Viernes 23 de abril, 2021

MUNDO | 29-03-2021 14:44

Joe Biden aprieta el puño frente a China y Rusia

El presidente demócrata en "modo Rambo", sorprendió por su beligerancia retórica contra Vladimir Putin y Xi Jinpung. ¿Lucidez o temeridad?

Trastabilló y terminó cayendo en la escalerilla del avión presidencial, que intentaba subir con ese trotecito que ha emprendido en varios actos públicos. Por sobreactuar energía juvenil para disimular las fatigas de su edad, Joe Biden mostró precisamente lo contrario.

Los líderes mundiales se preguntaron si fue también una sobreactuación llamar “asesino” a Vladimir Putin, mientras su gobierno disparaba una andanada cuestionamientos al gobierno chino. Por su carácter amable y su trayectoria de moderado y dialoguista, muchos esperaban ver en el escenario internacional a un personaje de Robin Williams, pero se encontraron con Rambo.

¿Es sobreactuación, como los trotecitos que emprende cuando hay público y cámaras? ¿Llegará a la meta sin tropezar, o trastabillará como en la escalerilla del Aire Force One?

Mientras el mundo procura descifrar el perfil que está intentando construir en el escenario mundial, Biden avanza a paso redoblado en el escenario local, donde también sorprende por la osadía, pero positivamente.

Su presidencia comenzó con una energía excepcional. Quienes esperaban un “tibio” que titubeara a cada paso, encontraron lo contrario. La dimensión del paquete de asistencia económica y social por la pandemia dejó bocas abiertas a izquierda y derecha.

A modo de “blitzkrieg”, el presidente disparó una ráfaga de medidas para desarticular políticas de Donald Trump. Su guerra relámpago contra el legado ultraconservador sólo se detuvo en la frontera sur. Allí se aglutinan masas de migrantes movidos, en parte, por la expectativa de ingresar a Estados Unidos que él mismo generó.

Probablemente, lo que Biden cree estar viendo en esa ola migratoria que lo obliga a desdecirse, es la mano de Rusia. Y es probable que esa sospecha explique su embestida a lo Rambo contra Vladimir Putin.

La confirmación de que el Kremlin usó su ejército de trolls para colaborar con la reelección del millonario al que había ayudado a vencer a Hillary Clinton en la elección anterior, permite suponer que Putin ataca en todos los frentes para debilitar a Estados Unidos. ¿Por qué no usaría esos mismos instrumentos para que desde las redes generen (o acrecienten) las olas de migrantes centroamericanos que están complicando a la administración demócrata?

Si contra Hillary produjeron fakes news a gran escala ¿por qué no crearían falsa información para que multitudes de desesperados crean que hay una puerta abierta para entrar a USA? ¿acaso eso no explicaría también la relajación de las medidas tomadas por México para que las olas humanas no puedan atravesar su territorio hasta la frontera norte?

Biden prometió a López Obrador millones de vacunas, esperando a cambio que vuelva a movilizar el ejército mexicano para cortar las caravanas que avanzan hacia la frontera.

Pero lo más visible, además de su caída en la escalerilla del avión, es que el amable y moderado dirigente ha tenido un gesto estridente y temerario al llamar “asesino” a Putin.

Para encontrar una ataque verbal equiparable, hay que remontarse a 1983, cuando Ronald Reagan llamó “evil empire” (imperio del mal) a la Unión Soviética. Anthony Dolan redactaba sus discursos y usó ese proyectil retórico contra el liderazgo soviético, porque había desplegado misiles estratégicos SS-20 en Europa Oriental y derribado un avión surcoreano de pasajeros en el oriente de la URSS.

Pero Reagan llamó “imperio del mal” al Estado soviético, no a Yuri Andropov, que en aquel tiempo presidía la nomenclatura.

Biden fue más lejos al referirse a la persona del presidente de Rusia. ¿Qué acción de Putin fue el equivalente a los SS-20 y al derribo del avión surcoreano? Entre otras, el “ataque” ruso a Estados Unidos con un arma devastadora: el misil Trump.

Por cierto, también están los envenenamientos, acribillamientos y encarcelamientos de disidentes, además del ataque cibernético a Solarwinds, la empresa de software que atiende a varias agencias del estado norteamericano; el encarcelamiento de Alexei Navalny tras envenenarlo en Siberia y el pago a mercenarios que maten soldados norteamericanos en Afganistán.

Más allá de las motivaciones del momento, la agresividad en el terreno internacional parece un rasgo del presidente demócrata. En los mismos días en que llamó “asesino” al líder ruso, su secretario de Estado, Anthony Blinken, recibió en Alaska con duras acusaciones a los enviados del gobierno chino a la reunión bilateral.

El canciller Wang Yi y el representante del PCCh Yang Jiechi recibieron fuertes descargas retóricas por la situación en Taiwán y en Hong Kong, además del reclamo de respeto a los uigures, la maltratada etnia musulmana que habita la región de Xinjiang.

No parece muy inteligente pelearse con dos potencias a la vez. La belicosidad retórica de Biden atenta contra la lógica estratégica que usó Kissinger con Chou En-lai para que Nixón se entendiera con Mao.

Pero con Putin, la cuestión es personal. La gota que colmó el vaso es el informe de inteligencia que reveló injerencia rusa en la elección de noviembre pasado, procurando la reelección de Trump.

Rusia había actuado para que Trump llegue a la Casa Blanca, injerencia corroborada por el fiscal especial Robert Müeller.

Con semejante antecedente, Putin repitió la acción, seguramente porque con Trump en la presidencia obtuvo resultados geopolíticos formidables, a pesar de que la injerencia había sido descubierta.

Aún estando bajo sospecha de complicidad con Putin, el magnate neoyorquino fue funcional al Kremlin en cuestiones claves, como paralizar políticamente a la OTAN, promover liderazgos euro-escépticos y debilitar la relación entre Washington y Europa.

La parálisis en el eje atlántico le facilitó a Rusia la anexión de Crimea y el avance sobre el Este de Ucrania. Gracias a Trump, Rusia también logró el rol protagónico en el conflicto sirio.

Además, el millonario conservador dañó la institucionalidad norteamericana, otro objetivo estratégico del Kremlin. Y si aún habiendo sido descubierta la injerencia en la elección anterior, interfirió para que Trump fuera reelecto, es por la certeza de que seguiría siendo funcional a Rusia.

Biden lanzó un proyectil verbal destructivo al llamar “asesino” al presidente ruso, entre otras cosas, por estar convencido de que Putin usó un arma más destructiva aún: el misil Trump.

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Claudio Fantini

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