OPINIóN | 13-02-2021 14:01

Maldita policía: temporada 36

El crimen de Úrsula Buhillo en manos de un policía fuera de control y la reacción desmedida de sus colegas locales dejan en claro: La Bonaerense fue y es, en esencia, una corporación en sí misma.

A Sergio Berni le gusta una frase del General Perón, entre tantas: “A la gallina hay que desplumarla sin que cacaree”. Equivale a “no levantar la perdiz”. O a hacerse el ganso, como el tero, con los gritos por un lado y los huevos allá lejos. Ser el jefe político de la Policía Bonaerense implica vivir enjaulado en una virtualidad que tiene mucho de todo eso. De fingir, digo. El ministro se Seguridad -no Berni, cualquiera que le toque de cualquier partido- hace como que conduce con vuelo propio. La fuerza simula que obedece. Y si la cosa se pone fea, ¡zas! A desplumar, con la mayor prudencia posible y siempre -pero siempre- temiendo que los cuervos malcriados les coman los ojos.

Purga: medicina que sirve para evacuar el vientre. Purga es la palabra más repetida, gestión tras gestión en estos 36 años de democracia, para definir el vínculo real entre la dirigencia civil y los cuadros de La Bonaerense. Vaya literalidad castiza en tan ásperos pagos, por donde no suelen verse reales académicos. Lógico: ¿de qué otro modo que purgando se podría proceder ante un cuerpo de miles de personas armadas que no acepta liderazgos políticos, sino, a lo sumo, pactos inter pares?

La última tregua con los llamados “patas negras” se dio en septiembre del año pasado, cuando una protesta policial terminó fijando cabecera nada menos que en la puerta de la quinta presidencial. Hubo zozobra. Y al final hubo garantías y concesiones que, por lo general, rara vez surgen de la fortaleza o al menos algún nivel considerable de autoestima.

A Sergio Berni le llevó cinco meses lanzarse en picada contra su presa. Fue en vísperas de la nueva protesta policial convocada para el jueves 11 que dijo:

-“Es un intento más de desafiar nuestra Constitución y los reglamentos policiales. Son un grupo minúsculo de personas que, basándose en el anonimato de las redes sociales, intentan empujar a los incrédulos a desafiar y violar permanentemente las leyes".
-“Intentan generar rebeldía, pero no les dicen la verdad. No les dicen que están disputando una enorme caja, una caja millonaria que intentan hacerse por la sindicalización policial”.
-“A esos hombres y mujeres que tanto reclaman, no los escuché alzar la voz en los cuatro años que les prometieron aumentos faraónicos y al final les ataron los sueldos a los de los docentes. Cuando asumimos, tenían un 30% de pérdida de poder adquisitivo. Será que su silencio tenía precio.

Días antes, con sobreactuada tolerancia, el gobernador Axel Kicillof y el propio Berni habían dejado pasar sin hacer olas la evidente provocación de un grupete de uniformados, cuando se le cuadraron a Patricia Bullrich en Villa Gesell. La mujer fuerte de Mauricio Macri andaba de ronda por la costa presentando su libro “Guerra sin cuartel”, con el cual viene lanzando su eventual campaña para un alto cargo a definir. Más que un gesto de subordinación a las autoridades democráticas por parte de esos oficiales de cuerpos especiales, la escena patentizó el clima beligerante instalado en la élite policial. Pudo parecer una definición ideológica y partidista en el marco de la “grieta”, pero, por más que algo de eso hubiese, a la larga está lejos de significar un hecho de coyuntura. La Bonaerense fue y es, en esencia, una corporación en sí misma.

Con tal carácter la redefinieron los generales Carlos Suárez Mason y Ramón Camps durante la última dictadura: una extensión territorial-urbana del Ejército, para regular el delito, autofinanciarse y condicionar a la política. Pasaron los años. Cambiaron muchas cosas. Eso sí: al igual que con los organismos de inteligencia, la democracia se debe una reforma de fondo que, en la base, despegue para siempre al policía del concepto militar y lo incorpore a la cultura ciudadana como “civil armado”, con los derechos y sobre todo las obligaciones que dicho concepto implica.

Hasta esta última semana, Berni parecía más teniente coronel que nunca y más interesado en hacer buenas migas con la fuerza mostrándose como una mezcla de Rambo y la misma Bullrich -en mucho le sirvió para eso la pelea constante con Sabina Frederic-, que en exhibir notables mejoras de gestión. Seamos equilibrados en la crítica: 2020 fue un año de vacas flaquísimas y delincuencia en alza, sobre todo en el explosivo GBA, como para andar gastando pólvora en chimangos.

Algo había que hacer ante una nueva protesta, la inseguridad a full y, encima, una nena de 18 años asesinada por un policía fuera de control en Rojas y sus colegas locales defendiendo la comisaría a balazo de goma limpio. Ningún político con aspiraciones se banca empezar así un año electoral.

Maldita policía va por su temporada 36.

Mata. Y sigue.

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Edi Zunino

Edi Zunino

Director de Contenidos Digitales y Audiovisuales del Grupo Perfil.

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