Sociedad / 21 de agosto de 2017

En Argentina una niña es madre cada tres horas

Los casos de dos menores en Mendoza conmueven pero no son excepcionales.

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El frío dato estadístico se dice rápido y no demuestra la real dimensión del problema. Cada tres horas una nena argentina se convierte en madre. Sin embargo, detrás de este enunciado se esconde un verdadero drama. Dos casos acaban de sacudir a la provincia de Mendoza y pusieron en relieve una situación muchas veces acallada. Dos niñas, una de diez y otra de once años llegaron a distintos centros de salud con avanzados embarazos.

Según la poca información que las autoridades a cargo de las investigaciones han dado a conocer, ambas niñas resultaron embarazadas como fruto de sendas violaciones supuestamente por parte de familiares cercanos. En los dos casos, también la gestación no fue percibida por su entorno sino cuando ya estaban a punto de dar a luz. Esto, además, hizo imposible que se les pudiera aplicar el aborto no punible que se permite en estos casos por ley.

Pero detrás de los episodios que sacuden a la provincia cuyana se esconde una triste realidad. Las dos niñas mendocinas sólo vienen a engrosar una estadística que preocupa. Según datos de UNICEF, cada tres horas nace en nuestro país un bebé de una niña de entre 10 y 14 años. Esto significa que el 3,6 por mil de las mujeres que dan a luz son menores. De hecho, según el último censo nacional, el 1,7% de las chicas de 14 años es madre.

Desigualdad

Según explican desde UNICEF, los embarazos infantiles no tienen una solo causa, sino que “están asociados a un ‘entretejido’ de factores: pobreza, uniones tempranas, exclusión/abandono de la escuela, violencia sexual, falta de educación sexual integral a edades tempranas y ausencia de servicios de salud accesibles y amigables”. Así, por ejemplo, la tasa de niñas que dan a luz se dispara a 5,17 en provincias más pobres como Chaco y se reduce drásticamente en Capital Federal (0,39).

Sin embargo, detrás del análisis subyace un problema mayor: el fantasma del abuso sexual. En los dos casos que se conocieron en Mendoza, las niñas fueron víctimas de abuso por parte de personas cercanas, un tío, en un caso, y el padrastro en el otro. Según consignó la representante de UNICEF en Argentina, Florence Bauer, “el abuso sexual en la infancia ocurre mayormente dentro de las familias, y se oculta o se naturaliza”. De hecho, según aseguran desde el programa de Naciones Unidas, “una parte de los casos de embarazos precoces son producto de una violación” y aunque la cantidad no se sabe con exactitud y no existen registros que puedan brindar una aproximación, desde UNICEF insisten en señalar que todos los embarazos en menores de 15 años se inscriben en historias de vida atravesadas por la violencia, ya sea sexual o de género y física o verbal.

Más aún, desde la institución aseguran que en determinados contextos, las adolescentes y sus familias no cuentan con herramientas para identificar y comunicar a los organismos del Estado las situaciones de abuso sexual. Según una estadística reciente difundida en el marco de la campaña “Rompé el silencio”, una de cada cinco chicas y uno de cada trece chicos sufrieron abusos sexuales.

Insuficiencia

Al pertenecer en su mayoría a los hogares con necesidades básicas insatisfechas, las niñas y sus familias se encuentran desamparadas. Allí donde el estado no llega es donde se encuentra la mayor cantidad de nenas en riesgo y, además, la educación para prevenir casos futuros y sembrar conciencia también escasea. Según Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLa) en la ciudad de Buenos Aires, una de las regiones con menor tasa de embarazo infantil, los jóvenes reciben sólo dos horas anuales de educación sexual. Según explicó una de las integrantes de esta agrupación, la educadora Laura González Velasco, la aplicación de la ley 26.150, de educación sexual integral tiene un rasgo biologicista que deja afuera otras problemáticas. “Un 82% de jóvenes no recibió contenidos de prevención de violencia hacia las mujeres y un 89% no abordó prevención de abuso y acoso”, detalló.

Mientras la Justicia mendocina sigue avanzando contra los dos abusadores, lo cierto es que no se trata de un problema aislado en el país, sino de una realidad acallada que azota a las niñas más vulnerables.

 

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