NOTICIAS URUGUAY | 06-12-2019 18:32

¿Orden o desorden?

América Latina enfrenta un tiempo de transición ante las nuevas realidades y exigencias del siglo XXI.

En la anterior edición de NOTICIAS comenté la existencia de una América Latina convulsionada basándome en distintos hechos que se venían sucediendo en forma reiterada en varios países de la región. Y dado que respondían a distintas razones y se daban en situaciones extremadamente diversas, señalé que era difícil realizar un análisis “primario y elemental” de las causas y las consecuencias de esa “realidad”.

Pues bien, esa “realidad latinoamericana”, que en cierto modo también se replica en otras partes del mundo como hacíamos referencia en la nota aludida, ha tenido una nueva manifestación en la República de Colombia. Y todo indica que no solamente no han cedido esas expresiones o manifestaciones “populares”, sino que probablemente asistamos a una intensificación de las actuales y a otras de similares características.

Resulta pertinente, entonces, analizar si realmente estamos ante una nueva expresión del “orden mundial” en términos de “desorden mundial”, entendido aquel como la expresión del contraste y equilibrio de poderes y de ideologías a nivel global. O si se trata de una “etapa de transición” caracterizada por una especie de “desorden mundial”, que precede a la consagración del “orden mundial del siglo XXI”.

Haciendo un poco de historia y en forma muy resumida, la expresión “orden mundial” se encuentra incluida en los “Catorce Puntos” propuestos luego de la Primera Guerra Mundial por W. Wilson, en procura de preservar la paz e impulsar la cooperación internacional y el arbitraje para la solución de los conflictos, con la creación de la Liga de las Naciones (Tratado de Versalles de 1919).

Se trata de un período de la historia, luego de más de 100 años de un sistema multipolar, que culmina con el inicio del denominado “Nuevo Orden Mundial” a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, con la institucionalización de la Organización de las Naciones Unidas (Conferencia de Bretton Woods y Carta de San Francisco – 1945), y que ha venido desarrollándose hasta inicios del Siglo XXI.

Asimismo, corresponde referirse a la instancia política posterior a la finalización de la guerra del Golfo Pérsico en el año 1991, oportunidad en la cual los presidentes Bush y Gorbachov de Estados Unidos y Rusia respectivamente, en el marco de la finalización de la “Guerra Fría”, dan inicio a una nueva forma de definir la naturaleza de la posguerra y el espíritu de la cooperación internacional.

A nuestro criterio son varios los factores que están incidiendo en la “decadencia” del denominado “Nuevo Orden Mundial” y la emergencia de una nueva época, que manteniendo la terminología usada internacionalmente, se trataría de un novísimo orden mundial o el orden mundial del siglo XXI.

Sin embargo, es claro que no existe el nacimiento de un “orden mundial” en forma automática, sino que se trata de un proceso en el tiempo, que se va moldeando de acuerdo a las circunstancias. Y que termina consolidándose, generalmente de modo institucional.

Esto significa que es necesaria una etapa de transición, donde la sociedad civil o la comunidad afectada por la ineficacia o insuficiencia de las respuestas dadas por la institucionalidad vigente o de los sistemas políticos actuales, genera una inestabilidad política, que va requiriendo del sistema político las soluciones de los problemas derivados – principalmente – de una desigualdad y exclusión social y económica de sectores importantes de la sociedad civil.

Estas expresiones sociales o demandas propias de la era moderna, se encuentran caracterizadas por una agenda de derechos amplia y precisa, con ausencia de ideologías relevantes y de referencias institucionales, y de alguna forma van generando la base o sustancia de ese orden mundial que se va gestando.

Desde nuestro punto de vista, la realidad actual no puede categorizarse como un “desorden mundial” en términos literales, sino que se trata de una “época de transición”. No se puede catalogar en forma negativa, porque es la adecuación del orden internacional a las nuevas realidades derivadas de las expresiones sociales que en el marco de una globalización cuantitativa y cualitativa, reclaman por diversos medios soluciones inmediatas, a veces sin mayor consistencia. Y otras con objetivos definidos producto de sociedades partidas al medio, que requieren que ese novísimo orden mundial producto de esta “época de transición” atienda los legítimos reclamos de la sociedad civil.

por Jorge Fernández Reyes

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