Domingo 22 de mayo, 2022

POLíTICA | 12-05-2022 14:30

Martín Guzmán: ¿Cómo resiste la embestida de los kirchneristas?

Fuego amigo y el Vía Crusis del ministro de Economía. Negación y torpeza política. Por qué lo llamaban "Semana Santa". Sus defensores inesperados.

En su equipo definen a Martín Guzmán como un boxeador filipino: “Le pegan una y otra vez, pero nunca besa la lona”, dicen con una pizca de humor para explicar lo que se ha convertido en un deporte oficial: cruzar al ministro de Economía.

Guzmán se transformó en el principal factor de tensión entre el kirchnerismo y el albertismo. Por eso, en un puñado de días lo criticó desde Máximo Kirchner a Hebe de Bonafini. La Cámpora lo quiere afuera y el Presidente no acepta cederlo.

Mientras tanto, el ministro tiene que sacar adelante una economía que no se recupera: la inflación está incontrolable y lo responsabilizan exclusivamente a él. En su círculo íntimo exhiben su agenda cargada de actividades para demostrar vigencia. Con su estilo poco confortativo y el tono moderado Guzmán resiste, a pesar de todo.

Guzmán, el punching ball

Las declaraciones de Máximo Kirchner ante el sindicalismo bonaerense elevaron la vara de las críticas. Es que los detractores ya no son personajes alternativos, sino los mismísimos protagonistas. El diputado se agarró de una frase que esa misma tarde Guzmán había dicho en Río Negro, cuando le preguntaron por las tensiones en el Gobierno: “Lo mío es la gestión”, aseguró. Suficiente. Horas después llegó la respuesta del hijo de la vice: “Martín Guzmán dice que él no se involucra en estas disputas de poder. ¿Y entonces qué hacemos?”.

En su equipo reducido de trabajo aseguran que al ministro “le llegan todas las críticas”, pero que “se abstrae” para seguir trabajando y no enredarse en más polémicas. Negación pura. Quien lo busca permanentemente es el ministro bonaerense y secretario general de La Cámpora, Andrés Larroque. “A Guzmán no lo votó nadie”, protestó con un argumento endeble: a él tampoco lo eligieron por sufragio. Luego, en otra declaración, “El Cuervo” pidió su cabeza junto a la de Matías Kulfas y Claudio Moroni, un tridente que a su gusto “está construyendo la derrota”.

Desde el llano también recibe críticas: la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, lo acusó de ser un “descarado”. “Es un hijo de buena madre. La verdad, a veces me da ganas de tenerlo cerca para trompearlo”, completó.

Por lo bajo, los K ya lo habían apodado “Semana Santa” al ministro porque descontaban que no resistiría hasta más allá de esa fecha. Pero lo hizo.

Los desplantes no son una moda del 2022. De hecho, se cumplió un año desde que el subsecretario de Energía se le insubordinó. Federico Basualdo se resistió a modificar las tarifas, a pesar de las directivas de Guzmán, y este pidió que lo echaran: Alberto Fernández le prometió que lo haría, pero no sucedió. Incluso, en el primer aniversario de la polémica, el Presidente apareció en un acto público con el funcionario díscolo.

Las fuertes críticas no sólo vienen del kirchnerismo. Más de un albertista protestó ante el Presidente por los modos autosuficientes de Guzmán que, haciendo gala de un hermetismo absoluto, suele retacearle información incluso a los propios.

No son pocos los trabajadores del ministerio de Economía que festejan por lo bajo las críticas constantes al ministro. Es que nunca estableció alianzas políticas: trabaja con un equipo en el que abunda la gente joven y reduce su nivel de comunicación y confianza a ellos, excluyendo al resto. Esa torpeza política molesta.

Empoderado por la irresolución de su caso, que algunos atribuyen a la falta de reemplazante más que a los méritos propios, Guzmán incluso se animó a retrucar a La Cámpora, que le exige mayor gasto social. “Debe haber un compromiso de todos los que gobernamos de atenerse a un programa económico”, protestó.

Aliados de Guzmán

Por suerte para sus propios intereses, a Guzmán le apareció un grupo de defensores que no imaginaba tener. “Los ataques son para Alberto, no para el ministro. Y se lo he dicho: ‘Martín, quédate tranquilo que esto no es para vos’”, aseguró Aníbal Fernández.

El ministro de Seguridad le contestó a Máximo, que le había reclamado a Guzmán que metiera los pies en el barro de la política: “Él lleva a la práctica la economía, no puede discutir poder. Eso está en el manual de alumno bonaerense, es una cosa sin sentido”, lo bancó Aníbal.

En el entorno de Guzmán confiesan que esa defensa no sorprendió tanto, porque tienen buena relación desde el inicio de la gestión, incluso cuando el ex jefe de Gabinete no había asumido como ministro.

Pero de quien sí llamó la atención es de Luis D’Elía, quien firmó un armisticio con Alberto Fernández y eso lo acomodó del lado Guzmán de la discusión. Incluso, con sorpresa para muchos, ahora los editoriales radiales del dirigente piquetero se comparten entre los celulares del equipo económico para escuchar las fuertes declaraciones en defensa de su trabajo.

Para el entorno de Guzmán las respuestas a los insultos constantes de La Cámpora son una actitud lógica: “Empezamos a tener replicantes. Hasta ahora sólo venía escuchándose una sola campana”, aseguran.

En la zona de confort del ministro de Economía, dentro de un Gabinete con demasiadas disidencias, aparecen, además de Aníbal Fernández, Matías Kulfas y Daniel Filmus, con quien suele compartir partidos de fútbol 5, cuando la agenda se lo permite.

Muy enfocado en lo suyo, suele ignorar las críticas para continuar trabajando. Sólo eso puede explicar cómo, a esta altura y después de tantas provocaciones del kirchnerismo, sigue sin renunciar a su cargo.

Desafíos

Luego del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el tema que lo sigue obsesionando, Guzmán tiene que agarrar la manija de otros problemas económicos con los cuales no pudo hasta la fecha. El principal, la inflación.

A mediados de mes se conocerá el índice de precios de mayo y será, otra vez, una mala noticia: empujaría la inflación a más de 20% en el primer cuatrimestre del año.

La responsabilidad de tan elevado número podría ser compartida, pero los otros funcionarios que trabajan en temas económicos se resisten a asumirla. Roberto Feletti, secretario de Comercio e ideólogo de los precios cuidados, ya avisó en abril que “bajar la inflación es tarea del ministerio de Economía”. Y le pidió a Guzmán que “baje líneas claras”.

Tal como le sucedió a Mauricio Macri durante su presidencia, con un área económica loteada, la división que propuso Alberto Fernández entre los ministerios de Economía y Desarrollo Productivo produce un desacople que dificulta la tarea y sirve de excusa para deslindar responsabilidades. Nadie se hace cargo de lo que sucede.

Pero la inflación no es el único desafío de Guzmán: la próxima semana comienzan las audiencias públicas para definir los aumentos en tarifas de luz y gas que impulsó el ministro pero que resistió el kirchnerismo. El resultado provocará malestar en alguna de las alas del Gobierno y, probablemente, mayor desgaste a la imagen del dirigente más vapuleado del Gabinete.

Por estas horas, Guzmán trabaja en otro de los desafíos fundamentales que lo enfrentará a los K: la prórroga actualizada del presupuesto 2022.

Como el Congreso no aprobó la ley que ordena las cuentas públicas, el Presidente tendrá que firmar un decreto de necesidad y urgencia para actualizarlo. El ministro de Economía estudia cuál será la reasignación de partidas y por eso tiene en sus manos la posibilidad de beneficiar o perjudicar a gusto a las distintas dependencias del Estado. Un gran poder, que sólo podría tener la revisión de Alberto Fernández.

Reacio a las entrevistas mediáticas, el ministro sigue adelante con las reuniones con empresarios tanto de Capital como del interior. “El asunto no es que te codees con el círculo rojo. El tema es si te mimetizás con ellos. En cambio nosotros le vamos diciendo de qué va la cosa”, explica una fuente que lo acompañó en los últimos viajes, para echar por tierra las críticas que le hacen los K.

Es que los dirigentes que acompañan a Cristina protestaron al ver al ministro de Economía en el Foro del Llao Llao, la cumbre del establishment. “Fue a explicarles la Renta Inesperada. De hecho, los empresarios le objetaron muchas cosas, no fueron a aplaudirlo”, dicen en su entorno. Y comparan: “Además, el año pasado expuso 'Wado' de Pedro ahí. ¿Antes no era tan grave y ahora sí?”.

En su próximo viaje volverá a una de sus actividades preferidas: dará una conferencia en la Universidad Nacional de Salta. Si libera su agenda, quiere volver a dictar clases magistrales en las casas de estudio del interior del país.

Guzmán no acusa recibo de tanto desgaste interno y externo. A menos que Alberto le pida la renuncia, planea seguir en funciones.

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Carlos Claá

Carlos Claá

Periodista político

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