OPINIóN | 19-02-2021 16:39

Todos son Menem

Cómo el ex presidente inoculó su ADN en el actual gobierno, pero también en la oposición.

La muerte de Carlos Menem logró por unos instantes lo que parecía imposible: cerrar la grieta y unificar a la clase política en la despedida de quien fue el padre e iniciador de muchos de los dirigentes que hoy encabezan no solo el Gobierno, sino también la oposición. Por crudo que suene, todos son (o, si se quiere, fueron) Menem.

Allí está Alberto Fernández, que en los años 90 encabezó la Superintendencia de Seguros de la Nación que dependía del superministro de Economía de entonces, Domingo Cavallo, y que atravesó aquella gestión con algunos sobresaltos y denuncias, como un pedido de informes del Congreso sobre si había o no favores económicos para los funcionarios del organismo de parte de los empresarios del sector que dependían de sus decisiones (léase coimas).

Allí está también Cristina Kirchner, una ferviente menemista junto a su marido gobernador, el mismo que llegó a tratar al caudillo riojano como “el mejor presidente de la Historia”. Recién cuando el matrimonio K tuvo independencia económica gracias al cobro de parte del Estado de millones de pesos por regalías petroleras mal liquidadas (la plata que se convertiría en los llamados fondos de Santa Cruz), esa obsecuencia de los primeros tiempos se convirtió en desafío al poder. El clímax de ese proceso fue el conflicto de CFK con los senadores menemistas que la terminaron echando del bloque. “Yo no soy la recluta Fernández”, le espetó en público al jefe del bloque, Augusto Alasino.

Otro antiguo menemista que integra el actual poder es Sergio Massa, quien pasó de la UCD de Álvaro Alsogaray a las filas de Luis Barrionuevo, el sindicalista que se hizo célebre por sugerir que había que “dejar de robar por dos años” para que la Argentina de esos tiempos se pusiese de pie. Además, Massa es el yerno de Fernando “El Pato” Galmarini, el primer secretario de Deportes de Menem y uno de sus grandes amigos de la época.

¿Y la oposición? Horacio Rodríguez Larreta, el  candidato más firme de ese espacio para disputarle el poder a Alberto y Cristina en el 2023, se inició políticamente como interventor del PAMI en aquellos años de pizza con champán, y tuvo como colaboradores a dos eminencias del gobierno cambiemita que terminó a los tumbos: Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, a quienes el ex presidente Mauricio Macri llegó a calificar como sus “ojos y oídos”.

Y hablando de Macri, también él fue apadrinado por Menem en sus primeros pasos en la política, en versión deportiva, como titular del Boca multicampéon que fue su trampolín para el Congreso y luego la jefatura del Gobierno porteño. Macri idolatraba al riojano. Se definía como “hipermenemista” y decía sobre el ex presidente: “Nos devolvió al mundo”.

Entre las figuras que provenían de otros rubros, Menem también captó a un cantautor como Ramón “Palito” Ortega, un corredor de Fórmula 1 como Carlos “Lole” Reutemann o un motonauta como Daniel Scioli. Nadie se le resistía y todos eran transformados velozmente en candidatos rendidores.

Hay pocos que se salvan del virus de Anillaco entre las grandes figuras de la política actual. Una es “Lilita” Carrió porque siempre se opuso a todo, incluso a las fuerzas que integra. Y otra asintomática podría ser María Eugenia Vidal, por esas épocas aún virgen en términos políticos.

Menem los inició y contagió a casi todos. Fue el coronavirus de su tiempo.

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Franco Lindner

Franco Lindner

Editor de Política, columnista de Radio Perfil y autor de "Fernández & Fernández" (Planeta).

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