Costumbres, Sitios Externos / 23 de diciembre de 2016

Evolución del corpiño: ahora, lolas “pocket”

La historia del soutien es un símbolo del modo en que las mujeres miran su cuerpo. La moda: pechos más chicos y con forma.

Por

Juana Viale, IT girl y abanderada de las lolas naturales o "pocket".

Hay pocas prendas más rupturistas y perturbadoras. Pocas prendas que puedan influir tanto en la apariencia y sensualidad de una mujer, aún sin estar expuestas. Pocas prendas más modificadas, estudiadas y debatidas a lo largo de los años. La del corpiño es una historia larga y rica, que ha acompañado a las mujeres desde los tiempos del Imperio romano y que ha ido perfeccionando era a era su función de sostén, tanto físico como de autoestima e imagen. Pequeño pero poderoso,  he aquí uno de los máximos íconos femeninos en permanente evolución.

DE AYER A HOY. El año pasado, un video que lanzó la revista Glamour se viralizó con rapidez: mostraba, en apenas dos minutos y medio, la evolución del corpiño y los estilos que trajo con él, presagiando incluso cómo sería el del 2100.
Si bien no está claro exactamente en qué año comenzó a usarse, se sabe que las mujeres de Roma y Grecia utilizaban una tela de seda para cubrir sus pechos, un poco para evitar la gravedad y otro tanto para esconderlos.
Hacia 1550, en tanto, Catalina de Médicis fue la culpable de introducir al mundo el corset con el fin de lograr una “cintura de avispa” (y hasta se llegó a prohibir las cinturas anchas para asistir a la Corte Real de Francia). Y aunque hoy celebrities, como las hermanas Kardashian, los usan a diario y se jactan de ello, estos elementos dolorosos implicaron varios siglos de tortura femenina. Las rígidas varillas ajustaban el diafragma sin distinguir invierno o verano, y los desmayos y hasta los abortos eran moneda corriente.
Con estos antecedentes, el primer sujetador vio la luz en 1866, en una versión hecha de cable y seda. Y en 1869, la modista Herminie Cadolle diseñó una prenda que separaba en dos el corset y la pieza que sostenía el pecho. Para que ganara movilidad, le incorporó otros elementos de caucho y lo denominó “le bienêtre”, el bienestar. Unos años después, se lanzó en los Estados Unidos el primer sujetador con aro. Pero a pesar de estas novedades, el corset seguía reinando. Por ello, Mary Phelps Jacob, miembro de una familia de inventores, decidió cortar la aparatosa prenda justo debajo del pecho y unirla con un par de tirantes. Su patente quedó registrada el 3 de noviembre
de 1914 y es lo que se conoce como el primer sostén moderno. Lo que terminó de sepultar el corset, por su parte, fue un hito que pasó a la historia: en medio de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos les pidió a las mujeres que donaran sus estructuras metálicas para ayudar a construir naves de guerra. La liberación se convirtió entonces en 28.000 toneladas de hierro y una nueva resistencia.
El devenir del siglo XX transformó a la moda en la gran impulsora del corpiño moderno.
Desde las páginas de “Vogue” y el influjo de Hollywood, los escotes sugerentes y sensuales empezaron su reinado. El corpiño sin breteles que usó Jane Russell en “El bandido” fue un antes y un después, y las figuras despampanantes se convirtieron en la iconografía de la época. Unos años más tarde, la modista Ida Rosenthal inventó los talles y las copas, creando una línea
de soutiens que realzan la figura femenina a toda edad, identificándolos con letras de la A a la D.
Para mayo de 1969, las feministas y la quema de corpiños en busca de libertad opacaron por algún tiempo su evolución, pero el movimiento natural no duró tanto. El mundo siguió cambiando, el Muro de Berlín cayó, y unos años más tarde esta prenda también se volvió sinónimo de revolución en su mismo uso, como demostró Madonna junto a Jean Paul Gaultier al usar un corset con tazas en forma de cono (a este tipo de corpiño se le llamó “bullet” y lo popularizaron Marilyn Monroe y otras estrellas en los ’50). El revival de Gaultier prenunció el triunfo del Wonderbra de los ’90.

ASÍ LLEGAMOS A HOY. Con múltiples marcas disponibles en el mercado, la misión actual parece ser acercarse a las necesidades de la usuaria, y así ha evolucionado su diseño. “Depende del día, la semana o el mes, la mujer busca distintas cosas en un corpiño”, apunta Martín Kairuz, gerente general de Triumph. “A diario, buscan comodidad, sostén. Que por supuesto se relaciona con cada cuerpo y lo que requiere. La mejor situación es llevar el corpiño como una segunda piel, tener ropa interior pero no sentirla”. Aunque a veces la misma prenda es un accesorio y se juega a mostrarla, en líneas generales la buena ropa interior es la que resalta más
favorablemente la exterior.

En este sentido, la búsqueda actual de innovación por parte de las empresas de corpiños tiene que ver con la tecnología aplicada al confort. Así, Triumph, por caso, presentó “Magic Wire”, un corpiño que utiliza un aro flexible logrado a través de la combinación de siliconas, proporcionando el soporte de un aro metálico pero sin la incomodidad convencional que estos suponen. Según revela la marca, esto permite mantener la forma y la postura del busto, resultando casi imperceptible al usarlo. “Además de esta tecnología, se valoran los avances en las telas, como las antibacterianas, las planas o las ultrasuaves con aloe vera”, agrega Kairuz.

LA MODA DICTAMINA. Más allá de la evolución de materiales y avances tecnológicos, la realidad es que es el modo de vestir de cada época es lo que va marcando la forma que debe tener la ropa nterior. El pudor, la comodidad, la seducción o la protección han sido la base para la creación de los modelos que marcaron cada era. Y asimismo, para definir cuánto mostrar o, en décadas más cercanas, cuánto tener.
Es que desde hace varios años, lo que natura non da es posible conseguirlo en el cirujano plástico. Y así, son muchísimas las mujeres que se agrandan el busto para lucir un escote más relleno. En los ’90, las supermodelos popularizaron un estereotipo que impulsó a muchas al quirófano y pobló la calle (y las playas sobre todo) de lolas redondas a lo Barbie. Desde el mercado, la respuesta fue el auge del “push up”. “Ese cambio tuvo que ver con un descenso en las inhibiciones”, retoma Kairuz.
“El push up es una herramienta que usan los corseteros para que el escote ‘balconee’ y se asome más. Y una de las cosas que distinguen a Triumph es la moldería para fijar el busto en el lugar deseado”, apunta.
Dieciséis años después, la moda ha dado la vuelta y decreta que para ser elegante no hay que tener demasiado escote. Y sí, muchas volvieron al quirófano, esta vez para quitarse implantes. Hasta Pamela Anderson se sacó en 2012 aquellos que le habían traído la popularidad en la serie Baywatch”, y otras que habían nacido bien dotadas, como Salma Hayek o Sofía Vergara, se quitaron un poco de lo propio con tal de ganar distinción. Los corpiños sin relleno ni aro, y hasta de tinte deportivo, se han subido al ring de la competencia. “En los ’90 se buscaba volumen, y hoy se busca forma. Esto hizo cambiar los tipos de prótesis, que antes eran 100% redondas y en la actualidad tienen silueta de gota. Y eso marca qué busca la mujer, que ya no quiere ser superpulposa, sino simplemente tener un poco más de lo que tiene, pero con forma”, describe el doctor Julio Dorr, cirujano plástico. A la vez, resalta que ya hay mujeres que buscan mejorar la fisonomía de aquello que tienen. “Creo que es lo que se viene para el futuro, poca mama pero con forma”, apunta.
¿Y qué sucede entonces con la moda? Los escotes de vértigo no han desaparecido, sino que aprovechan esta “falta” para hacerse más pronunciados y seductores, visibles en múltiples alfombras rojas. Aquí mismo, algunas embajadoras de este estilo son Valeria Mazza (que soportó estoica la moda de los ’90 sin operarse), Calu Rivero, Eugenia Tobal y Juana Viale. O hasta Jimena Cyrulnik, que se operó recientemente para bajar tres talles, porque consideraba que tenía demasiado para su físico menudo y que “no las llevaba con la actitud que una tiene que llevarlas”. Las lolas “pocket”, como se ha dado en llamarlas, son hoy las más deseadas (al menos por ellas).
El corpiño ha recorrido un largo camino. Con o sin aro y hasta comestibles o con diamantes, las opciones son tan amplias como el gusto de quien lo porte. Pero algo las unifica: sigue evolucionando con las mujeres, siendo siempre el sostén más fiel.

 

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