Martes 7 de abril, 2020

POLíTICA | 24-03-2020 13:01

24 de marzo: cómo se gestó el golpe de Rafael Videla

Cómo fueron las últimas horas del gobierno de Isabel Perón. Las traiciones del final.

Este 24 de marzo el pueblo argentino se ve obligado a recordar el golpe de Estado que comandó Rafael Videla de una manera distinta. Lo hará desde sus casas, sin marcha, sin movilización, pero con memoria, verdad y justicia. 

El golpe militar más sangriento el golpe militar más sangriento de la historia argentina comenzó a gestarse diez meses antes de la fecha que hoy se conmemora. El 14 de mayo de 1975, Isabel designó como Comandante en Jefe del Ejército al general Alberto Numa Laplane, un general cercano al peronismo. Laplane tenía el cargo, pero no el poder real: dentro de la estructura militar solo le respondían los generales filo peronistas como Samuel Cáceres, Guillermo Ezcurra, Francisco Rosas y el general José Goyret.  

La primera orden que recibió el nuevo jefe militar fue que dejara relegados a Videla y Roberto Viola, que tenían mando de tropas en la estructura militar y eran antiperonistas. Videla, para evitar que su carrera llegara a su fin, buscó el apoyo de los generales Enrique Laidlaw y Leopoldo Galtieri, entre otros, con el fin de que Laplane no los echara del Ejército. Con esta jugada exitosa de los militares antiperonistas, la autoridad del nuevo jefe militar quedó muy golpeada.

Por otro lado, a principios de julio de ese mismo año, la CGT declaró por primera vez en la historia una huelga general a un gobierno peronista. Los trabajadores reclamaban paritarias libres y rechazaban el brutal ajuste económico que quería imponer el nuevo ministro de Economía, Celestino Rodrigo. El hombre era cercano a José López Rega, de quien también pedían su salida. Como consecuencia de la presión popular sindical y del propio partido peronista, los dos funcionarios cayeron y se marcharon del país.

La interna peronista era irreconciliable, y el partido quedó dividido en tres sectores: los verticalistas, que sostenían a Isabel; los anti verticalistas, que pretendían que la Presidente renuncie y que Ítalo Luder, presidente del Senado, asumiera en su lugar; y por último, la izquierda peronista que, junto a Montoneros, pedían la renuncia de Isabel y la convocatoria a nuevas elecciones.

Los militares más cercanos a Videla, encabezados por Suárez Mason, aprovecharon la división que existía dentro del partido gobernante y, también, el asesinato del coronel Larrabure en manos del ER. El 26 de agosto del 75 pidieron el desplazamiento del general Laplane. Para evitar que el Ejército quedara en manos golpistas, Isabel trató, sin éxito, de sostenerlo en su cargo, pero este se adelantó y presentó su renuncia indeclinable.

Después de consultar con su gabinete nacional y con el líder metalúrgico Lorenzo Miguel, Isabel le propuso el cargo de nuevo Comandante en Jefe del Ejército al general Samuel Cáceres, quien aceptó con la condición de reprimir a los golpistas. Sin embargo, Isabel se negó a esa condición para evitar el derramamiento de sangre y Cáceres rechazó la propuesta.

Este hecho marcó el fin del gobierno constitucional y la suerte terminó aquel día con el error de Isabel Perón, que se negó a reprimir a los sublevados. 

Videla asumió como jefe del Ejército el 29 de agosto y echó a los pocos militares peronistas que quedaban, encabezados por el general Guillermo Ezcurra. Una vez al frente del Ejército, en septiembre de 1975, Videla le planteó al jefe de la Marina, el almirante Emilio Massera, su idea de terminar con el gobierno peronista. Massera aceptó pero propuso hacerlo seis meses después con la intención de que el gobierno democrático continuara desgastándose. La otra pata de las Fuerzas Armadas, la Aeronáutica, se negaba a derrocar al gobierno. Massera y Videla hicieron lo suyo: organizaron un golpe dentro de esa rama, que lideraba el brigadier Héctor Fautario. El 18 de diciembre de 1975 fue derrocado y el brigadier Ramón Agosti se convirtió en el nuevo jefe de la fuerza.

Luego de ver con asombro que prácticamente nadie en el país respaldaba al gobierno democrático,  Videla, Massera y Agosti hicieron su primera aparición juntos el 24 de diciembre. Ahí le dieron 90 días al gobierno constitucional para que modificara el rumbo. 

Días después, en enero de 1976, la futura Junta militar definió los detalles del próximo gobierno de facto y designaron a José Alfredo Martínez de Hoz, presidente de Acindar, una empresa metalúrgica, como encargado de diseñar el plan económico que llevarían adelante una vez que tomaran el poder. 

En febrero del mismo año, Massera se reunió en Mar del Plata con el jefe de la CGT, Casildo Herrera, y con el líder de las 62 organizaciones, Lorenzo Miguel, y no les dio opción: si ellos no echaban a Isabel, lo harían los golpistas. Pese a las imposiciones de Massera, Miguel se negó. Se trataba de la mujer de Perón.

Ante este escenario, Isabel adelantó las elecciones para octubre de 1976. Al saber que el golpe era cuestión de días, un sector del peronismo se inclinó por la renuncia de Isabel Perón para que, en su lugar, asumiera Luder, y así dejar sin argumentos a los golpistas. Sin embargo, el presidente del Senado se enfrentó con la negativa de la Presidente, quien lo intimó a que se defina de qué lado estaba. Luder le aseguró que caería con ella.

La plana mayor del peronismo, encabezado por el gobernador chaqueño, Deolindo Bittel, el ministro de Trabajo, Miguel Unamuno, Luder y los sindicalistas Rogelio Papagno, Nelson Carrasco y Lorenzo Miguel, se reunió el 20 de marzo y acordaron caer como peronistas. “No como cobardes”, decían.

El desenlace tenía sus días contados. A través del ministro José Deheza, Isabel Perón ofreció a Videla, Massera y Agosti la mitad del gobierno para tratar de evitar lo que sucedería inevitablemente. Los comandantes militares plantearon su disgusto por el gobierno, por la situación del país, el desarrollo de la guerrilla y el vacío de poder. El ministro le informó a la Presidente que habían acordado una reunión para el día siguiente. Isabel, confiada en las palabras de Deheza, partió de la Casa Rosada en el helicóptero presidencial. Sin embargo, el piloto del helicóptero informó que debían bajar en aeroparque por un desperfecto. Al descender de la nave, Isabel Perón fue detenida por el general Villarreal y el almirante Santamaría, dando por terminado el gobierno constitucional. Empezaba el gobierno de facto.
 

por Facundo Giampaolo, historiador

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