Domingo 2 de octubre, 2022

POLíTICA | 25-12-2021 00:08

Enrique "Coti" Nosiglia, el regreso del monje negro

Desde hace cuarenta años opera desde las sombras. Mito y verdad en su rol en la ruptura de la UCR. Alianza táctica con Larreta y la reunión con Alberto Fernández.

En el cruce entre Callao y Corrientes sucede un fenómeno extraño, algo que sólo ocurre en esas calles y en ninguna otra parte del país: todos o casi todos conocen a Enrique Nosiglia.El Coti” va todas las mañanas al despacho que tiene ahí hace cuarenta años y recibe muy seguido los saludos del kiosquero de la esquina, del barrendero de la cuadra, y de los empleados del estacionamiento de al lado, que ya lo registran como un vecino más del barrio. Elegante por una genética que resiste al paso del tiempo, y que en el pasado supo enamorar a radicales y modelos por igual, el monje negro de la UCR llega siempre con camisas bien planchadas y pantalones color caqui al despacho que lleva el nombre del partido en el frente que da a la vía pública. Él también está afectado por el raro efecto que se da en esas avenidas históricas de la Ciudad: ahí no le molesta que lo reconozcan, y devuelve con cortesía cada gesto que recoge.

Pero esta realidad se limita sólo a esos metros de pavimento. En cualquier otra parte de la Argentina, Nosiglia le escapa a la exposición, e incluso detesta que lo reconozcan. Esta revista, que varias veces recibió intimidaciones judiciales suyas para que no se lo nombre en sus páginas -en épocas en las que no había un solo juez importante que no tuviera el teléfono del “Coti” en su listado de llamadas frecuentes- lo sabe bien: el hábitat natural del eterno operador radical son las sombras. Los que lo conocen, incluso, se animan a decir que el peor día de su vida política fue cuando Alfonsín lo nombró ministro del Interior, un cargo que por defecto obliga al perfil alto. Es que Nosiglia se mueve y construye desde donde no se lo ve, levantando un poder que está por cumplir medio siglo de antigüedad, y es por eso que estos días son más que complicados para él. Elisa Carrió, Gerardo Morales y la furiosa ruptura del bloque de la UCR que encabezaron los dos ahijados políticos del “Coti” lo obligaron a subir al ring. Es una pelea que lo obliga a dar la cara, y que sigue de cerca todo el círculo rojo, en especial los popes de Juntos por el Cambio que sueñan con la banda presidencial. No es la primera batalla de Nosiglia, aunque varios dicen que podría ser la última: quizás el país, y sobre todo la UCR, esté por ver la primera derrota pública del “Coti”. ¿Se dobla o se rompe?

Inoxidable. En la mitología radical hay una frase que se la adjudican a Alfonsín. “Al 'Coti' hay que dejarle dos teléfonos y te arregla todo”. La oración quizá sea uno de los más grandes legados del difunto presidente: no podría haber síntesis mejor de quién es y qué poder tuvo y tiene Nosiglia. Con dos teléfonos arregla todo. Y todo es todo.

La historia del operador nace en el interior del país. Es el hijo pródigo de un padre radical -viceministro de Salud de Illia y luego diputado- que levantó cierta fortuna en Misiones, provincia que “El Coti” cambió por Buenos Aires a los 12 años. En una secundaria repleta de hijos de militares, en medio de una Argentina militarizada, “el gurisito”, como le decía su familia, salvo su hermana -que siendo niña no podía pronunciar bien el nombre y le decía “e Coti”, de donde viene su apodo- abrazó las ideas del partido centenario. Ahí comenzó una carrera política que lo llevaría a ser creador de la mítica Coordinadora, subsecretario de Salud del gobierno de Alfonsín y luego ministro del Interior. Después de este rol nunca volvió a detentar un cargo, a pesar de cientos y miles de ofrecimientos. “No hace falta ocupar un puesto para tener poder”, es una frase que suele repetir, una máxima que quizá quede en la historia.

Pero el resumen es corto, injusto y no alcanza a sintetizar, como hizo Alfonsín o Wikipedia -“una de las personas más influyentes desde el retorno de la democracia”, dice el sitio-, la leyenda de Nosiglia. Porque “El Coti” fue todo eso, pero también mucho más, y fue mucho más justamente cuando no tuvo un rol formal. Después de ser el brazo político del gobierno de Alfonsín pasó a ser el interlocutor del partido -en unos años en los que la UCR monopolizaba a la oposición- ante Menem, poderío que ratificó cuando el radicalismo volvió al gobierno con De la Rúa mientras que él seguía manejando los hilos del espacio. Resistió toda la era K con esa autoridad, que hizo valer en el 2015 cuando fue uno de los protagonistas que inclinaron la balanza de la interna para que se firmara el pacto con el PRO, del cual nacería Cambiemos. En los primeros meses del 2020 Alberto Fernández lo invitó a la Quinta de Olivos y le dedicó varias horas de “diálogo político”, cuentan desde la Casa Rosada. “Todos los radicales se manejan con una agenda que es la del partido. 'El Coti' es un caso único: la agenda de él tiene una página que es la UCR, pero después tiene mil páginas más”, dice uno de los pocos hombres fuertes del gobierno de Alfonsín que sigue teniendo poder al día de hoy.

Es que Nosiglia es mucho más que la política formal, y lo es justamente por poder gambetear preguntas y exposiciones incómodas. Porque si algo distingue al “Coti” es su condición de hombre que puede proveer, que puede hacer favores, que le gusta ayudar, entendiendo la ayuda como un tráfico estudiado de influencias y favores que luego tiene que ser devuelto. A la fortuna familiar, que su padre terminó de cimentar con una clínica en Posadas y algunos campos, él la acrecentó con otras inversiones en empresas de salud. Y eso es sólo lo que se ve: otros, como Carrió, lo acusan de poseer en secreto decenas de empresas más, de comprar diarios, medios, periodistas, de ser el dueño de por lo menos un hotel junto al sindicalista Luis Barrionuevo, de -en criollo- ser un multimillonario que usó la política para amasar su fortuna.

Más allá de los mitos, todos en el espacio, e incluso en otros, saben que lo pueden llamar si tienen algún entuerto judicial, sindical, empresarial o de cuenta corriente, o si simplemente necesitan una presentación o un acercamiento ante alguien importante. “Es que él habla con todos”, cuentan cerca suyo.

Presente. De todo lo escrito, Nosiglia reconoce sólo los cargos formales y unas pocas cosas más. Él resto, se empeña en aclarar, son sólo leyendas, que lo tienen sin cuidado: jamás leyó, jura cuando se lo preguntan, “El Coti”, la biografía que escribieron los ex periodistas de NOTICIAS Darío Gallo y Gonzalo Álvarez Guerrero, que lleva en su tapa una imagen que sacó José Luis Cabezas. “Todas las fábulas que se dicen no resisten ni tres mates con él”, dicen cerca suyo, y minimizan el mito del operador todoterreno.

Pero esa fama volvió a aflorar en las últimas semanas. Carrió, en el cumpleños número 20 de su espacio, a fines de noviembre, disparó munición gruesa. “No me fui de un partido que tenía corruptos para venir a hablar con los hijos de esos corruptos, no se puede ser amigo del 'Coti' toda la vida”, dijo enfrente de Macri, Larreta y Bullrich, en referencia sin disimulo a Martín Losteau y Emiliano Yacobitti, delfines de Nosiglia. El 6 de diciembre, el día de la jura de los nuevos diputados, también volvió a resonar el mítico apellido. Fue en medio de un escándalo que tiene a la UCR en vilo desde entonces: esa mañana, doce diputados, encabezados por Lousteau y Yacobitti, se fueron del bloque radical para armar uno propio, enfrentados con Mario Negri, con la conducción histórica de la UCR y con una parte de los radicales del interior. Un rato antes de ese anuncio formal, en el Comité Nacional de la calle Alsina, el senador de rulos y Morales, gobernador de Jujuy, casi se trenzan a trompadas ante la incrédula mirada de los popes del partido, como Rodolfo Suárez, el gobernador de Mendoza que recibió las esquirlas de un vaso que rompió el jujeño en su intento de atacar a Lousteau.

Los que quedaron del bando de enfrente apuntaron a Nosiglia. Morales lo responsabilizó por ser el promotor de la ruptura, acusación que pega en el corazón de cualquier intriga que involucre al operador: nunca se sabe bien hasta dónde metió la uña. “Yo conozco al 'Coti' desde hace cincuenta años, y a Martín y 'Yaco' desde hace varias décadas. Al día de hoy no te puedo decir dónde empieza uno y donde terminan los otros, y eso le pasa a todos adentro del partido”, dice un histórico del radicalismo, confundido. Cerca de Nosiglia juegan al misterio, dicen que el espacio debía hacer una renovación y repiten todos los argumentos que usaron Lousteau y Yacobitti para justificar el corte, además de asegurar que en esos días claves “el Coti” estuvo en contacto y “asesorando” a los rebeldes. No confirman ni niegan los rumores, pero dan a entender que tuvo un rol importante. Es un mito arriba del otro, un piso de medias verdades sobre otro de medias mentiras que construyen el edificio de un poder que no se oxida.

Por afuera de su círculo, las fuentes no coinciden. La mayoría señala a Yacobbiti como el responsable, que apresuró una maniobra a la que Nosiglia tuvo que adaptarse para no quedar al margen. Según esta versión, la más aceptada tanto adentro como afuera del partido, “el Coti” se hizo cargo de una jugada peligrosa para no evidenciar ante el mundo que su otrora ahijado político ya cortó el cordón umbilical. “¿Sabés como te das cuenta que este no fue 'el Coti'? Porque fue una decisión pelotuda y que va a terminar mal. Y 'el Coti' no es ningún pelotudo y menos que menos hace un movimiento sin estudiarlo bien antes”, cuenta un amigo suyo, que anticipa que en la elección de las autoridades nacionales de la UCR -dos días después del cierre de esta edición- la lista sediciosa va a perder por mucho contra la de Morales.

Otra acusación del jujeño al “Coti” y a sus dos ahijados -palabra que no le gusta al operador, que dice que sólo tiene tres hijos que llevan su apellido-, es que son “empleados de Larreta”. Es un dardo que pega fuerte en la interna de Juntos, y que preocupa al jefe de Gobierno porteño porque agita las aguas en la oposición. Es un fantasma, además, alimentado por la inminente designación de Juan Nosiglia, uno de sus vástagos, y Lautaro García Batallán, otro hombre que le responde, en el gobierno de la Ciudad.

Son versiones. Lo cierto es que en las horas previas al cierre de esta edición, Nosiglia intentaba recomponer los vínculos para lograr una lista de unidad en las elecciones radicales, que le permita entrar a él y a los suyos aunque sea por la minoría. Es decir: “el Coti” estaba al teléfono haciendo lo que hace mejor. Intentar arreglar todo. Y todo, como siempre fue para Nosiglia, es lo que más le conviene.

 

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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