Política, Sin categoría / 3 de Abril de 2017

El “puteómetro” de Cristina: sus exabruptos bajo la lupa

La expresidente muestra su costado más agresivo. Expertos analizan los rasgos de personalidad de una puteadora serial.

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“No es lo mismo decir que una persona es tonta a decir que es un pelotudo. El secreto de la palabra ‘pelotudo’ esta en la letra ‘t’. Analicémoslo. Anoten las maestras”, enseñaba el escritor Roberto Fontanarrosa en el Congreso de la Lengua Española del 2004. Lo que no puede haber imaginado el célebre artista es que su defensa de las malas palabras sería un buen alegato para un ex presidente: Cristina Kirchner tendría que recurrir a ese discurso para mostrar que lo que dijo en privado a su ex secretario Oscar Parrilli no fue tan grave. Aunque sí lo fue.

En este striptease psicológico al que se pudo acceder gracias a las polémicas filtraciones de sus conversaciones privadas con Parrilli, la ex mandataria quedó al desnudo. No es que nadie hubiese imaginado los modos de la jefa que con frecuencia los funcionarios (siempre en off) develaban, o los destratos a los que sometía a sus adversarios políticos. Pero de allí al lenguaje explícito que incluye “hits” como “la concha del mono”, “son unos hijos de puta” o “que se suturen el orto”, hay una distancia importante.

Estimado lector: es necesario aclarar que, tras una exhaustiva búsqueda de archivo, se puede asegurar que las palabras que leerá en esta nota no fueron publicadas en los 27 años de esta revista. Pero son reproducciones de lo que un ex mandatario dice y, por lo tanto, no habrá puntos suspensivos que tapen las palabras. Por otro lado, si algún menor de edad está leyendo esta nota se recomienda que no lo haga. O sí. De hecho, hágalo atentamente, aquí aprenderá cómo habla en privado una persona que ejerció el cargo político más importante del país.

Soy yo, Cristina. El derrotero escatológico de Cristina Kirchner comenzó en enero, cuando Oscar Parrilli atendió el teléfono y preguntó quién era su interlocutor: “Yo, Cristina, pelotudo”, se escuchó. La frase se viralizó y se convirtió en ringtone, memes y remeras. Netflix aprovechó para presentar una nueva temporada de su serie política más famosa, “House of cards”, con su versión de “Soy yo, Frank, pelotudo”. No fue su insulto más fuerte, pero por ser la primera que se hace pública será histórica.

“Resulta evidente la marca de ‘dominio’ que manifestó el empleo de ese término en concordancia con el tono despectivo que evidencia la grabación” analiza para NOTICIAS la doctora en lingüística de la Universidad de San Andrés, Silvia Ramírez Gelbes. Y agrega: “En ese caso, entonces, el uso de una palabra grosera funciona como señal de los posicionamientos sociopolíticos de los interlocutores: socialmente, sólo un superior está habilitado para aludir así, en segunda persona, a un subalterno. En esa situación, Cristina Kirchner no sólo lo insultaba –¿amistosamente?– a Parrilli, también le estaba diciendo ‘Acá, la que manda soy yo’”.

Parrilli, ex titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), tenía el teléfono intervenido por un requerimiento judicial a raíz de una investigación por el supuesto encubrimiento de Ibar Pérez Corradi, causa en la cual fue sobreseído el 27 de marzo por falta de mérito.
En total, escucharon al ex funcionario K durante dos meses, a mediados del año pasado. Y de allí surgen todas las conversaciones con la ex presidenta y la colección de expresiones soeces que son motivo de esta nota.

“Basta Macri, ahora me denuncian por decir malas palabras” se defendió Cristina en la red social Telegram tras la primera filtración. Faltaban muchas más.

En febrero se conoció la transcripción de otro audio. Como la primera vez, gran parte de la conversación giraba en torno a su enfrentamiento con el ex espía Antonio “Jaime” Stiuso. Pero por momentos los dardos apuntaban a su propio equipo. Allí se produjeron los derrapes: “Es un traidor hijo de puta”, dijo sobre el senador Miguel Ángel Pichetto, el líder del bloque del Frente para la Victoria en la Cámara alta. Y ante la consulta de Parrilli sobre si participaría en el Congreso del PJ llegaría otro exabrupto inédito: “Ni en pedo. Que se suturen el orto”.

Un mes después, a fines de marzo, aparecería la charla más urticante de Cristina. La ex presidenta explotaría luego de que su ex secretario le dijera que desde la Unión Industrial Argentina habían salido a quejarse.

Cristina Kirchner: Pero ellos que se vayan a la concha de su hermana, ojalá se fundan todos.
Oscar Parrilli: Sí, que se jodan.
Cristina Kirchner: Hijos de puta, fueron todos los que fugaron guita. Ojalá se fundan todos los de la UIA, ojalá se recontra refundan todos y terminemos trayendo azúcar de Cuba o de la China o de la concha del mono.

En esa conversación, Cristina calificó a José Luis Gioja de “pelotudo”, a Sergio Massa de “flojo” y a Mauricio Macri de “mafioso”. Es cierto, a su favor las últimos dos no son puteadas en el término estricto de la palabra.

Rabietas. Según Ramírez Gelbes: “Las expresiones tabú siempre se han usado para hacer una catarsis en una situación de crisis o de estrés. Incluso cuando se las usa como un insulto –es decir, sin que sean proferidas al aire sino en contra de una segunda persona– tienen este valor catártico”. Para la lingüista, “en el caso de Cristina Kirchner, sin importar que haya sido presidenta de la Nación, el empleo de palabras de este tipo, por lo menos según muestran estas grabaciones, parece bastante frecuente. Su discurso enérgico y apasionado recurre repetidamente a la catarsis”.

Sus rabietas no son extrañas para los funcionarios que fueron parte de su gestión. Muy pocos se animaban a contradecirla o llevarle datos negativos a su despacho. Hasta sus más leales lo sufrieron: NOTICIAS contó en reiteradas ocasiones sus cruces con Guillermo Moreno, los retos a Carlos Zannini y las chicanas a Alejandra Gils Carbó. Escucharla, claramente, tiene otro valor.

No conozco líderes mundiales que hayan sido tan chabacanos”, asegura la doctora en sociología y licenciada en letras Adriana Amado. Y completa: “Aún Rafael Correa, que es bastante agresivo, tiene un discurso altanero pero nunca procaz, porque es bastante conservador en ese aspecto”.

La cuestión de género también juega su parte, sobre todo luego de la muerte de Néstor Kirchner, que le hacía de dique de contención ante muchos problemas. Hacerse respetar en un ámbito plagado de hombres, como suele ser la política, le hizo desarrollar –o perfeccionar– un lenguaje soez.

Para la investigadora, ese estilo “un poco de barrio, un poco de retórica legislativa”, es lo que encanta a sus seguidores. Aún con los exabruptos. “La ex presidenta nunca fue una persona destacada por su cultura general. No le interesó asistir a teatros o museos, no hace gala de sus lecturas, más allá de su curiosidad por la política”, completa Amado.

Tuvo dos grandes maestros: el más cercano, Néstor. Su ex marido fue un hombre de furia fácil, insultador y hasta capaz de dar un cachetazo a algún súbdito cuando las cosas no salían bien. El segundo, su madre: Ofelia Wilhelm. Dicen quienes la conocen que es una puteadora profesional. La platea del club de sus amores, Gimnasia y Esgrima de La Plata, fue el ámbito predilecto para dar rienda suelta a su pirotecnia verbal.

Modo agravio. Los exabruptos no son propiedad exclusiva de Cristina Kirchner. De hecho, la descalificación es un síntoma de esta época. “Usted sin nada es una pobre vieja enferma y sola peleando contra el olvido y arañando desesperada un lugar en la historia que ojalá la juzgue como la mierda que fue”, le dijo el periodista Jorge Lanata a la ex presidenta.

Los periodistas Roberto Navarro, Hernán Bienza, Paulo Vilouta y Eduardo Feinmann lanzaron insultos en vivo. Los políticos Guillermo Moreno y Luis D’Elía se cansaron de destratar a opositores.
Sin embargo, el hecho de escuchar a una ex presidenta insultando agrava la situación.

El embajador en Ecuador, Luis Juez, uno de los funcionarios más reconocidos por su lenguaje popular, explica: “Yo no les tengo miedo a las palabras, pero lo de Cristina es un lenguaje procaz, soez. En la boca de una ex mandataria queda horrible. Es una maltratadora profesional”. Y concluye: “El presidente tiene que ser un ciudadano ilustre, más destacado que el resto”.

“Por qué son malas las malas palabras, ¿son malas porque les pegan a las otras palabras? Tienen actitudes reñidas con la moral, obviamente”, decía Fontanarrosa en un discurso que quedó inmortalizado. Así como quedarán los exabruptos maltratadores y catárticos de Cristina Fernández de Kirchner.

 

18 comentarios de “El “puteómetro” de Cristina: sus exabruptos bajo la lupa”

  1. La están espiando en su intimidad de manera ILEGAL , a una ex presidente y su inestidura! . Y uds se ocupan de analizar “malas palabras”? Estan muy mal

  2. La investidura presidencial debe ser preservada, con un comportamiento estricto en sus dichos, honrando el cargo respetando y haciéndose respetar.-

  3. Demostró con sus insultos lo que ha sido como presidente y lo que es como persona. Maleducada, prepotente, soberbia y resentida.

  4. CUANDO ESCUCHO AL TILINGO, IGNORANTE, BRUTO, MENTIROSO, INGENIERO TRUCHO Y LADRO.N QUE TENEMOS COMO PRESIDENTE MÀS EXTRAÑO A CFK

    1. SEBA, ¿en qué planeta vivís? Tlinga, bruta, mentirosa, abogada trucha y ladrona es tu amada CFK. Seguramente sos de la misma calaña.

    2. Seguro. Si CFK es el ejemplo de la honra nacional. Toda gente honesta. De robar no hablar….los kirneristas son desopilantes !!

    3. prefiero la ignorancia honesta a los discursos grandilocuentes de la impresentable que, con verbirragia y retorica de ideologias extrangeras (cuba, rusia y hasta china) se robo hasta las servilletas de papel NO VUELVEN MAS!

    4. Cuando leo a tipos como vos más me alegro de haber votado a Macri para sacar la mier da del gobierno. Saludos, y como dijo el falopero máximo, el futbolista no el hijo, LA TENÉS ADENTRO!!!

  5. Qué otra cosa se podria esperar de una pobre villera: groseria, ordinariez, procacidad, mala esducacion . . .tipico de una pobre mina cuyo nivel intelectual es bajo. Pobrisima imagen.

    1. PRESIDENTA CON FRAUDE = TRUCHA,
      ABOGADA SIN TITULO = TRUCHA,
      ARQUITECTA EGIPCIA = TRUCHA,
      TITULO SECUNDARIO? FORMULA DEL AGUA (HACHE DOS O)? = TRUCHA,
      ING. AGRONOMA LA SOJA ES UN YUYO = TRUCHA,
      PRESIDENTA, Y NO PRESIDENTE = TRUCHA,
      NUEVA RICA O CROTA CON PLATA? = TRUCHA,
      CULTURALMENTE SIN ALTURA = TRUCHA,
      MUJER CON TANTAS TRUCHADAS = RECONTRA TRUCHA !!!

  6. Hace larguísimos años que remo contra la corriente. Pero no estoy solo, como decía Lennon en su célebre “Imagine”. Sin embargo, sé que con este comentario no sólo no hallaré eco en el escritor sino que, de yapa, me echaré en contra a todos los demás lectores que lo apoyarán, tildándome de lo que sea… En fin, es una cuestión de principios.
    Con recelo entré a leer su artículo, hasta llegar al final del párrafo dirigido al “Estimado lector”. Ahí me detuve y no pude seguir. No me siento un lector estimado; todo lo contrario.
    Desde hace décadas la sociedad ha venido siendo arrasada culturalmente por un tsunami de desvergüenza en el hablar, es decir, de la progresiva pérdida de ese elemental y natural sentimiento de vergüenza por hacer o decir lo inapropiado, por el temor al ridículo. Hoy ya no es así, porque la sociedad ha conseguido “surfear” sobre el tsunami, es decir, naturalizar ese proceder, y nadie ya se pone colorado por nada. Se hace y dice lo que se venga en gana, en cualquier lugar y delante de cualquier persona. No importa si el interlocutor o espectador comparte o no su forma de hablar o de actuar. Se hace en cualquier ámbito y en cualquier clase social: «el siglo veinte es un despliegue de maldá insolente ya no hay quien lo niegue, vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos.», Discépolo dixit.
    Al hablar con malas palabras, antes se le decía “el lenguaje de la calle”; desde hace mucho, “la calle” se adueñó del hogar, y los medios de comunicación contribuyen enormemente a la causa. Se cree, falsamente, que repetir las groserías de otro está permitido como un tributo a la verdad de lo que se comenta. No es más que una concesión a la corriente, que si uno no se pliega se expone al vituperio de los tiempos modernos y el progresismo.
    En definitiva, el uso de la palabra vulgar, grosera, obscena, solo revela dos cosas; la primera, el deseo intenso de herir con la palabra, como bien lo dijo Fontanarrosa en su ponencia acerca del peso específico de la pronunciación y acentuación del termino grosero. Ése es el objetivo de la mala palabra: agraviar, humillar. En segundo lugar, el uso de la mala palabra revela una notoria impotencia para poder expresarse de otra manera. Tanto es así, que hasta para elogiar, exaltar, o simplemente dirigirse a otra persona, se usan los términos más injuriosos.
    Nada de lo que digan Fontanarrosa, García Márquez o cuantos pretendan justificar el vocabulario procaz licuará su naturaleza inmoral.
    Concluyo citando una experiencia de estos días: en un programa radial matutino muy escuchado, un periodista relataba cierta noticia, diciendo que fulano había dicho una expresión que él no deseaba repetir; acto seguido, le pasó el micrófono a otro compañero, diciendo que seguramente él lo podría decir, lo cual, efectivamente, sucedió. Ahí, como oyente, me sentí estimado por alguien que pensó que no todos los que escuchan o leen comparten los mismos términos del que relata o escribe.

    1. A tu comentario, sólo puedo agregar mi propio asombro al ver que ahora el lenguaje carcelario comienza a expandirse entre los jóvenes, y los periódicos lo usan en los titulares.
      Es cierto que el lenguaje hablado es algo vivo, pero nosotros, más que permitirle evolucionar, lo estamos matando.

  7. lo único que no publicás es que todo esto surge de filtraciones ILEGALES, y que son expresiones dichas en un ámbito privado;tenés muchos títulos pero te falta sentido común y coherencia mental……….

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