domingo, diciembre 8, 2019

OPINIóN | 26-11-2019 14:47

La nueva política y el caos

Las movilizaciones de Chile, Ecuador y Bolivia se originan en cualquier cosa que pierde entidad mientras se desarrolla.

Existe en el mundo una nueva política que necesitamos comprender. La gente se vincula directamente a través de la Red, rechaza a los partidos, los sindicatos, la prensa y a las instituciones del establecimiento. Vive en medio de noticias mentirosas efímeras y sentimentales. La crisis de representación licúa a todas las instituciones. Las movilizaciones de Chile, Ecuador y Bolivia se originan en cualquier cosa que pierde entidad mientras se desarrolla, para convertirse en un caos sin objetivos definidos, líderes, ni la representación de partidos, sindicatos u  organizaciones de algún tipo. Solo la anomia identifica a todos sus miembros.

No los maneja Venezuela, Cuba o el imperialismo como pudo ocurrir durante la Guerra Fría. Los límites entre estas movilizaciones inorgánicas y el delito son borrosos: culminan en saqueos, violaciones, atropellos a los derechos humanos, ataques a la prensa, realizados por grupos radicalizados que desfilan con los demás y  cuentan con su complicidad.

En Ecuador muchos grupos se parapetaron detrás de los indígenas: delincuentes, grupos antisistema de todo orden, personas que se dedicaron a saquear por unos días. Algunos militares promovieron un golpe como es usual en estos tiempos: le dijeron al Presidente que renuncie porque no dispararían en contra del pueblo. Moreno trasladó la sede del gobierno a Guayaquil. Ya hace veinte años los militares llevaron a Quito a miles e indígenas y depusieron al gobierno con el mismo mecanismo.

En Bolivia la policía, con respaldo del Ejército, depuso a Morales y una señora se proclamó Presidente ante un grupos de diputados y senadores que no hacían quórum en ningún lado. La Constitución no concede a los uniformados la potestad de declarar la constitucionalidad de los  actos del Presidente.

Hay pocos estudios acerca de las rebeliones en la sociedad posmoderna, pero necesitamos élites que actúen pensando con serenidad y respeto a las instituciones. El fanatismo y el mal uso de la Red lleva a la anarquía.

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Jaime Duran Barba

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