Martes 2 de junio, 2020

POLíTICA | 06-04-2020 13:42

Superalberto: sangre sudor y cuarentena

El Presidente se juega su prestigio con la crisis viral, de la que puede emerger como líder o debilitarse. Los informes internos que precipitaron las medidas.

Con una mano acaricia a su perro Dylan, que pasea entre los cables de televisión, y con la otra se acomoda el micrófono. Alberto Fernández sonríe y aplaude cuando aparece en Telefé un domingo al mediodía. Está aislado en la Quinta de Olivos pero se muestra a una videoconferencia de distancia de los medios y de cualquier líder internacional. Durante los casi 50 minutos que dura la entrevista con Gerardo Rozín, en “La Peña del Morfi”, el Presidente usa su paciencia de profesor universitario para explicar las razones para quedarse en casa en medio de la pandemia. Su tono paternal acapara a la audiencia, que marca el récord de rating en lo que va del año en la televisión abierta y llega a picos de 17 puntos. Mientras el mundo colapsa ante el avance del coronavirus, la aceptación social del político de bigotes se dispara. La lucha que encabeza contra la pandemia, a tres meses de asumir el poder, le dio algo que le faltaba: salir de la sombra de Cristina Kirchner para comenzar verdaderamente su mandato. Y si Argentina atraviesa la tormenta con cierto éxito, sembrar su propio legado. 

Piloto. El 3 de marzo se conoció el primer caso de coronavirus en el país. En menos de un mes, no sólo cambió Argentina y el mundo, sino también la imagen y el rol de Fernández. Hasta sus colaboradores se sorprenden. Entrada la noche del martes 24, uno de sus secretarios le reenvía una carta de apoyo de un grupo social. No espera respuesta, pero a los minutos le llega un whatsapp del Presidente. “Agradeceles de mi parte”. “No sé cuándo descansa, está demasiado activo”, se preocupa el colaborador.

Fernández, en plena pandemia, hace un esfuerzo para intentar tener las manos en todos los platos. Reúne a gobernadores, intendentes y legisladores de todos los partidos; habla con el Banco Mundial y con el G-20; avisa que usará “toda” la plata que haga falta para cuidar a los suyos, tuitea, da consejos sobre la llegada del Ratón Pérez en cuarentena, y promete ser “inflexible con los vivos” que violan el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. Quienes están cerca del Presidente cuentan que son horas difíciles, pero que Alberto está bien. “Se siente cómodo en las crisis”, lo inflan, exagerando tranquilidad.

Alberto Fernández

Más allá de las declaraciones bien intencionadas, hay varios temas que preocupan profundamente al Presidente. El delicado momento de la economía y las consecuencias imprevisibles de la crisis sanitaria están en el podio. Especialmente el conurbano, una inquietud que comparte con Axel Kicillof. El miércoles 25 lo fueron a ver un grupo de curas villeros, que trabajan en el Gran Buenos Aires, justamente para contarle esa dura realidad. Los sacerdotes le narraron que, con la actividad frenada, a los trabajadores informales no les llega literalmente un peso y que la situación podría escalar y tornarse oscura si el virus avanza. El Presidente les dijo que estaba al tanto del tema, que es el asunto que más le quita el sueño, y que va a “priorizar la salud de los argentinos” ante todo. También la suya: para entrar a la Quinta, los sacerdotes, igual que todos los que van a ver a Fernández, debieron someterse a un chequeo para comprobar que no tienen el virus. Es que Alberto, con casi 61 años y antecedentes de afecciones pulmonares, está en el grupo de riesgo.

Cuando Fernández está en confianza, o cuando se enoja observando las imágenes de los “vivos” que rompen la cuarentena, aprovecha para quejarse de los años de “abandono” del macrismo. Pero ahora es su turno, y se esfuerza por llevar tranquilidad mientras recluta médicos, reparte fondos y envía al Ejército a garantizar al menos una comida en los barrios más vulnerables del conurbano, donde “quedarse en casa” no es sencillo y no se cumple la cuarentena a rajatabla. 

"Esperamos el pico más alto (de contagios) entre el 1 y el 15 de mayo. Para ese momento tenemos que tener todas las camas y respiradores que hacen falta", dice Fernández. “Estamos trabajando con la peor hipótesis”, completa. Alberto promete que, si le hacen caso y la cuarentena se cumple, la situación se resolverá. Se ilusiona con que este virus ayude a unir a la sociedad: “No quiero hablar más de grieta”, le dice a la conductora Verónica Lozano. El rating de televisión abierta vuelve a marcar un pico y roza los 18 puntos.

Detrás de las cámaras, el equipo de comunicación que encabeza el vocero Juan Pablo Biondi no se relaja. Dicen que el camino será largo y que la receptividad de Alberto puede cambiar de un momento a otro. Es decir: mientras la situación no se desmadre, el apoyo social continuará. Todo depende de la gravedad a la que escale la crisis. El escenario es frágil.

Ciudad desirta

Por eso quienes se encargan de la comunicación del Gobierno aprueban que Alberto se muestre como “el tipo común” que se lamenta porque no está jugando Argentinos Juniors, mientras intenta salvar la vida de sus compatriotas. La sensación que los cerebros oficiales quieren transmitir es que “sigue siendo como siempre”, pero que ahora su perfil es bien recibido por la sociedad.

Imagen. En Casa Rosada saben que el mensaje presidencial fue bien recibido porque vieron encuestas que marcan que la imagen positiva de Alberto subió de 60 a 80% desde que se declaró la pandemia, el 11 de marzo. Explican ese crecimiento por la confianza que generan tanto su tono como el contenido de sus anuncios y entrevistas.

A partir del momento en que Fernández decretó la cuarentena obligatoria, las consultoras salieron a medir el humor social y se encontraron con niveles de adhesión pocas veces vistos. Un relevamiento de Clivajes hecho entre el 20 y 22 de marzo mostró que el 70% considera que el Gobierno actuó rápido frente a la pandemia. Analogías agregó que el 94% aprobó las medidas y que “se constató un alto nivel de aprobación del Gobierno, del 79%”, mientras que la imagen favorable del Presidente “escala a 94 puntos, apoyado en todos los segmentos etarios y en todas las variables sociodemográficas”.

La consultora Proyección preguntó a los encuestados con qué palabra identificaban a Fernández y el 80% se repartió en partes casi iguales entre “eficiente”, “líder”, “activo” y “previsor”. Aunque los números bajan cuando se pregunta por el estado del sistema de salud -más de la mitad considera que no está preparado para la pandemia-, la matemática no miente: Fernández, al menos hasta el cierre de esta edición, aparece casi como un héroe. Son números que le gustaría conservar.

De hecho, el respaldo al Presidente es tal que pasó casi desapercibido el momento en el que dio una fake news en una radio, cuando dijo que tomar bebidas calientes prevenía el contagio del virus. O cuando cometió el error de anticipar por radio la cuarentena y la gente corrió a los supermercados a stockearse. 

Ciudad desirta

También quedó en un segundo plano el fuerte desplazamiento de la escena pública de Ginés González García, el ministro de Salud al que el Presidente defendió en público luego de que minimizara la llegada del virus al país. Aunque sigue en funciones, Ginés quedó lejos de ser el referente del tema. Su vice, la infectóloga Carla Vizzotti, tomó la posta de los anuncios diarios y en la Rosada la prefieren por su “claridad natural” para explicar. La comunicación del Ministerio también fue “intervenida” por la Rosada, que convocó a Fernando Coradazzi, ex vocero de Aníbal Fernández, para ser el “nexo” entre Presidencia y Salud. Sin embargo, a pesar de las críticas, Fernández aclaró que “ni loco” lo iba a echar. Al menos no ahora, en plena crisis.

Antigrieta. Desde que apareció sentado en Olivos con Kicillof de un lado y Horacio Rodríguez Larreta del otro, Fernández acumuló horas de reuniones y llamados políticos de todos los espacios. También Mauricio Macri hizo su aporte: le pidió a su sucesor no descuidar la economía y llamó por Twitter a “acompañar las medidas del Gobierno”.

“Frente al miedo, todos nos unimos”, resume el Presidente, que asumió con la utópica consigna de “unir a los argentinos”. Por el momento, el enemigo invisible logró que Fernández se muestre rodeado por Juan Schiaretti, Larreta, Kicillof, Omar Perotti y Gerardo Morales en el mismo anuncio, o que todos los jefes de bloques parlamentarios lo visiten juntos, mientras que Sergio Massa y el resto de los referentes legislativos se preparan para sesionar virtualmente.

En off, las dudas aparecen. Macri, en privado, comparte una idea que se hacen algunos gobernadores opositores: que el Gobierno no va a lograr contener la situación cuando la economía se empiece a desplomar severamente. Desde el oficialismo bromean con maldad con las comparaciones: “Lo que hubiera sido esto con Macri o con Cristina”, comentan funcionarios con despacho en la Rosada. "Si hubiera estado el Gobierno anterior no sé cuántos moriríamos”, dijeron Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini, en declaraciones que generaron una polémica.

Futuro. Expertos en comunicación de crisis coinciden en que el Gobierno actuó rápido y con la ventaja de haber visto el avance mundial del virus y los estragos que causó en Europa. “Fernández se recibió de líder aceleradamente. Consenso multinivel, multipartidario e interno para decidir, y eso es mucho. Incluso se lo ve aplomado, cauto y decidido”, analiza Mario Riorda. Para el consultor Gustavo Córdoba el Gobierno “fue de menor a mayor” y el Presidente se equivocó “poco”. Y el asesor presidencial Alejandro Grimson sostiene que a Fernández le toca hacerse cargo de la conducción en un momento bisagra. “La globalización tal como la entendimos no va a existir más”, dijo el antropólogo que participa de la redacción de los discursos oficiales. Y pronosticó que “la manera en que cada país decida abordar esta pandemia, y la crisis económica, va a marcar cómo va a ser el mundo de acá a diez años”. 

El consultor Jaime Durán Barba apoya esta lógica. “Fernández ejerce un liderazgo moderno que consulta, que integra a la oposición y toma medidas firmes. La gente lo ha visto trabajando para defender su vida. El resultado ha sido un enorme crecimiento de su imagen”, dice el ecuatoriano que asesoró a Macri (ver recuadro). “En los momentos excepcionales o de guerra hay una oportunidad para relanzar liderazgos y desplazar conflictos internos”, sostiene el politólogo Sergio Berensztein, para quien la pandemia recreó en Argentina el “espíritu malvinero”. 

Aunque la historia está llena de ejemplos, el de la guerra de Malvinas es pertinente. En cuestión de días, la Plaza de Mayo pasó de llenarse para vitorear al general Leopoldo Galtieri y a su propuesta bélica, a abuchearlo y exigir su renuncia. A Fernández hoy casi todos lo están aplaudiendo, pero el final es incierto. 

por Daniela Gian y Juan González

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