El vínculo de Karen Reichardt con los animales volvió a quedar en primer plano, esta vez a partir de un encuentro con “Pepa”, una perra perteneciente a la División Explosivos de la Policía Federal Argentina (PFA). La legisladora de La Libertad Avanza, que durante años construyó buena parte de su perfil público alrededor de la protección y el cuidado de los animales, compartió la experiencia de conocer a la agente canina. En el caso de los canes destinados a la detección de explosivos, se requiere un entrenamiento específico para reconocer olores asociados con materiales explosivos y colaborar con los agentes durante procedimientos de seguridad.
La imagen de Reichardt junto a Pepa adquiere una dimensión particular por la trayectoria de la propia diputada. Antes de desembarcar en la política nacional, la dirigente desarrolló durante años una actividad vinculada al mundo de los animales. Desde 2015 condujo “Amores Perros”, un programa dedicado a mascotas, adopciones y casos de animales rescatados, y también impulsó una marca de indumentaria para perros.
En paralelo, la diputada intenta instalar en el Congreso un proyecto destinado a regular criaderos, refugios, hogares de tránsito y pensionados para animales de compañía, una iniciativa que provocó un fuerte rechazo entre organizaciones proteccionistas y abrió una inesperada polémica pública. El 16 de julio ingresó formalmente a la Cámara de Diputados el expediente 3401-D-2026, un proyecto de ley que propone establecer “presupuestos mínimos para la regulación, habilitación, fiscalización y control de criaderos, refugios, hogares de tránsito y pensionados para animales de compañía”. El proyecto figura oficialmente en el listado de iniciativas de la Cámara baja.
La iniciativa plantea crear un marco nacional para ordenar una actividad que actualmente presenta regulaciones diferentes según cada jurisdicción. Entre sus objetivos aparecen el establecimiento de criterios comunes, la fiscalización de los establecimientos y la incorporación de mecanismos de registro y trazabilidad. Una de las características destacadas del proyecto es que contempla dentro del mismo régimen tanto a establecimientos de cría como a refugios, hogares de tránsito y otros espacios destinados al alojamiento de animales. Una descripción publicada sobre la iniciativa señala además que contempla un registro nacional obligatorio, el reconocimiento de los animales como seres sintientes y mayores controles sobre la reproducción irresponsable.
Precisamente allí nació la controversia. Las organizaciones proteccionistas que cuestionan el proyecto sostienen que colocar bajo una misma estructura regulatoria a los criaderos comerciales y a los refugios o espacios de rescate implica equiparar actividades de naturaleza completamente diferente. El argumento central de los críticos es que los criaderos tienen una finalidad comercial, mientras que numerosos refugios y hogares de tránsito funcionan con voluntarios y recursos propios para atender animales abandonados o en situación de vulnerabilidad.
La organización Alerta Galgo Argentina impulsó una petición pública contra la iniciativa y reclamó directamente que no avance la regulación de los criaderos. En el texto de la convocatoria se cuestiona la posibilidad de convertir la cría comercial en una actividad formalmente reconocida y se advierte sobre las consecuencias del hacinamiento, la reproducción intensiva, la separación temprana de cachorros de sus madres y otras prácticas que, según los proteccionistas, pueden afectar seriamente el bienestar de los animales. La petición había reunido más de 17.000 firmas verificadas al momento de la consulta.

El conflicto se trasladó también a la televisión y tuvo como uno de sus episodios más fuertes el enfrentamiento protagonizado por Reichardt con la asesora de imagen Matilda Blanco en “LAM”. La discusión comenzó precisamente a partir del proyecto de criaderos y refugios y terminó con la diputada levantándose de su silla y abandonando el estudio. Blanco cuestionó que la iniciativa incluyera a los criaderos dentro de una regulación que también alcanza a refugios y hogares de tránsito, mientras que Reichardt defendió su propuesta con el argumento de que regular significa controlar y establecer reglas para evitar abusos.
La discusión fue subiendo de tono hasta convertirse en un intercambio de insultos. Reichardt acusó a algunos sectores proteccionistas de hablar de protección animal “de la boca para afuera”, mientras Blanco sostuvo que el proyecto terminaba beneficiando a quienes comercializan animales. La legisladora defendió entonces la iniciativa y sostuvo que prohibir los criaderos no necesariamente elimina la actividad existente, mientras que una regulación permitiría establecer controles. Finalmente, Reichardt se retiró del estudio y posteriormente publicó un descargo en sus redes sociales en el que afirmó que había sido objeto de “descalificaciones y acusaciones falsas” y sostuvo que el objetivo de su proyecto era establecer reglas claras y transparencia.
Así, la aparición de Reichardt junto a Pepa adquiere un significado que excede la simple fotografía de una diputada con un perro policial. La escena vuelve a poner en circulación una de las principales marcas personales de la legisladora justo cuando esa misma temática se transformó en uno de los primeros focos de conflicto político desde su llegada al Congreso. Del lado dela diputada , la defensa del proyecto se presenta como un intento de establecer controles y estándares nacionales para una actividad que considera necesario ordenar. Del otro, las organizaciones proteccionistas interpretan que la regulación de los criaderos puede terminar legitimando una actividad comercial que debería ser restringida o directamente prohibida.
















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