Lunes 18 de enero, 2021

MUNDO | 06-12-2020 00:47

Llegan las vacunas: la proeza científica que opacan las teorías conspirativas

Tras largos meses sin ver luz al final del túnel, la claridad irrumpe. El protagonismo de la ciencia a través de las vacunas.

El mundo está ante una proeza científica. Es probable que el futuro no sólo describa al 2020 como el año de la pandemia global, sino también como el momento en el que la ciencia protagonizó una gesta histórica.

En un puñado de meses se estaría logrando lo que siempre ha llevado entre cinco y diez años: el desarrollo de vacunas seguras y con niveles récord de eficacia.

Aún pueden cruzarse cisnes negros, pero si se están equivocando quienes desconfían de las vacunas producidas en tan poco tiempo y están acertando los científicos que confían en ellas, la proeza podría poner fin a la pesadilla.

Lo que está fuera de duda es que, tras larguísimos meses sin luz al final del túnel, esa claridad protagoniza el tramo final del año. La antecedieron largos meses dominados por las palabras “coronavirus”, “pandemia”, “respiradores”, “muertes”, “contagios”, “cuarentena” etcétera. Ahora, la palabra que reina en los titulares de los diarios y en los noticieros del mundo entero, es “vacuna”.

La proeza científica que estaría produciéndose en los laboratorios será el resultado de la confluencia de tres factores: una pandemia inédita obligando a lograr en tiempo récord lo que normalmente lleva plazos más largos; un desarrollo tecnológico que hace posible reducir la duración de las etapas imprescindibles, y un nivel de interconexión y comunicación entre laboratorios, universidades y centros científicos del orbe para el intercambio de información.

Esa trilogía explicaría la proeza. Pero la ciencia aún debe vencer la mirada pesimista de muchos sobre la vacuna y la ola de teorías conspirativas que puede malograr campañas de vacunación, cuyo éxito depende de que se vacune al menos el sesenta por ciento de la humanidad, para lo cual a la proeza científica deben agregarse proezas económicas y logísticas.

A esta altura de la pandemia, la esperanza está puesta en la ciencia. En las urnas norteamericanas hubo una señal. La posición anticientífica de Donald Trump mostró su oscuridad en el escenario del covid19. Quedó expuesto el peligro que representa el poder en manos de una persona que se aferra a su ignorancia y sus prejuicios. El “anti-cientificismo” del magnate neoyorquino y sus trágicas consecuencias hicieron que una porción mayoritaria de norteamericanos votara contra su reelección.

No es el único caso. Por izquierda y por derecha se han multiplicado los liderazgos emocionales, que son anticientíficos. Desde Daniel Ortega hasta Jair Bolsonaro, pasando por Nicolás Maduro entre otros, minimizaron la gravedad de la pandemia y propusieron métodos descabellados para curar el covid19. El dictador venezolano dio una fórmula que contenía saúco, jengibre y pimienta. Hubo casos similares en otros rincones del planeta. El déspota bielorruso Aleksander Lukashenko dijo que se cura con vodka y sauna mientras, en Turkmenistán, Gurbangulí Berdimujamedov imponía multas y prisión a quien hable de pandemia, diga la palabra coronavirus o use barbijo en la vía pública. En la misma vereda está el presidente de Tanzania John Magufuli, programando rezos multitudinarios para que “Dios saque al virus” de su país.

Pero particularmente grave resultó que el mandatario de la principal potencia saboteara las medidas de distanciamiento social recomendadas por los científicos. También su persistente promoción de la cloroquina contra las advertencias de médicos e inmunólogos, y sus ataques a uno de los principales expertos mundiales en enfermedades infecciosas y jefe del equipo que orienta la lucha contra el coronavirus en Estados Unidos: Anthony Stephen Fauci.

Cortar la financiación norteamericana a la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue otra de las tantas acciones de Trump obstruyendo a la ciencia en el escenario de la pandemia. Y antes de hacerlo en el terreno de salud pública, enfrentó al conocimiento científico en el terreno del cambio climático.

Negacionista frente al calentamiento global y negacionista frente a la pandemia, la derrota de Trump fue, de algún modo, una victoria de la ciencia.

Parece corroborarlo el casi ochenta por ciento de popularidad que tiene Angela Merkel al cabo de quince años gobernando. Además de su graduación en Física, la canciller alemana obtuvo un doctorado en Química Cuántica con un trabajo titulado “Influencia de la correlación espacial de la velocidad de reacción biomolecular de reacciones elementales en los medios densos”.

Pocos deben haber leído tan apasionadamente a Humbolt como lo hizo Merkel. Y en su primer viaje como estadista a Latinoamérica, en Colombia se sorprendió por la baja contaminación de Bogotá luego de haber medido “la radiación luminosa de las montañas que varía dependiendo de la densidad del aire y de la variación de luz solar”, según cuentan las colombianas Patricia Salazar Figueroa y Christina Mendoza Weber en el libro “Angela Merkel: La Física del Poder”.

Por ser una científica, su gestión de la pandemia se basó en seguir minuciosamente las recomendaciones de los científicos. Del mismo modo se paró frente al calentamiento global.

En las antípodas, Trump inauguró su mandato retirando a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático, gobernó alentando formas de producción de energía que acrecientan el efecto invernadero y negó el calentamiento global, aún con incendios en toda la costa oeste y la peor seguidilla de huracanes y tornados arrasando el sureste y el centro del país.

Después sumó la catástrofe sanitaria que causó la pandemia cuya gravedad el presidente negaba, mientras realizaba actividades ostentando su rechazo al barbijo, el distanciamiento y demás protocolos recomendados por los científicos.

En el escenario del virus, quedó crudamente expuesta la naturaleza anticientífica de su liderazgo. Y las urnas la desaprobaron. También en Brasil, donde la economía despega favoreciendo al gobierno federal, las urnas parecen cuestionar la aversión a la ciencia de Bolsonaro, quien se comporta igual que Trump frente a la pandemia y al cambio climático. Eso insinúan las elecciones municipales en las que los candidatos del presidente brasileño fueron derrotados.

Por cierto, el de las ciencias es un ámbito al que también llega la codicia y la competencia geopolítica. Pero en la era del cambio climático y de las pandemias, la ciencia tiene un protagonismo obligado. Y su peor enemigo son las teorías conspirativas y el negacionismo.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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