Viernes 23 de febrero, 2024

MUNDO | 01-12-2023 07:02

Javier Milei y su brújula espiritual

Posibles significados de la devoción de Milei por un sabio jasídico. La prédica del rabino cuya tumba visitan líderes del mundo.

Parece una excentricidad más de alguien que exhibe extravagancias; un toque de esnobismo emulando a varios líderes notables del mundo. Podría ser la creencia supersticiosa en milagros de alguien considerado milagroso por millones de personas. 

Pero también puede ser algo más serio que eso: una señal de búsqueda que anuncia un cambio significativo.
Peregrinar dos veces en pocos meses a la tumba del Rebe de Lubavitch en un cementerio del distrito neoyorquino de Queens, quizá esté anunciando un giro personal o una faceta sumergida e ignorada por la sociedad que estaría emergiendo en Javier Milei. 

Ese Rebe (maestro jasídico), venerado en y más allá del judaísmo, implica una mirada sobre lo humano que nunca había sido expuesta públicamente por el presidente electo.

Menajem Mendel Schneerson fue, esencialmente, un difusor de la bondad, la empatía, la amabilidad, la compasión y la conciencia. La comunidad jasídica que lideró y engrandeció, Jabad Lubavitch, señala con su nombre un lugar de origen y los principios rectores. Jabad es la suma ordenada de las palabras hebreas Jomá (que significa “inspiración”), Biná (entendimiento) y Daat (conciencia).

Milei en la tumba de Rebe de Luvabich

En Lubavitch, aldea rusa del oblast de Smolensk, se estableció durante un siglo el centro de difusión del Jabad, movimiento que languidecía hasta que llegó a conducirlo Menajem Mendel Schneerson y lo agigantó, expandiendo su influencia y filosofía por el mundo.

A esa influencia la utilizó para difundir los valores humanistas del Jabad, para crear centros de educación y para difundir la enseñanza y el amor a la lectura en los niños. Por eso su nombre es también sinónimo de lucha por la educación, al punto de que James Carter estableció la fecha de su nacimiento como Día Nacional de la Educación en Estados Unidos.

Aquel presidente demócrata, claro exponente de la cultura del diálogo y de la sensibilidad social de los socialdemócratas norteamericanos, admiraba al Rebe. Igual que John Fitzerald Kennedy, el gran impulsor de los Derechos Civiles por los que luchaba Luther King, y del capitalismo con equidad social.

Por cierto, también hubo republicanos admirando a Schneerson. Nada menos que Ronald Reagan, por ejemplo. 
Pero que entre los primeros estadistas que se asomaron con admiración a la obra del Rebe en su comienzos, estuviera Franklin Roosevelt, es significativo por tratarse del presidente de la New Deal (Nuevo Trato), política que rescató el capitalismo de la profunda crisis del ’30 recurriendo al pensamiento económico de John Meynard Keynes.
Milei inició su activismo mediático aborreciendo al keynesianismo. Pasó por muchos programas describiendo al economista inglés como el peor de los males y situándolo en el campo del socialismo.

Rebe de Luvabich y Kennedy

En su etapa de activista mediático, el presidente electo exhibía una personalidad volcánica que irradiaba intolerancia, violencia política,  furia, rasgos de misoginia y un fundamentalismo con las teorías económicas de vertientes radicalizadas del liberalismo. En su discurso mediático aparecían siempre Ludwig von Mises, Frederich Hayek y Murray Rothbard. Nunca el Stuart Mill de la etapa del giro hacia un liberalismo social. En el liberalismo expresado por Milei no aparece el pensamiento de Karl Popper y de Isaíah Berlin. Menos aún el liberalismo que entendía la justicia como equidad que promovió John Rawls.

A quién le señalara el reduccionismo a la escuela austriaca de una visión que, antes de ser económica, fue filosófica y humanista, Milei le vomitaba aborrecimientos y trataba de ignorante. La intolerancia a la crítica y a las visiones diferentes que Milei irradiaba agresivamente, está a contramano de la enseñanza del Rebe de Lubavitch. Pero su hasta ahora desconocido deslumbramiento con ese sabio jasídico, es una buena señal, en el caso que no fuese una actuación para cambiar de imagen.

En las antípodas del “juguete rabioso” que en su etapa de activista mediático atacaba a gritos a las mujeres que lo contrariaran en un set de televisión, Menajem Mendel Schneerson daba prioridad a la mujer y la instaba a liderar el pensamiento y la enseñanza. En el polo opuesto al economista que, mirando a la cámara con los ojos desorbitados, expresaba desprecios oscuros y viscosos, como “zurdo de mierda”, el Rebe de Lubavitch era un difusor de la comprensión y la aceptación del otro.

El venerado rabino a cuya tumba peregrinan estadistas desde su muerte en 1994, contradijo al judaísmo como experiencia pasiva para proponerlo como activismo humanista y, en los sicodélicos años ’60, miró con simpatía al hippismo y demás rebeldías juveniles de esa década de revolución cultural a escala mundial. “Esos jóvenes demuestran que la conformidad no es la cúspide de la vida…están derritiendo el témpano de América”, escribió.
El gran impulsor en el mundo del Jabad de Lubavitch enseñaba que todas las personas, desde los sabios a los ignorantes, podían ser difusores de la bondad y la compasión. Y que difundir la bondad y la compasión es la verdadera grandeza, la auténtica trascendencia.

Milei en la tumba de Rebe de Luvabich

El economista que atacaba a Keynes y golpeaba la foto de Alfonsín, ahora tiene algo en común con los keynesianos Roosevelt, Kennedy y Carter. Eso es una señal de apertura y moderación, salvo que las peregrinaciones a Nueva York sean una pose, el síntoma de un delirio mesiánico o la búsqueda desesperada de milagros que lo ayuden a derrotar los males argentinos como las milicias de Judas Macabeo, por contar con la ayuda de “las fuerzas del cielo”, derrotaron en el siglo II AC a los invasores griegos que querían helenizar a los judíos.
Si lo que muestra es un cambio interior, esta fase novedosa de Milei es una señal positiva. Pero si está buscando milagros, como tantos de los que visitan la tumba en Queens, Milei se equivoca. Lo enseñó el propio rabino al que venera.

A quienes le preguntaban sobre los milagros, el Rebe considerado un “tzadik” (persona justa y piadosa) respondía explicando que “el verdadero milagro ocurre cuando ustedes cambian su vida, para aproximarse al camino que muestra la Torá”.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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