MUNDO | 02-01-2023 10:53

Tiempo de Davides

Un año marcado por inesperados desafíos a inmensos poderíos. La resistencia de los ucranianos y de las protestas en Irán y China.

Un tiempo de Davides. Aunque no está claro que Goliat vaya a ser derrotado en Ucrania, en China y en Irán, el 2022 fue el año en que gigantes poderosos encontraron inesperadas resistencias que los hicieron retroceder. El David eslavo es Ucrania, país al que el gigante ruso pensó que pondría de rodillas ni bien entraran sus infinitas divisiones de blindados. Pero Vladimir Putin encontró una voluntad de combate que desbarató sus planes, obligándolo a resetear toda la operación para salvar al menos una parte del objetivo planteado por los generales del Kremlin.

El presidente ruso creyó en los informes de inteligencia que aseguraban que los militares ucranianos apoyarían a los invasores porque odian a Volodimir Zelenski y la camarilla de jóvenes “drogadictos” que lo rodean. Todo parece indicar que el viejo agente del KGB cayó en una trampa tendida por los servicios de inteligencia ucranianos, asesorados por la CIA y el MI-6 británico, y perdió tiempo, tropas y blindados en el intento de ocupar Kiev en el inicio de la invasión.
El Plan B fue ocupar y anexionar todo desde el río Dnieper hacia el Este, pero la exitosa ofensiva ucraniana en Kharkiv y los triunfos que las fuerzas de Kiev en Mikolaiv y Khersón hicieron retroceder a los rusos hasta Genichesk.

Putin esperaba hacer el brindis de fin de año junto a un mapa con fronteras similares a las del Imperio Ruso, conquistadas con una operación breve y abrumadora. Pero llegó al 2023 abrumado por los reveses que le causan los ucranianos y recurriendo a bombardeos masivos a ciudades para que la destrucción, la intemperie y el frío dobleguen al David eslavo.

Otro Goliat sorprendido por el David menos pensado es Xi Jinping. Llevaba meses exhibiendo músculo militar en Hong Kong y en Taiwán. Pero a renglón seguido del Congreso del PCCh que le dio poderes sólo equiparables a los que tuvo Mao Tse-tung, lo sorprendió una rebelión popular contra sus recurrentes cuarentenas y confinamientos.

Fotogaleria El presidente de Estados Unidos, Joe Biden y el presidente de China, Xi Jinping, se reúnen al margen de la Cumbre del G20 en Nusa Dua, en la isla turística indonesia de Bali

En el momento en que el líder chino puso fin a la era de gobernantes con poderes acotados que impulsó Deng Xiaoping, encontró una ola de protestas desafiando su política anti-pandemia con reflejos totalitarios. Desde que el coronavirus irrumpió en Wuhan,  Xi Jinping implementó cuarentenas y confinamientos masivos, que se repitieron con cada ola de Covid. La política de “Covid cero” intentaba mostrarle al mundo que el poder de un régimen que supuestamente se maneja con los principios científicos del marxismo puede enfrentar exitosamente los más duros desafíos. La verdad es que las vacunas chinas fueron poco eficaces y Xi se negó a incorporar vacunas extranjeras más potentes, por lo que debía mantener las políticas de aislamiento.

Pero hubo algo más: Xi Jinping usó las cuarentenas y confinamientos masivos como ensayos de control total sobre la sociedad. Ese fue uno de los ingredientes de los estallidos sociales en muchas ciudades, incluidas Pekín y Shanghai, contra la política de “Covid cero”.
Con antecedentes como la masacre de Tiananmén, además de las recientes represiones que aplastaron las protestas en Hong Kong, era difícil imaginar que multitudes se atreverían a desafiar al duro Xi Jinping. Sin embargo, las protestas fueron tan masivas que el poderoso presidente tuvo que flexibilizar notablemente sus cuarentenas y confinamientos.

Fue la primera vez que se vio retroceder al duro líder chino. Posiblemente, en el nuevo año y los que siguen tendrá que retroceder más, ya que su política de injerencia estatal en la economía, presionando a las empresas privadas, ha comenzado a reducir el crecimiento económico.

China ya no crece “a tasas chinas” y la explicación no es sólo demográfica. Con las presidencias de poder limitado que encabezaron Li Xiannian, Yang Shangkun, Jiang Zemin y Hu Jintao, la economía china creció a tasas increíbles y el mundo visualizó que alcanzaría el primer lugar entre las superpotencias en la primera mitad de este siglo. Pero cada día son más los economistas que dudan de que eso ocurra. Incluso Paul Krugman empezó a dudar de que la economía china llegue a superar a la de Estados Unidos, algo que un par de años atrás se daba por descontado. Habrá que ver si, después de que se le cruzara un David en las calles, Xi Jinping revisa la gravitación de su poder desmesurado en la desaceleración del crecimiento chino.

Protestas en Irán

Otro David inesperado fueron las mujeres iraníes. La muerte de una joven de 22 años a manos de la “policía moral”, por llevar mal puesto el velo islámico, mostró la criminalidad del lunatismo religioso. La policía y las fuerzas de choques Basij no lograron sofocar a tiempo las rebeliones. Miles de mujeres se atrevieron a quitarse el hiyab y a pisotear retratos del ayatola Alí Jamenei.

Las ejecuciones en la horca por enfrentar a las fuerzas represivas tampoco pudieron evitar que el mundo vea lo que jamás había visto: multitudes pidiendo el final de la teocracia chiita. En un país en el que protestar es “herem” (pecado) y chocar contras las fuerzas represivas es “muharebeh” (atacar a Dios), las multitudes se atrevieron a levantarse contra la “ira sagrada” del estado religioso. El nivel de rebelión llegó tan lejos que en la ciudad de Jomein, provincia de Markazi, fue incendiada la casa donde nació y creció Ruholla Jomeini, el líder de la revolución que derribó al sha Pahleví en 1979 y que construyó el Estado religioso.

No es la primera vez que multitudes se enfrentan con el régimen persa. Hubo rebeliones étnicas en la región kurda y en el Baluchistán iraní. También hubo grandes protestas juveniles contra la clausura del diario reformista Salam y el bloqueo permanente al gobierno del moderado Mohammad Jatami. Fueron masivas y prolongadísimas las protestas contra el fraude que le robó la victoria electoral al reformista Mir Hosein Musavi, para que siga en la presidencia el fanático Mahmud Ahmadinejad. Pero si bien aquellos levantamientos resistieron durante meses en las calles, no llegaron a la insurrección cultural que implica la quema de hiyabs en las calles, los insultos al ayatola Jamenei y las afrentas al fundador y prócer máximo del régimen: el ayatola Jomeini.

Aunque la represión vuelva a imponerse, algo se rompió en el 2022 porque las mujeres le faltaron el respeto al miedo y a la “sagrada furia” de un estado fanático.
Quizá Goliat termine imponiendo su poderío en Ucrania, en China y en Irán, pero ese poderío quedó con el prestigio abollado, porque el año que concluyó ha sido un tiempo de Davides. 

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Claudio Fantini

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