OPINIóN | 16-09-2020 15:16

Caminando despacito hacia un desdoblamiento formal cambiario

El economista académico Fernando Navajas, de FIEL, advierte que las nuevas medidas sobre el dólar serán solo un parche si no terminan el intervencionismo económico y el conflicto político.

Las medidas anunciadas ayer por el BCRA (en conjunción con la CNV y la AFIP) son, por un lado, ese “algo que iba a pasar” y que había adquirido estado deliberativo dentro y fuera del Gobierno. Tres son las medidas más significativas. Primero elevan el costo de acceder al atesoramiento a los particulares, subiendo la tasa efectiva del 30 al 65% (por un adicional a cuenta de Ganancias), restringiendo además el acceso a particulares en segmentos informales o sujetos de ayuda estatal. Segundo, elevan con la misma tasa el valor del dólar en gasto en el exterior con tarjetas y restringen el uso acumulado de divisas para estos gastos y atesoramiento. Por último, restringen el acceso al mercado oficial de los pagos de deudas corporativas para el 60% de los vencimientos en el próximo semestre, indicando una renegociación de los mismos o su pago por el acceso al segmento de contado con liquidación (CCL).

Existen dos modos de leer estos anuncios. El primero es interpretarlos como medidas que endurecen el cepo y que por lo tanto reflejan un debate al interior del Gobierno que se aleja de lo que venía insinuando el ministro Guzmán y el equipo económico, respecto a que el esquema cambiario argentino actual y el cepo en particular no son ingredientes normales del esquema macroeconómico que Economía cree que es el adecuado para la Argentina. De hecho, estas medidas son un endurecimiento, vía precio o impuesto pero también vía cantidades, del cepo cambiario a los particulares y a las empresas. 

Sin embargo, una segunda lectura de estos anuncios indica otra cosa distinta al reflejar que esto es más cepo que nos aleja del esquema que está pensando el Ministerio de Economía. Si uno mira los anuncios, todas son compatibles con un “señalamiento” hacia un desdoblamiento cambiario en donde se empieza a insinuar que el punto focal o valor de referencia para el segmento financiero va a estar en el entorno del CCL, es decir, los 130 pesos, que por arte de magia ahora surgen con la tasa al 65%. Esto es válido para individuos como para los servicios financieros de empresas. Es decir, que esto podrá lucir como un endurecimiento del cepo, pero es un paso hacia dónde podríamos estar yendo, que es un esquema dual. 

¿Cómo? ¿Cuándo? Bueno, esa es una cuestión a dilucidar. El salto a un esquema dual ha sido mencionado desde hace tiempo, en público y en privado, por varios economistas de nota para evaluar su deseabilidad o sus inconvenientes. Es obvio que hay varias razones para pensar que la economía hoy no está preparada para dar ese salto. La transición de la pandemia está en pleno desenvolvimiento en la Argentina, más allá que desde el punto de vista económico la apertura primero y el desarmado fiscal del gasto de emergencia en 2021 ya se dibujan, pero no como para alterar expectativas. En segundo lugar, el presupuesto 2021 marca un posible camino -nos parezca poco o no- hacia la consolidación de las cuentas fiscales. Es un presupuesto que muestra que Economía y sus profesionales han hecho el trabajo de empezar a concebir un marco macroeconómico sin tener que pasar -como en la era Macri y sus “ojos”- por un filtro de asesores corporativos, que estaban muy por debajo del alto calibre macro del equipo de Hacienda de entonces. El efecto de este esquema sobre las expectativas a mediano plazo se va a reforzar cuando avancen las negociaciones con el FMI, que sin duda también van a incluir la convergencia cambiaria en el tiempo. Pero este efecto, me temo, es hoy todavía insuficiente por varias razones que involucran no solo a los números del presupuesto sino a cómo esto se va a plasmar hacia áreas -energía es una de ellas- que no se ve que estén en sintonía con la línea que plantea Economía.

Mientras que estos cambios pueden ser vistos como un aguante transitorio y un señalamiento hacia un esquema desdoblado estable con un segmento financiero cercano al CCL, el problema del nivel y ajuste del tipo de cambio oficial -que es la referencia para el intercambio comercial y el nivel de precios- resulta todavía una incógnita. Ello es así porque no está claro que el tipo de cambio de 60 pesos de diciembre de 2019 sea una referencia de equilibrio segura. ¿Por qué no es tan fácil? Porque esto depende críticamente de las decisiones de salida o entrada de capitales de los argentinos, no del exterior solamente (que en esta coyuntura está muy limitado). Y lo que determina esta decisión de salida o entrada no es solamente la superación del default o la resolución de la pandemia. Depende de la expectativa de un sendero hacia un equilibrio fiscal monetario, pero también depende del nivel y evolución esperada del riesgo político-económico del país. Y en este último aspecto las cosas no vienen para nada bien, respecto a lo que se esperaba en diciembre pasado, porque las señales de intervencionismo económico y conflicto político alientan la fuga de capitales y un tipo de cambio de equilibrio muy alto. Si esto no cambia y se profundiza, no vamos a tener tranquilidad ni sostenibilidad. Y estas medidas van a terminar siendo más parche de aguante hacia un futuro inestable, que puente hacia un esquema estable y perdurable.    

 

*Integrante de la Academia Nacional de Ciencias Económicas (ANCE), profesor de la UBA y economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).

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por Fernando Navajas

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