidarios de Kast que interfieran de manera fraudulenta en las elecciones se volvió viral, y ahora está siendo procesado.

Kast desató los instintos antidemocráticos de una élite política de derecha que se siente profundamente amenazada por las protestas sociales -y la violencia- que han aturdido a los chilenos en los últimos años. Pero su discurso extremista asustó a los votantes independientes de centro.

Oportunidad

Los esfuerzo de Boric por lograr una reconciliación entre los programas políticos de los candidatos primarios de centro izquierda, coordinados por un demócrata cristiano ampliamente respetado y experimentado, el economista Guillermo Larraín, manifestó su voluntad y capacidad para involucrar a un amplio sector del espectro político. Esos guiños le valieron a Boric el apoyo de destacados economistas nacionales e internacionales, incluidos el premio Nobel Joseph Stiglitz (el mentor de Martín Guzmán) y Thomas Piketty.

Su campaña fue un reflejo de pragmatismo y desapego ideológico. Y su discurso de victoria como presidente electo, capturó esta energía: conciliador y apuntó a sacar a Chile de la polarización y regresar al centro democrático. Consciente de que tendrá que gobernar con un Congreso que está igualmente dividido entre facciones políticas, Boric enfatizó su voluntad de comprometerse con todos los actores del espectro político, incluido su reciente oponente, Kast. Sabiendo que tendrá que colaborar además con una asamblea constitucional que trabaja en una nueva Carta Magna más plural, acertó en todas las notas: democracia, instituciones, inclusión social, derechos de la mujer, sustentabilidad ambiental, justicia, verdad, derechos humanos y diálogo.

A los que sumó promesas de responsabilidad fiscal y estabilidad económica, un guiño a los mercados que todavía desconfían. Pero sus palabras indican por lo pronto un compromiso con las estructuras económicas, políticas y sociales de Chile. Un Chile que tiene empero la posibilidad de reinventarse.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Internacionales.

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