Deportes / 17 de Febrero de 2012

Copa Africa de Naciones

El semillero del mejor fútbol

Marketing, geopolítica y códigos culturales de un continente que patea cada vez mejor.

Por

crack. Katongo encara para Zambia, que ganó la Copa con DT francés, Hervé Renard.

Podría haber sido una imagen de Lost. Gente que, tras emerger de una selva, camina por una playa en apariencia idílica pero, en los hechos, trágica: están ahí para rendirle homenaje a las víctimas de un accidente aéreo. Hay rezos grupales y se lanzan flores al agua. Muchos lloran: es un momento sensible. Y sin embargo, lejos de tratarse de una serie televisiva, sucedió el viernes 10 a orillas del océano Atlántico en Libreville, la capital de Gabón, al oeste de África. Era la selección de Zambia que visitaba el lugar donde, según definió la prensa nacional, hace 19 años ocurrió “la muerte de un país”.
Vida y muerte. En abril de 1993, el avión que transportaba a los zambianos a Senegal para un partido de Eliminatorias cayó al mar a 500 metros de Libreville, donde había hecho escala. No hubo sobrevivientes. Ninguna comitiva oficial volvió a la ciudad maldita hasta que, el miércoles 8, Zambia venció a Ghana por la semifinal de la Copa África y, con el pase a la final, sucedió, en palabras del diario inglés The Guardian, “una de las sagas de tragedia y triunfo más destacadas de la historia del deporte”.

El torneo continental se jugó en dos países, Guinea Ecuatorial y Gabón, pero a Zambia le tocaron todos sus partidos en el primero de ellos. La excepción era si llegaba a la final. Nadie lo tuvo en cuenta porque nadie confiaba en un equipo a quien las casas de apuestas, antes del torneo, pagaban 40 a 1 por un título que jamás había conseguido. Pero, después de haber pasado la primera fase, los cuartos de final y la semifinal en la otra sede, Zambia llegó, inspirado en el espíritu de la tragedia, a Gabón. Los jugadores fueron el viernes a la playa para llorar a sus héroes y el domingo 12, en la final, terminaron de cerrar la herida: vencieron por penales a Costa de Marfil y fueron, por primera vez, campeones de África. “Estaba escrito en el cielo”, dijo el técnico, el francés Hervé Renard. “Hay cosas que están destinadas a ser”, empezó su crónica el New York Times.

 

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