Tuesday 18 de June, 2024

MUNDO | 23-08-2023 08:49

Traidor traicionado

El jefe del Grupo Wagner, Yevgeny Prigozhin, habría muerto en un accidente aéreo. Sus lazos con Vladimir Putin.

A principios de agosto, NOTICIAS publicó la historia de los lazos entre Yevgueny Prigozhin y Vladimir Putin. El jefe del grupo Wagner hacía lo posible por sobrevivir en medio de la fuga iniciada tras la falta de apoyo del presidente. Este miércoles, la noticia que llegó desde Rusia es que el líder mercenario habría fallecido cuando viajaba en un avión que iba de Moscú a San Petersburgo. Aquí, la historia completa de aquella sociedad trunca.

La conquista de Bakhmut lo hizo sentir como Julio César al conquistar las Galias. Fueron las tropas del Grupo Wagner y no el ejército ruso las que llegaron al centro de la nueva Stalingrado. Por eso redobló sus embestidas contra la cúpula militar rusa y se dispuso a derribar al ministro de Defensa y al jefe del Ejército.La fuerza mercenaria había iniciado la invasión en el 2014, infiltrándose y camuflándose de milicias separatistas locales.

Por eso conocían mucho mejor el escenario ucraniano que el ejército que ingresó en febrero del 2022. Tener mejores resultados en los combates que los militares rusos empoderó al grupo Wagner, a cuyo jefe el Kremlin le permitía despotricar contra la cúpula militar para marcarle la cancha a sus generales. En defensa propia, la cúpula militar retaceaba armas y municiones al ejército privado, por lo que su dueño y CEO fue subiendo el tono de los ataques contra los generales Shoigú y Gerasimov. Hasta que decidió atacarlos en sus cuarteles moscovitas.

Yevgueny Prigozhin lanzó su marcha sobre Moscú con la misma convicción con que Mussolini lanzó su “Marcha sobre Roma” en 1922. Confiaba que Vladimir Putin echaría a Shoigú y Gerasimov para darle el control militar a él, del mismo modo que Vittorio Emanuele III de Saboya dejó caer al primer ministro Luigi Facta para entregarle el poder al Duce. Moscú le abriría las puertas a sus mercenarios como Roma se las había abierto a los camisas negras. Pero Putin no actuó con Prigozhin como lo hizo el último rey de Italia con Mussolini. Y cuando ese criminal enriquecido que se había levantado en rebelión cayó en cuenta, se replegó de una manera vergonzosa.

El dueño del Grupo Wagner pasó en un santiamén de conquistador en marcha triunfal a bandolero en fuga, porque su posibilidad de triunfo no estaba en el poder de fuego de su ejército, sino en la actitud que asumiera el presidente. Y comprendió que marchaba hacia el abismo cuando lo escuchó acusarlo de “traición”, equiparar su rebelión con “una puñalada por la espalda” y prometer que los insurrectos serían “aplastados”.

La marcha sobre Moscú podía correr la misma suerte que la caravana del ejército iraquí que, en febrero de 1991, marchaba por la Autopista 80. En lo que constituyó un espantoso crimen de guerra, miles de militares y civiles iraquíes que regresaban a su país por la ruta que une la capital kuwaití con Basora fueron masacrados por aviones y helicópteros artillados estadounidenses.

Aunque el grueso del ejército ruso se encuentre en Ucrania, escuadrones de bombarderos podían convertir la caravana de Wagner en kilómetros de chatarra chamuscada. Sin respaldo aéreo, un ejército no puede marchar por una ruta sin ser diezmado desde el aire. De tal modo, si Prigozhin intentó marchar sobre Moscú es porque confiaba que su viejo amigo y artífice de su fortuna y poderío, Vladimir Putin, le permitiría llegar a la capital y acabar con el generalato.

¿Por qué creía que el jefe del Kremlin se pondría de su lado? Prigozhin ya había cruzado líneas rojas. Las dos últimas fueron decir que las razones esgrimidas para justificar la invasión son falsas y que los ucranianos están venciendo al ejército ruso. Aún con semejantes declaraciones, Prigozhin pensaba que Putin lo apoyaría en su choque contra la cúpula militar. Por eso cuando apareció el presidente alineándose con sus generales, el jefe de Wagner hizo girar en U la caravana, pasando de una marcha triunfal con ínfulas de conquistador, a un repliegue vergonzoso. En Rusia las conspiraciones tienen muchas capas y las verdaderas causas y razones de los acontecimientos suelen quedar en el misterio.

Quizá nunca se sepa qué quiso hacer Prigozhin cuando apuntó las armas del Grupo Wagner contra el generalato ruso. Estaba a la vista su enfrentamiento con el ministro de Defensa Serguey Shoigu y con el jefe del ejército Valery Gerasimov. También sus denuncias de las maniobras para debilitar a su ejército en Ucrania. Aclaraba que su rebelión no era contra el presidente sino contra el Ministerio de Defensa y el comando militar, pero eso no existe. Si se levanta contra las autoridades militares del gobierno de Putin, se está levantando contra Putin.

Y si marcha hacia Moscú, está avanzando contra el gobierno del hombre que empezó a enriquecerlo cuando era el vicealcalde de San Petersburgo y él vendía panchos en las calles de la ciudad que se había llamado Leningrado. Quería tomar el poder militar dejando a Putin como presidente y apostaba a que el jefe del Kremlin se pondría de su lado. Es imposible que una caravana de camiones y blindados avance por una ruta hacia la capital sin ser arrasada desde el aire.

Si querían aplastar al ejército privado de Prigozhin ni siquiera tenían que enfrentarlo con tropas terrestres. Podían aplastarlo con ataques aéreos porque lo que no tiene Wagner son aviones y helicópteros artillados para combatir en ese espacio. Embriagado de triunfalismo por sus éxitos militares en Ucrania, el sanguinario “oligarca” pensó que su amigo y socio, el presidente, no ordenaría atacar su avance hacia Moscú; error de cálculo que Prigozhin recién entendió cuando Putin lo acusó de traidor, describió la rebelión como “una puñalada por la espalda” y advirtió que aplastaría a los sublevados.

Yevgueny Prigozhin generó una sublevación equiparable al fallido golpe del KGB contra Gorbachov en 1991 y que, en un abrir y cerrar de ojos pasó, de avanzar con ínfulas de conquistador, a huir como una rata a Bielorrusia. ¿Qué ocurrió en ese pestañeo? Quizá nunca se sepa la razón de ese bochornoso giro copernicano. Lo único que parece claro es que la insólita sublevación dejó a la vista el caos que reina en la estructura del poder que encabeza Putin.

Los síntomas vienen de lejos. Era de por sí anómalo el protagonismo asumido por el jefe de la fuerza mercenaria en Ucrania. Como el presidente no lo detenía, su centralidad escénica crecía junto con la embriaguez napoleónica que le causaban los éxitos militares. En esta posible interpretación de los hechos, la conquista de Bakhmut tras una batalla histórica hizo que Prigozhin pretendiera  asumir el control de las Fuerzas Armadas rusas, pero pasó de triunfal conquistador a cobarde derrotado en un puñado de horas.

Eso es lo que se vio aunque no necesariamente lo que de verdad sucedió. Lo realmente sucedido quizá nunca se sepa. Pero la efímera rebelión del Grupo Wagner mostró la oscuridad del poder que encabeza Putin y también el caos que lo debilita desde que ordenó invadir Ucrania, encontrando allí una resistencia y un compromiso occidental que no había calculado. 

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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