Arte / 21 de Febrero de 2017

“Hernán Dompé. Barcas, guerreros y otros mitos”: Antiguas memorias

En el Museo de Arte Tigre. Paseo Victorica 972. Miércoles a viernes, 9 a 19; sábados, domingos y feriados de 12 a 19. Entrada, $ 50.

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Encuentros. Las esculturas de líneas contemporáneas de Hernán Dompé remiten a lo ancestral, integran una mitología personal.

Museo de Arte Tigre celebró sus 10 años a fin de 2016 con la inauguración de la retrospectiva “Hernán Dompé. Barcas, guerreros y otros mitos”, con 90 piezas de los años ‘70 a la actualidad, incluyendo tres instalaciones de los ‘80, ‘90 y 2000.
Hernán Dompé (Buenos Aires, 1946) comenzó a exhibir en 1966 su trabajo que, como él mismo dice, “se centra en todo lo que me interesa en mi vida, desde mi niñez hasta estos días.
Ya sean los viajes, los barcos, herramientas, las armas y muchas situaciones que me marcaron a fuego”.
Dompé talla la piedra y la madera pero también, mayormente –en su obra escultórica de menor tamaño–, trabaja a partir de elementos encontrados, resignificados. Arma sus tótems, barcas, peces, guerreros, comadres, herramientas, ballestas, a partir de materiales preexistentes, dispares, tan fragmentarios como la realidad. Sus obras, de líneas contemporáneas que remiten a lo ancestral, permiten una aproximación a la naturaleza y a lo sagrado, que desde su punto de vista es casi lo mismo.
La curadora, y directora de MAT, María José Herrera, subraya que la obra de Dompé “se lee como un libro tridimensional donde cada página presenta nuevos personajes que se relacionan con los anteriores y los siguientes”. La muestra, que por su despliegue parece un cónclave de sigilosas presencias, ocupa las salas 1, 2 y 3 de la planta baja del museo, un bello edificio del antiguo Casino Tigre Club de estilo ítalo-francés de fines del siglo XIX.
Esculturas y objetos parecerían ser “protagonistas de una gran puesta en escena de la humanidad toda”.
El taller de Dompé, que desde hace años vive y trabaja en Capilla del Monte, Córdoba, está en una ex caballeriza, junto a un patio ubicado en un sector del parque de su casa. Allí trabaja cuando hace buen tiempo bajo la sombra amiga de un aguaribay, acompañado del verde de la vegetación.
Aunque su casa dialoga bien con el entorno, este no parece ser la fuente de inspiración para su trabajo. Pero, suma materiales que le devuelve el río –al que va asiduamente a pescar con mosca (“hago pesca y devolución”, dice)– o que encuentra en la montaña que tiene cerca de su casa.
Las piezas tienen otras fuentes recónditas y misteriosas que sólo el artista conoce. Aún cuando, tras graduarse en la Escuela Nacional de Bellas artes Prilidiano Pueryrredón, estudió y viajó por Europa, el artista reconoce que su extensa recorrida por México y Perú, a finales de los años ’80, fue definitoria para su producción artística.
Con elementos orgánicos, con el calor como base y con el frío de los metales –llaves, broches, ganchos–, Dompé invita a la reflexión frente a sus misteriosos y bellos objetos. ¿Son barcas para andar, música para imaginar o tótems para orar? Multipremiado, recibió el Gran Premio de Honor Escultura, Salón Nacional Artes Visuales 2000. 

 

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