jueves, noviembre 14, 2019

OPINIóN | 08-11-2019 17:08

Caída del Muro de Berlín: una oportunidad para la paz

por Uwe Mohr* - La escena parecía irreal, propia de un cuento: personas abrazándose junto al Muro y los autos Trabant atravesando la Puerta de Brandeburgo. Todo había empezado lenta y sigilosamente...

El día de la caída del Muro yo estaba, casualmente, en Buenos Aires. Apenas hablaba castellano y creí haber entendido mal cuando un taxista me dijo que había caído el Muro de Berlín. Era imposible, impensable: el muro entre el este y el oeste de Berlín parecía inquebrantable. 

Como la mayoría de los jóvenes en Alemania, solo conocía el mundo al otro lado del Muro por las películas de espionaje de la Guerra Fría y por la excursión escolar obligatoria que hacíamos a Berlín occidental y que incluía pasar una tarde en Berlín oriental. Yo había nacido en la ciudad alemana de Colonia, en el extremo oeste de la República Federal de Alemania, y mi horizonte estaba puesto en París, Ámsterdam y Londres. Berlín, Varsovia y Praga quedaban demasiado lejos. No conocía a nadie en la RDA y para los políticos de entonces el objetivo de la reunificación quedaba ceñido a los discursos grandilocuentes que acompañaban acontecimientos festivos.  

Pero, de pronto, todo era diferente. La escena parecía irreal, propia de un cuento: personas abrazándose junto al Muro y los autos Trabant atravesando la Puerta de Brandeburgo. Todo había empezado lenta y sigilosamente, con pequeños grupos de ciudadanos que se reunían en secreto en iglesias locales y asambleas ciudadanas, y que luego empezaron a salir a las calles, cada lunes en Leipzig y cada semana más y más, hasta que fueron cientos de miles de personas expresando la férrea voluntad de rearmar su país. Y, como un milagro, todo se desarrolló pacíficamente; la policía, los militares y los políticos fueron contagiados de una ola de entusiasmo imparable. Así fue como la Alemania dividida de pronto volvió a ser una y a crecer con Europa, ofreciendo sobre todo a los más jóvenes la posibilidad de descubrir nuevas culturas. Un proceso de transformación semejante requiere mucho tiempo, paciencia y que las personas estén dispuestas a enfrentar los cambios. Sobre todo para muchos alemanes del este se trató de un desafío doloroso; algunos se sintieron sobrepasados. Así es que la unidad no está sellada y subsisten muchos problemas sociales. Pero la oportunidad única de paz en Europa y de una reunificación de los dos estados alemanes es un regalo de la historia que debe ser abrazado. Especialmente en tiempos en los que muchos países vuelven a construir muros y cobran peso los nacionalismos y populismos, el caso del Muro de Berlín nos enseña que es posible superar trincheras y fronteras. 

 

*Director del Goethe-Institut Buenos Aires.
 

por Uwe Mohr

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