OPINIóN | 16-11-2019 12:33

Esas motos que van a mil

Qué pasa cuando el Otro nos muestra su falta, su limitación. Escenas inesperadas que vencen al estrés.

El semáforo se puso en verde. Simultáneamente, el motociclista levantó
el brazo, lo más alto que pudo, con desesperación.

Su actitud causó una alerta tan grande en quienes estábamos en las
filas detrás de él, ansiosos y apremiados por apretar el acelerador en cuanto el
semáforo, eterno para algunos y demasiado efímero para otros, dé la
señal de largada, que la mitad de la Avenida se quedó inmóvil,
mientras que la otra comenzó circular.

La Avenida en cuestión, es una de las más anchas y transitadas de
Buenos Aires, una de esas en donde la espera y la detención, no tienen
lugar más que para semáforos y embotellamientos. Pero para una espera
así, no.

Esta era una espera distinta, una espera decidida que ameritaba poner el
cuerpo, y donde literalmente un brazo en alto desesperado, pudo más
que miles y miles de valizas titilantes.

El motivo era muy sensible, extremadamente tierno. Ese señor blindado
en apariencia, que vestía una campera negra de cuero duro, botas y casco, le
estaba dando paso a una señora muy viejita, que apenas podía caminar y
que, acompañada por otra mujer más joven que también había
elegido poner el cuerpo, se apuraba lo máximo posible para terminar
de cruzar la Avenida sin dejar de mostrar una sonrisa agradecida.

Lo más movilizante de esta situación fue que nadie mostró
impaciencia
, o al menos no lo manifestaron, ya que no
se escucharon bocinas nerviosas e intolerantes, porque estos
conductores, no eran conductores varados, sino personas
decididas a respetar y proteger a alguien que probablemente esté
terminando de cruzar una de las últimas avenidas de la vida.

La impaciencia y la intolerancia intentan subirse de acompañantes a
nuestras vidas permanentemente. Ahora yo tengo una hipótesis: cuando
el Otro nos muestra su falta, su limitación, la cosa cambia
, nuestra
irascibilidad se apacigua, y tan solo un gesto de reconocimiento nos
ayuda a salir de una escena de tensión. Esto claramente se aplica al
revés, es decir cuando nosotros reconocemos un error, no se cae el
mundo como muchos creen, y por el contrario, se puede reconstruir algo
diferente.

Retomando la situación de la Señora cruzando la Avenida,
¿por qué el respeto sin objeciones? Porque la Señora, con la sabiduría
de los años y las limitaciones de su cuerpo, deja bien sentado que no
puede caminar más rápidamente mientras que nos regala una sonrisa de
agradecimiento. Entonces si, hasta creo que seríamos capaces de
bajarnos de nuestro vehiculo para ayudarla a terminar de hacer el
recorrido.

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Paula Martino

Paula Martino

Psicoanalista.

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