Viernes 25 de septiembre, 2020

OPINIóN | 23-06-2020 12:05

Estados Unidos: en busca de la vacuna contra el racismo

Un sector de los manifestantes exige que se rebauticen las calles cuyos nombres están asociados a referentes esclavistas.

"Tú puedes escribirme en la historia con tus amargas, torcidas mentiras, puedes arrojarme al fango y aún así, como el polvo… yo me levanto."  Maya Angelou

El racismo y la discriminación son un problema social enraizado en los pueblos. El racismo persiste como un fenómeno excluyente. Claro que no es un acontecimiento nuevo, todo lo contrario, se remonta a la historia de cada sociedad cuando los grupos dominantes, aquellos que narraron los acontecimientos, clasificaron ciertas características biológicas o culturales como negativas, y divulgaron un sentimiento de superioridad sobre las etnias, sentimiento que se enquistó en la sociedad como lo correcto, lo bueno y lo deseable.  Y los discursos que prevalecen en muchas de esas sociedades fortalecen un nacionalismo basado en el color de la piel: blanco, por supuesto. En estos tiempos que corren, algunos líderes políticos se aferran a ese discurso para ganar elecciones o mantener el poder que ya ejercen. El desafío impostergable de hoy es desterrar definitivamente ese discurso propio de siglos pasados, en el cual prevalece una connotación de rechazo y estigma hacia las minorías: afrodescendientes, latinos e hispanos, indígenas, inmigrantes.

Vivimos en un contexto social que reproduce la injusticia y la discriminación a través de los discursos políticos y el de algunos medios de comunicación que formulan y transmiten diversas expresiones de exclusión y violencia hacia estos grupos.

La muerte del afroamericano George Floyd fue el golpe que despabiló al pueblo adormecido y le reveló el horror de los principios culturales dominantes. Las imágenes muestran que el racismo continúa vigente en nuestros días, enalteciendo el punto de vista blanco-céntrico.

La observación y auto-análisis los ha llevado a percibir cómo se manifiesta en forma cotidiana en las diversas esferas de la vida social: brecha salarial, cargos jerárquicos, puestos de trabajo diferenciados…y nombres de calles.

¿Qué hacer con el nombre de las calles que recuerdan el nombre de los opresores? ¿A quién le gustaría domiciliarse en la calle que lleva el nombre de su perseguidor, y escribirlo en su documento? La respuesta es rotunda: ¡a nadie! Es tiempo de pedir perdón por haber sido cómplices de la cultura racista durante demasiado tiempo. Como sabemos, “los nadie” -parafraseando a Eduardo Galeano- tienen que gritar y luchar unidos porque si no, no son escuchados. Ahora el grito se escucha, y es potente. Si bien la discusión sobre desplazar los símbolos esclavistas no es nueva en Estados Unidos, la polémica volvió fortalecida a raíz del auge de las protestas anti-racistas tras el asesinato de George Floyd.

El cambio de nombre de ciertas calles en el corazón de DC genera discusiones en las redes y los recintos, tal como sucedió en 2017 en Hollywood, en el Condado Broward de Florida, cuando la comisión de la ciudad votó a favor de rebautizar las calles que honraban a militares confederados y que paradójicamente estaban localizadas en vecindarios de la comunidad negra; me refiero a  John Bell Hood, Robert E. Lee y Bedford Forrest -militar sureño de la Guerra Civil estadounidense, que además fue un importante líder en la creación del Ku Klux Klan (KKK).

La discusión levanta polvareda y los manifestantes exigen rebautizar las bases militares que llevan los nombres de generales del Sur esclavista durante la Guerra de Secesión. Al respecto el presidente Donald Trump, a través de la red social Twitter, sentenció “Estados Unidos entrenó y desplegó a nuestros héroes en estos terrenos sagrados, y ganamos dos guerras mundiales; por lo tanto, mi gobierno ni siquiera considerará el cambio de nombre de estas instalaciones militares magníficas y legendarias”. El debate ya está sobre la mesa: quitar de los espacios públicos la simbología confederada vista por muchos como símbolo de racismo.

En Estados Unidos muchas  de las ciudades poseen calles con nombres de generales confederados de la Guerra de Secesión, ligada con la esclavitud, racismo y supremacía blanca. La alcaldesa del distrito de Columbia, Muriel Bowser, rebautizó con el lema "Black Lives Matter" la calle 16 que conduce a la Casa Blanca, y fue aún más lejos cuando ordenó pintar en la calle -a lo largo de 2 cuadras- con enormes letras amarillas, la leyenda "Black Lives Matter" (la vida de los negros importa) y nombrar un sector de esa zona como "Black Lives Matter Plaza”.

Algunos aplauden esta actitud y la perciben como una forma de tomar una postura institucional con los reclamos; sin embargo, el movimiento “Black Lives Matter” no está del todo de acuerdo porque considera que se trata nada más que de circo para blancos liberales. Los afrodescendientes, los negros, ya no están tristes, eso es lo revolucionario, como dijo Malcolm X “Por lo general, cuando las personas están tristes, no hacen nada. Solo lloran por su condición. Pero cuando se enojan, provocan un cambio” y hacia allá vamos.

(*) Master en Comunicación Política y Gobernanza Estratégica, George Washington University, miembro de la Red de Politólogas -mujeres dedicadas a la Ciencia Política latinoamericanista- Síguela en Twitter @lmarcelinaromero Instagram: Marcelina Romero

 

por Marcelina Romero

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