Monday 23 de February, 2026

MUNDO | Hoy 08:28

La Ilustración Oscura

Las mentes que guían la ola neo-reaccionaria hacia el reemplazo de la democracia liberal por una tecno-oligarquía de millonarios impulsores de la era digital.

Un fantasma recorre la “Ilustración Oscura”. Es el fantasma de Platón. Pero se trata de un espectro algo deformado del filósofo ateniense. En las páginas de La República proponía reemplazar la democracia que tuvo su esplendor con Pericles, por una aristocracia o una monarquía de filósofos que no debían ser votados en el ágora sino seleccionados por sus conocimientos.

La sofocracia platónica fue diseñada con la certeza de que el sofos (saber), si accede al cratos (poder), lo usará para el bien de todos los ciudadanos, por lo tanto, no será un poder ni oligárquico ni tiránico.

Las estrellas de la “Darkentlighment” (ilustración oscura) no brillan para el bien común. En los libros que surfean la ola neo-reaccionaria, la democracia liberal debe desaparecer para que el poder quede en los intelectos más potentes en el terreno de la tecnología digital.

Para los actuales resucitadores de Platón, el conocimiento que vale es el que potencia la innovación digital. De tal modo, la sofocracia del Silicon Valley implica el gobierno de los tecno-plutócratas que han amasado fortunas descomunales, como Peter Thiel y Elon Musk.

Murk y Thiel

Así como la sofocracia puede ser gobernada por un rey, siempre que esté asesorado por filósofos y siga al pie de la letra sus recomendaciones, la tecno-plutocracia puede tener como rostro del gobierno a un CEO, siempre y cuando siga los dictámenes de un directorio de tecno-oligarcas. Ese CEO puede ser multimillonario, pero no necesariamente inteligente, ni digno, ni poseedor de conocimiento, incluso mejor si no es nada de eso, como Donald Trump.

Kant explicó que “no somos ricos por lo que poseemos sino por lo que podemos prescindir”. Afirmación que denota una inteligencia profunda y humanista; digna del autor de la Crítica de la Razón Pura. Según este razonamiento, la dimensión de todas las posesiones de las que una persona pueda prescindir, muestra la verdadera dimensión de su riqueza.

No son precisamente esos valores los que defienden y difunden los mega-millonarios que quieren pasar la página de la democracia liberal, para iniciar un capítulo en el que no cuenta la voluntad del pueblo. Ellos, más bien, trabajan sigilosos para que el Estado de Derecho sea suplantado por plutocracias presididas o guiadas por CEOs de empresas de tecnología digital.

En la polis griega, el aprendizaje de la Filosofía estaba restringido a los ricos, o sea los hijos de la aristocracia que podía pagar a filósofos y sofistas las enseñanzas que impartían. No obstante, había maestros que, como Sócrates, intentaban instruir a gente de todas las clases en lo que Kant llama “iluminación” en su libro “Una respuesta a la Pregunta: qué es la Ilustración”. Para el discípulo más brillante de Sócrates, el conocimiento en sí mismo es una garantía para que el gobierno obre por el bien de todos los ciudadanos.

Musk y Trump

A esta altura de la historia, el modelo occidental de democracia tiene un enemigo que no es el marxismo ni el fascismo, sino el pensamiento que se incuba en lo que llaman Ilustración Oscura. En la actual ola neo-reaccionaria se unieron estrategas ultraderechistas como Steve Bannon, el impulsor de la Alt Rigth; blogueros como Curtis Yarvin, autor de la desopilante afirmación de que la norteamericana es “una democracia fallida”, y el multimillonario Peter Thiel, lúcido promotor de que el poder quede en manos de las elites innovadoras.

En su libro El Momento Straussiano, Thiel sostiene que, así como el 11-S mostró la incompatibilidad de libertad y seguridad en la nueva realidad que plantea el terrorismo global, la realidad está demostrando ahora que “la libertad y la democracia son incompatibles”. Un rapto de franqueza que deja a la vista lo que otros libertarios ocultan: están convencidos de que la democracia liberal debe morir para dar lugar a sistemas que aparten “a las mayorías de las decisiones de gobierno”.

Thiel es un alemán que desarrolló su pensamiento en Estados Unidos, donde amasó una fortuna creando la sturtup que provee análisis masivo de datos y también vigilancia predictiva al Pentágono, la CIA y el ICE, lo que la convierte en un eslabón de lo que hoy denomina “complejo militar-digital”, parafraseando al presidente Eisenhower cuando denunció la existencia de un poder antidemocrático al que llamó “complejo militar-industrial”.

Peter Thiel plantea que el poder ya no se basa en las armas sino en los algoritmos. Por eso su fondo de inversión apoyó desde la etapa embrionaria a empresas como Facebook. A diferencia del libertarismo primario, en su libro “De Cero a Uno”, Thiel deja de lado la obsesión libertaria por el libre-mercado para, en otro rapto de sinceridad, proponer “monopolios creativos” que impongan el progreso vertical de la tecnología.

ICE

Como buen discípulo del filósofo francés René Girard, autor de la Teoría del Deseo Mimético (en la que sostiene que “el hombre es una creatura que no sabe qué desear y recurre a los demás para decidir, imitando los deseos de los otros”) Thiel defiende un libertarismo económico que es socialmente darwiniano y plantea que el poder debe estar en manos de las mentes más brillantes en materia de innovación. Ergo, un puñado de mega-millonarios que debe gobernar sin trabas burocráticas, jurídicas ni políticas.

La Teoría del Deseo Mimético está entre los instrumentos que generan polarización en las redes, algo que Thiel valora mucho.

La eliminación de todo poder que quiera situarse por encima de los monopolios, ya sea un parlamento que represente a los partidos políticos, un poder judicial independiente que iguale a los ciudadanos ante la Ley, o un gobernante elegido en las urnas, es la meta de quienes quieren sacrificar la democracia liberal en el altar de la libertad tal como la conciben los neo-reaccionarios.

Esa idea lo llevó a proponer la creación de Seastead, proyecto de colonización marítima a través de ciudades flotantes en las que no rigen las leyes nacionales ni el Estado de Derecho o cualquier tipo de institucionalidad.

Por cierto, como muchos populistas conservadores, Thiel aplica el concepto “amigo-enemigo” de Carl Schmitt, amasa aborrecimiento conservador a todo lo que tenga rasgos de cultura woke y, en su guerra contra los valores demo-liberales, recurre a la idea gramsciana de “batalla cultural”.

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Claudio Fantini

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