lunes, febrero 24, 2020

POLíTICA | 04-02-2020 18:17

El día que Claudio Bonadio “choluleó” a Diego Maradona

En el año 1997, el juez citó al entonces jugador de fútbol por un dopping positivo. Pero le dio una sorpresa cuando pisó Comodoro Py.

Corría el año 1997. El juez Claudio Bonadio había citado a declarar a Diego Maradona, quien en ese entonces jugaba en Boca Juniors y estaba envuelto en una causa judicial por un doping positivo. El abogado del jugador de fútbol era Mariano Cúneo Libarona y, para evitar que la prensa y los fans se agolparan en los tribunales de Comodoro Py, le había pedido al magistrado si podía hacer ir a su cliente un poco más tarde. Bonadio accedió y citó a Maradona para las 16.

Cúneo Libarona, consciente de la impuntualidad de su cliente, le minitió y le dijo que el juez los había citado a las 15 y el día que se tenían que presentar empezó a llamarlo desde las 14. Dos horas antes del horario que había establecido el juez. Cuando lo llamó la primera vez, el secretario de Maradona le dijo: “Ahora no puede atender porque está jugando al tenis con Ricardo Darín”. Cúneo Libarona respondió: “Bueno, pero que vaya redondeando que hay que ir al juzgado”. Seguían pasando los minutos y Maradona no terminaba. Para cuando se hicieron las 16, Maradona había dejado de responder el teléfono. Mientras, Cúneo Libarona transpiraba y se comunicaba con el juzgado para avisar que estaban “un poquito retrasados”. Al final “El Diez” apareció en el estudio de su abogado a las 16.45. Estaban todos revolucionados. Luego de un breve sermón –sin sobresaltos, por tratarse de Maradona– salieron de inmediato para el juzgado. Bonadio los esperaba en el cuarto piso listos para declarar. Cúneo Libarona seguía pidiendo disculpas. El juez les hizo todas las preguntas necesarias referidas al doping positivo que le habían detectado en un partido entre Boca y Argentinos Juniors. Cuando terminó de declarar, el juez se relajó de su postura de magistrado y le pidió a Maradona si se podía quedar unos minutos más. Cúneo Libarona seguía pidiendo disculpas. En ese momento, el juez se corrió hacia una puerta y al abrirla salió su hijo y unos compañeritos del colegio con camisetas de Boca. En ese instante Maradona miró a Cuneo Libarona y, mientras guiñaba un ojo, le dijo: “¿Viste que está todo bien, bonito?”.

En septiembre de 1997, Bonadio autorizó a Maradona a jugar un partido del torneo Apertura contra Newell’s, a pesar de que la AFA lo había suspendido. Boca ganó 2 a 1.

Así es Claudio Bonadio: un juez que puede tolerar la impuntualidad en su juzgado sólo por tratarse de una estrella del fútbol mundial y luego pedirle que les firme autógrafos a sus hijos y se saque fotos. Pero también es un magistrado implacable contra quienes no gozan de su estima. Su trayectoria está repleta de este tipo de contradicciones, que lo vuelven héroe y villano en simultáneo. 

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Rodis Recalt

Rodis Recalt

Periodista de política y columnista de Radio Perfil.

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