Martes 29 de septiembre, 2020

OPINIóN | 04-09-2020 17:03

Por qué a Alberto Fernández le cuesta imponer su propia agenda

Las razones por las que a cada anuncio auspicioso le sigue un escándalo. Peligros de la conducción bicéfala.

El Presidente últimamente no festeja ni cuando mete un gol. A cada anuncio auspicioso que lanza (no fueron demasiados, pero los hubo) enseguida le sigue alguna noticia que corre el eje de la discusión y lo deja con las manos vacías. Ocurrió en estos días, sin ir más lejos.

El lunes, Alberto Fernández organizó un gran acto en la Casa Rosada junto a Cristina Kirchner y Martín Guzmán, su ministro de Economía, para ponerle el broche al acuerdo por la deuda que teóricamente le traerá alivio al país y le permitirá volver a crecer. Hasta se rumoreó en forma insistente que ese día además habría un paquete de resoluciones económicas, las ya famosas “60 medidas”, algo para lo que deberemos seguir esperando.

Parecía un buen arranque de semana, pero solo horas después, el martes, implosionó el Congreso por la bizarra discusión entre oficialistas y opositores por la continuidad de las sesiones en modo remoto. Gente en las calles, acusaciones cruzadas de golpismo, legisladores gritando su bronca y hasta un capocómico como Alfredo Casero saltando sin barbijo bajo la lluvia e insultando al Presidente. De un plumazo, el escándalo borró la buena noticia del día anterior.

Veamos otro caso. Hace pocas semanas, el Gobierno consiguió hilvanar dos logros seguidos, la primera confirmación del acuerdo con los bonistas y, a continuación, el anuncio de que se producirá una vacuna contra el Covid en Argentina que estaría lista para los primeros meses de 2021. Pero el efecto balsámico de esas noticias también duró un suspiro porque enseguida dio un paso adelante CFK y apuró el lanzamiento de la controvertida reforma judicial. Otra vez sopa: banderazos, cacerolas y bocinas, y un nuevo resbalón de Alberto en las encuestas de imagen. ¿Cómo evitar que, una y otra vez, la grieta y sus protagonistas opaquen lo poco que el jefe de Estado tiene para ofrecerles a los votantes?

Allá por marzo, cuando se puso al frente de la cuarentena con un discurso paternalista y conciliador y una serie de medidas estrictas que por esa época aún merecían aplausos, su popularidad trepó por encima de los 60 puntos (hasta 80, según los sondeos más exagerados). Pero, otra vez, la agenda se le fue de las manos con el intento de expropiación de Vicentin, que produjo las primeras movilizaciones callejeras contra el Gobierno. De nada sirvió que él aclarara que la idea había sido suya y no de su vicepresidenta, como hizo también con la reforma de la Justicia. La clase media anti K huele que detrás de ambas movidas está la jefa, y no hay con qué convencerlos de lo contrario.

En fin, se trata de una gestión que no parece malintencionada, pero que termina tropezando con las piedras que sus socios cristinistas y los halcones de la oposición dejan en su camino. Hay dos agendas en pugna porque también la conducción de esta Argentina en crisis es bicéfala. Y ese es un defecto de origen, generado por la propia Cristina.

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Franco Lindner

Franco Lindner

Editor de Política, columnista de Radio Perfil y autor de "Fernández & Fernández" (Planeta).

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