Jueves 19 de mayo, 2022

MUNDO | 20-08-2020 11:49

Porqué señalan a Putin detrás del envenenamiento de su líder opositor

Políticos, periodistas y figuras que acusaron o desafiaron al presidente ruso acabaron muertas, presas o exiliadas. El ejercicio de un poder implacable desde sus días en la ex KGB.

El principal opositor al gobierno de Vladimir Putin en Rusia, Alexei Navalni se encuentra en coma en estado grave en un hospital de Omsk en el que ha sido ingresado de urgencia después de que, según su portavoz, haya sido presuntamente envenenado con una toxina en su vuelo de vuelta a Moscú desde la ciudad siberiana de Tomsk.

"Navalni regresaba esta mañana de Tomsk a Moscú. Se sintió mal durante el vuelo. El avión aterrizó de emergencia en Omsk. Alexei tiene una intoxicación. Vamos en ambulancia a un hospital", informó en un primer momento la portavoz de su fundación, Kira Yarmish, en Twitter.

Yarmish agregó a la prensa: "habría sido envenenado con alguna sustancia añadida a su té, lo único que tomó por la mañana". "Los médicos dicen que la toxina se asimiló más rápido con un líquido caliente", recogió la agencia rusa Sputnik.

Las sospechas de un atentado contra la vida Navalni están fundadas en las numerosas muertes y ataques que han sufrido quienes desafían a Putin, que acaba de allanar el camino para seguir en el poder hasta 2036 si lo desea.

Muchos de nosotros asumimos que algunos de los asesinatos habrían requerido la aprobación (al menos tácita) de Putin”, explica Harley Balzer, profesor de asuntos gubernamentales en la Universidad de Georgetown, especializado en estudios ruso. “Pero nadie tiene pruebas sólidas”, agrega.

Entre los casos más sonados se cuenta el de Boris Nemtsov, una estrella política rusa con aspiraciones presidenciales en la década de 1990. Nemtsov apoyó la victoria de Putin en 2000, pero luego se convirtió en un activista anti-Putin. Le dispararon en 2015, un día antes de una marcha que había organizado para protestar contra la economía y la participación militar de Rusia en Ucrania.

A la periodista Anna Politkovskaya, que cubría los abusos a los derechos humanos cometidos por el ejército ruso en Chechenia, la asesinaron a tiros afuera de su apartamento. Alexander Litvinenko, antiguo agente del servicio secreto ruso, vinculó a Putin a ese crímen y lo acusó de organizar un atentado terrorista relacionado con su ascenso al poder. Hoy Litvinenko se resguarda en Londres con asilo político.

A Natalia Estemirova, quien solía trabajar con Politkovskaya, la secuestraron de camino al trabajo, le dispararon y la encontraron en un bosque cerca de su casa. Y Anastasia Baburova, otra periodista, fue asesinada a corta distancia a los pies del Kremlin junto a Stanislav Markelov, abogado de derechos humanos cuyo trabajo era representar a Politkovskaya y otros periodistas críticos a la gestión de Vladimir Putin.

Y quienes no mueren, terminan presos: el exgobernador liberal de la región rusa de Kírov, Nikita Belij, fue condenado a ocho años de prisión en un proceso por soborno que sus abogados consideraron “amañado” y “sin una sola prueba”, tras cargar contra el presidente.

“Putin, además de un ladrón, es un cobarde. Primero nos roba las elecciones, sustituyéndolas por un espectáculo barato, y ahora, de forma cobarde, envía a la cárcel a quienes no están de acuerdo con él”, escribió el líder opositor ruso, Alexéi Navalni, proscripto en las últimos comicios. “Me condenaron en una causa armada para hacerme desaparecer en la víspera de los comicios “, explicó.

La lista de exiliados es también enorme. El ex campeón mundial de ajedrez Garri Kaspárov es uno de los ejemplos más llamativos por la virulenta campaña de acoso que el poder lanzó contra él. También se fueron Andrei Illariónov, ex consejero presidencial; el politólogo Andréi Piontkovski y los economistas, Serguéi Guríev, que fue consejero del Gobierno y director de la Escuela de Economía de Moscú, y Serguéi Aleksáshenko, ex subdirector del Banco Central de Rusia.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Internacionales.

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