Sociedad / 7 de diciembre de 2012

Aerolíneas Argentinas: quejas por la calidad de los uniformes

Las azafatas se quejan por la mala calidad de la nueva vestimenta. Incomodidad y poco glamour.

En Tecnópolis. Fue la presentación de los nuevos diseños, en julio del 2011, como parte de la renovación de imagen de Aerolíneas y Austral. Estuvo su presidente, Mariano Recalde.

“Estética y practicidad”, destacó Mariano Recalde, presidente de Aerolíneas Argentinas, cuando en julio del año pasado presentó en Tecnópolis los nuevos uniformes de la compañía de bandera estatizada en el 2008. En realidad, el dirigente de La Cámpora citó a Teté Coustarot, quien condujo el pequeño desfile organizado para mostrar la nueva vestimenta del personal de Aerolíneas y Austral. Los modelos fueron diseñados por Pablo Ramírez, el prestigioso modisto argentino que ganó un concurso dos años atrás organizado por la firma para renovar el clásico uniforme azul oscuro de sus empleados, en línea con la nueva imagen que quiere mostrar la empresa desde que pasó a manos del Estado.

La cuestión estética está teñida de subjetividad, y aunque Ramírez es uno de los diseñadores más creativos del país, sus modelos para vestir a los casi 5.000 tripulantes y empleados de tierra de atención al público parecen carecer de personalidad. “Son insulsos”, es uno de los comentarios benévolos en un foro de discusión de internet sobre los nuevos diseños.

Pero el principal cuestionamiento –proveniente de los propios tripulantes de cabina– tiene que ver con la falta de funcionalidad de los diseños, la mala calidad de la tela y la deficiente confección. Estos últimos dos aspectos no estuvieron a cargo de Ramírez, sino –en gran parte– de la fábrica recuperada Brukman. En la presentación de los uniformes, Recalde destacó la decisión de Aerolíneas de contratar a una cooperativa llevada a adelante por sus trabajadores.

Estos cuestionamientos los recogió NOTICIAS entre tripulantes de cabina, tanto varones como mujeres, quienes pidieron reserva de su identidad para evitar represalias. Mencionaron, por ejemplo, las terminaciones de mala calidad con costuras desprolijas y sin refuerzo, y las diferencias de tamaño para el mismo talle de un tipo de prenda. También advirtieron que, en algunos pantalones el hilado de la tela en una pierna está dispuesto de forma vertical, y en la otra, horizontal. Y si bien sostuvieron que no objetan que se contrate a una empresa recuperada para la confección, señalaron que a los trajes de los pilotos los hizo otra firma y que no hubo quejas.

“Muchas tuvimos que llevar las prendas a una modista particular, pagándole el trabajo de nuestro bolsillo, para que las mejorara y les reforzara las costuras”, relató una azafata con muchas horas de vuelos de cabotaje e internacionales, para quien “por lejos, este uniforme es el peor en calidad y diseño”.

Arrugados. La tela utilizada en la confección –llamada “tropical”– es criticada por ser “acartonada y dura”, ya que carece de una caída adecuada. Su calidad hace que también se arrugue muy fácilmente. “En los vuelos largos, tenés que descansar un par de horas y cuando te levantás, estás impresentable. Yo me ocupo de estar limpia, maquillada y con mi pelo arreglado. Pero no me voy a poner a planchar en el avión”, se quejó otra de las azafatas consultadas.

Las telas de las prendas tampoco tienen tratamiento antimancha. Tanto el delantal del personal femenino –“con el que parecemos enfermeras de la Primera Guerra Mundial”, según una azafata–, como la casaca de servicio de los tripulantes varones, es de un color celeste claro que deja en evidencia cualquier mancha. “Antes teníamos un chaleco azul que las disimulaba, porque es inevitable que te manches cuando servís café o las  bebidas”, señaló otra tripulante.

En cuanto a las camisas, blancas sin ningún tipo de vivo, los consultados recuerdan que antes eran 100% de algodón, y que siempre se buscó que las telas fueran ignífugas por si había alguna emergencia. Sin embargo, las actuales son 100 % de poliéster.

Además de los reclamos por la confección deficiente y la mala calidad de las telas, hay tripulantes de cabina que se quejan del diseño inadecuado y señalan que no contempla a un espectro amplio de personal, que va de los 20 a los 55 años. En particular, se refieren a la cintura alta de las polleras tubo y de los pantalones para el personal femenino, y a las chaquetas tipo torerita. “Necesitamos un uniforme que favorezca los distintos tipo de cuerpos, no solo a las superflacas. Porque el talle alto en una pollera y la chaqueta corta pueden ser elegantes, pero no les queda bien a quienes tienen cadera grande”, observa otra azafata en diálogo con esta revista.

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