Lunes 26 de julio, 2021

OPINIóN | 30-08-2020 10:16

El show de la oscuridad de Donald Trump

La Convención Republicana convalidó la adhesión conservadora a la “egocracia” del actual mandatario.

La “egocracia” delirante que impera en la Casa Blanca tuvo su show en Carolina del Norte. Como era de esperar, el histrionismo kitsch de Donald Trump disparó estigmatizaciones, burlas y el argumento que lleva tiempo repitiendo: que Joe Biden está viejo y un poco lelo; que es socialista, que impondrá el comunismo y que entregará el país a China después de destruir la propiedad privada mediante el vandalismo anarquista.

La Convención Republicana exhibió lo que se parece a la transformación del partido de los conservadores en una empresa cuyo dueño maneja como se le antoja y usa como escenario del ego descomunal sobre el que reposa el poder. A tal punto es así que el Comité Nacional Republicano renunció a elaborar una plataforma partidaria, a la que se supone debe adherir su candidato. La Plataforma partidaria tiene nombre y apellido: Donald John Trump. En él comienza y termina el proyecto de gobierno. Todo se resume en el hombre al que su sobrina con doctorado en psicología acusa de ser el gobernante “más peligroso del mundo”, y al que su propia hermana califica de “cruel, mentiroso y sin principios”.

Lo mismo piensan muchas figuras del Partido Republicano y una porción de la sociedad cuya dimensión revelarán las urnas en noviembre, pero parece lo suficientemente grande como para que las encuestas den chances a un candidato desabrido y pálido como Biden.

La Convención Republicana fue escenario de discursos radicales, mientras las usinas alternativas del ultra-conservadurismo alentaban teorías conspirativas como la planteada por Qanon, movimiento elogiado por el presidente, según la cual quienes quieren sacarlo del poder integran una secta satánica de pederastas que trafica niños.

La “egocracia” imperante le deja a los demócratas muchas pelotas picando en la puerta del arco, pero ellos no aciertan. Biden patea con poca puntería y escasa potencia. No obstante, en la Convención Demócrata usó una imagen esclarecedora al describir este tramo de la historia de su país como “un capítulo oscuro”.

Lo más cuestionable de la Convención Demócrata fue dedicar demasiado espacio a los capítulos trágicos de la vida del ex vicepresidente de Barak Obama: el accidente en el que murieron su primera esposa y una hijita bebé, y la muerte de su hijo mayor por un tumor cerebral en el 2015.

Lo más destacable fue la imagen con la que Biden sintetizó los cuatro años de Trump en el poder: la oscuridad. Y lo más demoledor para la aspiración reeleccionista del magnate neoyorkino, fue la participación de notables figuras del Partido Republicano.

En la historia de Estados Unidos hubo quienes se pasaron de un partido a otro. Como Ronald Reagan, militante del Partido Demócrata que se cruzó a la trinchera republicana atraído por el anticomunismo visceral del senador McCarthy, y Janne Kirkpatrick, quien se inició en el Partido Socialista de América pasando luego a las filas demócratas para, finalmente, convertirse en estrella diplomática del conservadurismo.

Lo que no registra la historia son casos de figuras notables de un partido participando en la convención y apoyando al candidato del otro partido.

Eso hicieron Colin Powell, Cindy McCain y otras figuras del Partido Republicano, como el ex gobernador de Ohio John Kashich.

No es la primera vez que el general que comandó la “Tormenta del Desierto” para liberar a Kuwait de la invasión iraquí, apoya a un candidato demócrata. La primera vez fue cuando pidió votar a Hillary Clinton para impedir que un personaje como Trump se convierta en presidente.

Cuatro años después, sintiéndose avalado por lo ocurrido, Powell va a la Convención Demócrata a pedir que lo saquen de la Casa Blanca.

También fue demoledor que haya participado y elogiado a Biden la viuda de John McCain, el respetado senador por Arizona que, en su lecho de muerte, pidió que no dejaran entrar a Trump a sus funerales.

Aunque no estuvieron en la convención realizada en Wisconsin, resulta claro que están igualmente espantados con Trump otros notables republicanos como el actor que gobernó California, Arnold Schwarzenegger, todos los miembros del clan Bush y Mitt Romney, el único senador republicano que votó por la destitución del presidente en el juicio político, entre otros.

En la Convención conservadora no hubo reflexiones ni consideraciones sobre tan notorias disidencias. Tampoco hubo referencias a las recientes conclusiones de la investigación que hizo el Senado sobre la injerencia rusa en los comicios del 2016, confirmando que existió; que la ordenó el propio Vladimir Putin y que tenía como objetivo convertir el triunfo de Trump.

El informe sobre la investigación ordenada por la cámara alta, señala que el jefe de la campaña Paul Manafort y otros allegados al beneficiado por la injerencia rusa, trataron personalmente con Konstantin Kilimnik, el agente que designó el Kremlin para comandar la operación.

Que a esa investigación que probó el deseo de Putin de que Trump gobierne Estados Unidos, así como la acción que emprendió para lograrlo, la hayan aprobado Mitch McConnell y los demás senadores republicanos, debiera herir el intento de reelección. En definitiva, confirma uno de los peligros que más obsesionó a Alexander Hamilton y sobre el que tanto escribió aquel “padre de la Constitución”: que llegue a la presidencia un agente de una potencia extranjera.

También debiera perjudicar al candidato republicano haber reclamado la suspensión de las elecciones, clara advertencia de que si pierde desconocerá el resultado alegando que hubo fraude, y el arresto de Steve Bannon, ideólogo de la campaña electoral del 2016 que impulsó la idea de levantar un muro en la frontera con México, precisamente por robar millones de una recolección de fondos aportados para construirlo.

El candidato demócrata es un típico exponente de la clase política que ha restado dinamismo a la democracia norteamericana y ha generado el hartazgo que abrió la puerta al populismo anti-sistema. Pero Trump no implicó la superación de esa decadencia, sino un cortocircuito perturbador que irradia racismo, odio político y la profundización de la fractura que enfrenta entre sí a los norteamericanos.

La suma de esas sombras es lo que Biden describe como la “oscuridad”.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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