Opinión / 1 de marzo de 2013

Grietas en el espejo

Juan Pablo Schiavi, el ex secretario de Transporte, señalado por los familiares de las víctimas de Once. CFK también fue silbada.

Desde hace varios años, la política argentina gira en torno a la relación de Cristina con los demás. Por razones que siguen siendo un tanto misteriosas, sobre todo para los crónicamente desconcertados dirigentes opositores, la Presidenta ha logrado forjar un vínculo personal muy fuerte con funcionarios y legisladores que actúan como autómatas serviciales, una claque de empresarios aplaudidores que la siguen a todas partes, aquellos intelectuales orgánicos que procuran convencernos, en prosa a menudo barroca, de las bondades del modelo o proyecto kirchnerista, los militantes gritones de La Cámpora que van por todo y confían en conseguirlo, los que la apoyan por motivos que podrían calificarse de pragmáticos, entre ellos los beneficiados por las extensas redes clientelares que el Gobierno ha tejido y, huelga decirlo, los muchísimos ciudadanos rasos que le aseguran una reserva electoral nada despreciable.

¿En qué se basa está relación fundamental? Puede que en nada más que una ilusión colectiva, en la voluntad de millones de individuos, la mayoría sumida en la pobreza extrema, de creer que, por fin, la Argentina ha encontrado el camino que la conducirá a una utopía modesta, combinada con el temor a la inestabilidad que sería la antesala de otro derrumbe calamitoso que los privaría de lo poco que han conseguido conservar. En cierto modo, se trata de un ejemplo político del fenómeno de “cristalización” que, según el novelista decimonónico francés Stendhal, hace que los enamorados atribuyan a una persona determinada cualidades que, a juicio de los inmunes a sus hipotéticos encantos, no posee. Stendhal ilustró la idea señalando que, “si se echa una rama seca y deshojada en una de las minas de Salzburgo”, el día siguiente se verá convertida en “una especie de ensamblaje de diamantes”.

En otras latitudes, equipos bien remunerados de asesores profesionales ayudan a políticos nada carismáticos a dotarse de imágenes relucientes, transformando, merced a la publicidad y apariciones públicas cuidadosamente escenificadas, “ramas secas” en “ensamblajes de diamantes”, pero parecería que Cristina no tuvo que recurrir a tales especialistas porque tantos querían que fuera la líder indicada para sacar al país del pantano en que se hundía. Bien que mal, las circunstancias se las arreglaron para ahorrarse la necesidad de hacerlo.

Por ser tan importante la relación personal y en buena medida subjetiva, ya que depende de las emociones y en el deseo de creer, cuando no de dejarse engañar, de cada uno, de Cristina con los distintos sectores que la respaldan, cualquier cambio de la imagen presidencial tendrá un gran impacto político. De difundirse la sensación de que la Cristina auténtica es en verdad una persona muy diferente de la imaginada, podría romperse de repente el vínculo en que se sostiene el orden al que nos hemos acostumbrado, lo que desataría una crisis generalizada ya que para llenar el vacío otro dirigente tendría que motivar ilusiones parecidas a las que se han cristalizado en torno a la figura de la santacruceña adoptiva.

 

Comentarios de “Grietas en el espejo”

  1. Siempre leo los análisis sociológicos del Sr.Neilson. Comparto muchas ideas otras no como su admiración a un primer mundo que lo es gracias a sus propios méritos,eficiente entre los que se encuentra la explotación de los país subdesarrollados a través de sus salvajes empresas. Hace excelente descripción de los males propios y bastante pobre de la situación internacional y los males desencadenados por esos muy bien vestidos empresarios y hábiles habladores políticos del llamado primer mundo.
    Cómplices útiles los caudillos latinoamericanos que los ayudan a completar el genocidio internacional que vive desde hace siglos la humanidad.
    Si le interesa discutir el tema estoy a su disposición.

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