Martes 29 de septiembre, 2020

OPINIóN | 06-09-2020 00:10

Ante las reacciones de odio, ni un paso atrás

La periodista y militante popular Laura Bitto llama a la unidad oficialista frente a las crecientes críticas.

Nunca más dictaduras. Nunca más crímenes de lesa humanidad. Nunca más tortura. Nunca más desaparecidos. Nunca más dependencia. Nunca más sometimiento a los acreedores externos. Nunca más Fondo Monetario Internacional. Nunca más fuga de capitales. Nunca más femicidios. Nunca más mujeres muertas por abortos clandestinos. Nunca más veneno en nuestra tierra. Nunca más gatillo fácil. Nunca más casas sin gente y gente sin casas. Nunca más sometimiento ante las corporaciones. Nunca más barrios sin luz, sin agua, sin cloacas. Nunca más xenofobia. Nunca más racismo. Nunca más desocupación. Nunca más hambre. Nunca más Estados bobos al servicio de unos pocos. Nunca más un puñado de ricos dominándolo todo. Nunca más.

No hay dichos casuales en política, ni personajes distraídos o desvariados, todos son causales y traslucen los intereses de quien los propaga. Pero cuáles son las medidas del Gobierno que enfurecen a las derechas en nuestro país. Por qué baten sus cacerolas, convocan a movilizaciones, construyen discursos de odio y hasta se animan a amenazar con la vuelta a un régimen autoritario, con todo lo que significaron los golpes de Estado en nuestra historia.

Se enfurecieron ante el proyecto de reforma judicial. Tiemblan por el impuesto a las riquezas. Se resistieron a la renegociación de la deuda. Frenaron la expropiación de Vicentin. No soportaron el decreto que declaró servicios públicos a la telefonía, Internet y televisión paga. Seguramente les cayó mal la derogación del protocolo que el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, intentó implementar para la apertura de escuelas en la Ciudad. En definitiva, les molesta toda acción de gobierno que apunte a garantizar derechos para las grandes mayorías e impulse la intervención de un Estado activo y presente. Es decir, repudian todo lo que amenace sus intereses corporativos.

La crisis desatada por la propagación del coronavirus en el mundo nos enfrentó a nuevos desafíos sanitarios, económicos, políticos, sociales y de planificación. Al mismo tiempo profundizó las tensiones entre modelos e inauguró una nueva fase de polaridad entre bloques de poder. En nuestro país logramos construir la unidad necesaria para el triunfo de un gobierno popular luego de cuatro años de ajuste neoliberal. Esa unidad debe sostenerse para continuar tejiendo la trama de la esperanza.

En este contexto soltar los fantasmas de un nuevo ciclo de golpes de Estado en América Latina es una posición política que atenta contra las aspiraciones de un pueblo solidario que hace malabares para sostener la vida en comunidad. Del mismo modo operan los intentos de imponer medidas represivas ante el crecimiento de las tomas de tierras en la provincia de Buenos Aires. Las verborrágicas respuestas de Sergio Berni y otros funcionarios que retoman “la mano dura” como bandera, afortunadamente chocan contra fuertes voces de resistencia que promueven la aplicación urgente de políticas públicas que resuelven los problemas de fondo, en este caso, un plan de construcción de viviendas y de lotes con servicios que solucionen las necesidades del pueblo.  El terror nunca es la salida.

Recordemos que la última dictadura militar en la Argentina tuvo como objetivo reorganizar la matriz productiva y para eso intentó desarticular y disciplinar, a través del terrorismo de Estado, a esa enorme militancia popular y revolucionaria que existía en nuestro país a través de un plan sistemático de represión y terror.

Reducción de las funciones del Estado. Apertura de la economía. Desestructuración de la industria nacional. Preeminencia del capital financiero. Crecimiento descomunal de la deuda externa, al finalizar la dictadura era de 43.000 millones de dólares. En definitiva, asegurar la posición de los sectores económicos centralizados vinculados con el sistema financiero internacional. “Achicar el Estado es agrandar la nación”, rezaba el lema de Martínez de Hoz. 

Ya conocemos la receta. Ya construimos la resistencia. Ya conquistamos las calles. Ya ganamos elecciones. Ya sabemos qué queremos. La esperanza late en la unidad de las organizaciones sociales, el movimiento sindical y la política descolonizada junto a un pueblo que sabe cómo reconstruirse espalda con espalda y vienen cimentando ese poder popular comunitario desde abajo.  La contradicción es democracia versus corporaciones. La respuesta, ni un paso atrás.

 

*Periodista y militante popular.

 

 

 

 

  

 

 

 

 

  

 

por Laura Bitto*

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