Martes 2 de junio, 2020

POLíTICA | 12-04-2020 00:03

El silencioso trabajo de los curas villeros para contener la pandemia

Están donde apenas llega la asistencia del Estado. El caso de la 1-11-14, donde ya desembarcó el virus. Las reuniones con Alberto Fernández. Mirá el video.

La bolsa reciclable baja despacio hacia la calle, atada desde una ventana enrejada. En una maniobra ejecutada con precisión, la soga se frena justo entre dos de los vecinos que forman, junto a decenas más, una larguísima fila que llega hasta la entrada de la parroquia Madre del Pueblo, en la villa 1-11-14. El Padre Juan Isasmendi, el cura a cargo del operativo que en ese frío lunes 8 le dará de comer a 2000 familias, ve la bolsa y frena en seco su recorrida por la cola. Hace un largo silencio teatral, mientras observa la situación y busca cómplices, y finalmente dice en cordobés: “Esto es histórico”. La fila estalla en risas, y la abuela que inventó el ingenioso sistema para que le llegue su ración de comida también festeja el chiste desde el primer piso de la casona. A la señora, que además está dentro del grupo de riesgo, le cuesta bajar las escaleras y, en plena crisis pandémica, flota en el aire la duda si se ríe para no llorar. “Nosotros tenemos el cuero curtido, pero nunca vimos tanto hambre”, dice luego el sacerdote, que vive desde hace más de tres años en aquel lugar.

La escena refleja una de las tantas resistencias populares al Coronavirus y a los dramas que provoca. En el barrio Padre Ricciardelli –tal es el nombre oficial de la villa más grande de la Ciudad desde fines del año pasado-, como en otros establecimientos del estilo en el país, las parroquias son casi la única contención en un contexto de paralización absoluta de la economía. Esa crisis, además, duele más en los sectores que viven de changas o de trabajos informales. La presencia del Estado, en los lugares más carenciados de Argentina, se ordena alrededor de esos templos y de eso está convencido Alberto Fernández, que desde que llegó el virus está más cerca de la Iglesia que nunca. En especial, está cerca, y a tiro de teléfono, del Papa Francisco, con el que cada vez habla más, y el Presidente suma gestos, reuniones y declaraciones hacia el rebaño del hombre de la sotana blanca.

Pero, más allá de las buenas intenciones presidenciales, la realidad en las villas es cruda. La pandemia empieza a atacar y el Estado apenas llega y cuando lo hace, como en las últimas semanas en la que los enviados de la Anses fueron hasta las barriadas para empezar a inscribir a los que necesitan los $10 mil que el Gobierno va a entregar, se instala en las Iglesias. En la parroquia Madre del Pueblo funcionan, de manera ambulante, los escritorios de la ANSES, los abogados del Centro de Acceso a la Justicia, e incluso los sacerdotes organizaron un equipo de tres psicólogos para atender a quienes lo necesiten.

No sólo eso. En el Bajo Flores ante la ausencia de un hospital o de infraestructura adecuada, el Padre Isasmendi y los suyos reacondicionaron una cancha de fútbol que tiene un quincho, detrás de la parroquia, para convertirlo en un centro de cuarentena transitorio. Cuando fue NOTICIAS había casi 20 vecinos, sin techo, viviendo en ese lugar. También armaron cinco equipos para llevarles alimentos a los mayores para evitar que ellos salgan a la calle, y toda la comida que entregan o cocinan –en la parroquia pasaron de darle de comer de 200 personas por turno a 2000, y tuvieron que abrir un comedor a la noche- sale en su mayoría de las donaciones privadas.
 

Barrio Padre Richardeli Villa 1 11 14 Curas Viileros cornavirus

La logística para contener a la pandemia también recae en los hombres de la sotana. En la villa ya hubo tres casos positivos de Coronavirus, y la detección y aislamiento de las personas que estuvieron en contacto con los infectados estuvo a cargo de los voluntarios de la parroquia. Ese es un problema central: en la mayoría de los hogares de las barriadas viven concentradas familias numerosas. Si el virus irrumpe con fuerza en las villas el resultado podría ser escalofriante. “Pero lo que más me preocupa es cuando la crisis sanitaria se cruce con la económica”, dice el cura.  

La realidad que cuenta el párroco se repite en las 140 parroquias que están en las villas de todo el país, y que integran la federación “Familia Grande Hogar de Cristo”, comandada por el Padre “Pepe” Di Paola. Fabían Belay es párroco en una de las barriadas populares del Gran Rosario, en Santa Fe. La dramática situación allá es parecida a la del Bajo Flores: pasaron de tener un solo turno de comida, en la que entregaban alimentos para 200 o 300 personas, a dos comedores diarios en los que atienden a 600 personas en cada uno. También arman bolsas de comida para llevarles a los mayores, con algo de ayuda del gobierno provincial y municipal. ”El desafío es tener alimentos, el bolsón dura un apenas un día. Hay tanta gente que, la verdad, está muy complicado”, cuenta.

Barrio Padre Richardeli Villa 1 11 14 Curas Viileros cornavirus

Con su equipo de 15 sacerdotes y 150 voluntarios están relevando los lugares, inclusive los que tiene la Iglesia, en donde acuarentenar a los infectados que, dice el cura, van a llegar. “Por la dinámica barrial el virus va a entrar, es inevitable lamentablemente. Nos estamos preparando para eso”, cuenta Belay, y dice que le calcula 15 días más antes de que se ponga brava la situación. El relato parece bélico. “Somos parte de la vida del barrio: si acá algo pasa la parroquia tiene que estar ahí, respondiendo”.

En el sur de la ciudad de Córdoba trabaja el Padre Pablo Viola. El hombre cuenta que ahí, en donde hay 17 barrios populares, todavía no llegó la ayuda ni del gobierno nacional ni el municipal. “Hacemos todo gracias a la solidaridad de la gente. Pero se necesitan alimentos, cada vez más”, cuenta Viola. En su parroquia ni siquiera tenían un comedor antes de la pandemia, pero la crisis los obligó a calzarse el traje de héroes arriba de la sotana. Ahora entregan 110 raciones diarias, y kits de higiene, desde que comenzó la cuarentena. “Además hay mucha gente que está sola, y lo sufre. Hay que estar cerca”, dice el cura. Aunque nadie los aplaude a las 21, su trabajo es tan indispensable como el de los médicos o el de las fuerzas de seguridad. Como pediría el hincha de San Lorenzo que duerme en el Vaticano: recen por ellos.

Barrio Padre Richardeli Villa 1 11 14 Curas Viileros cornavirus

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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