Lunes 1 de junio, 2020

POLíTICA | 27-03-2020 18:06

VIDEO | Militares en el conurbano: crónica de un operativo emergencia

Un recorrido junto a los hombres del Ejército que participan de la ayuda alimentaria en el conurbano. El virus versus el hambre.

El aplauso aparece sin pedir permiso. Es doble, rápido y retumba en la parte de atrás de un camión Mercedes Benz 1720 verde del Ejército, que se está por poner en marcha. El sonido despabila a los cinco soldados rasos que están sentados en su interior, y todos giran instintivamente los cascos para mirar a su superior. “Atención. Estamos por salir a los barrios a repartir comida. No esperamos problemas, pero si se ponen pesados sean respetuosos pero firmes. Siempre firmes”, dice, seco, un cabo primero. Las órdenes llegan desde detrás de un barbijo, y sólo se le ven los ojos, pero con eso alcanza para saber que está inquieto y que desconoce el panorama que se va a encontrar. Es la primera rotación que hacen en Quilmes distribuyendo comida en lugares carenciados, en plena pandemia. El conurbano, como saben Alberto Fernández y Axel Kicillof, y suponen los militares que se están por adentrar en él, se puede poner “pesado”: ese lugar de Buenos Aires es la pieza más delicada en el complejo rompecabezas que diseñó el Gobierno para mantener la paz social ante el avance del Coronavirus. Hay que estar firme.

Al frente. Tres camiones del Ejército se ponen ruidosamente en marcha al mediodía del miércoles 25 y abandonan el estadio de Quilmes. La cancha tiene capacidad para 30 mil personas, pero desde el viernes 20 sólo la caminan 18 militares, que rotan cada dos días. Si no hubiera una pandemia de por medio, la situación sería casi cómica: los hombres de verde duermen en la pensión destinada a las inferiores del club, cuyas ventanas dan de frente a la platea Rodrigo “Chapu” Braña, el histórico jugador de ese equipo. En las habitaciones se cruzan cascos y pertrechos militares con posters del Quilmes campeón del Metropolitano 1978 y distintas postales azules y blancas. “Un día me llamaron y me dijeron que al club iban a venir los militares. Fue sorpresivo, pero es importante el laburo que hacen: la gente no entiende lo grave que es esto”, dice Martín, que trabaja desde hace décadas en el club y, aún en crisis sanitaria, lleva una gorra con el escudo de sus amores. Mateo Magadan, vicepresidente de Quilmes, completa: “Estamos orgullosos de colaborar”.

La primera parada es el centro de asistencia social “+Vida”, en lo profundo de Quilmes. Ahí frenan los militares para llenar las cocinas móviles que viajan detrás de los camiones y que transportan 250 raciones de guiso. Gustavo Cáceres, uno de los voluntarios de la organización, dice que hasta el miércoles pasado repartían entre 500 y 600 platos por día, y hoy hacen mil y apenas alcanza. “Ahora está viniendo gente con auto, que antes ni pasaba por acá: hay menos plata”, dice Gustavo, mientras transpira cortando una bondiola que huele bien.

El hombre da en la tecla: aunque el Coronavirus sea algo nunca visto, otra vez es la economía el problema. La comida que cocina esa ONG, por ejemplo, está enteramente subsidiada por la municipalidad que conduce Mayra Mendoza. A la intendenta camporista el Gobierno le está bajando alrededor de $10 millones, como hace con otros distritos del conurbano. Esa partida, cuentan desde la Rosada, estará financiada por parte del préstamo de US$ 300 millones que anunció el Banco Mundial y una emisión del Gobierno de la que se desconoce el monto real. Los números no mienten: que el Ejecutivo destine tanto dinero al conurbano –calculan $ 450 millones– habla de cómo preocupan a Fernández esas localidades.

Esa sensación se nota en la cuadra y media de cola que espera a la llegada del camión del Ejército, enfrente de la Fundación Padre Farinello. La imagen es llamativa: a un día del aniversario del último golpe militar, mientras sobrevuela la posibilidad de un estado de sitio, la llegada de los soldados es una noticia que se festeja en las barriadas. “La recepción es muy buena”, asegura el coronel Alejandro Liberatori, a cargo de un operativo que coordina el ministerio de Defensa que comanda Agustín Rossi.

En una de las zonas más pobres de Quilmes, Sandra, una vecina, cuenta que llegó al mediodía para ganarse un lugar en la fila: para cuando los militares empiezan a repartir la comida son casi las tres de la tarde y detrás de ella hay mucha gente. “No debería estar acá, soy paciente de riesgo, pero trabajo en una remisería que está cerrada y no tengo un peso: lo único que comemos mis hijas y yo en estos días es esta comida”, dice, y esa desesperante realidad se repite entre la mayoría de los que esperan el guiso. Casi todos ellos viven de changas que ahora están frenadas. En la fila, las distancias están muy lejos de ser como las que recomiendan. La escasez está tan a flor de piel que la posibilidad de contagiarse queda para un doloroso segundo plano. Es lo que preocupa al Gobierno: cómo lograr el equilibro para contener la enfermedad y la necesidad. Es que en el conurbano el virus asusta menos que el hambre.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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