Personajes / 2 de enero de 2018

Joy Spence: “No me creen cuando digo mi profesión”

Es la primera mujer master blender del mundo gracias a su olfato super agudo. De la química al desarrollo (extra) sensorial.

Describe al ron como una bebida compleja e intrigante. Una definición que, por ósmosis, también le cabe a ella. Joy Spence es la primera maestra ronera del mundo y master blender de Appleton Estate, la marca jamaiquina Premium que acaba de lanzarse en Argentina. ¿Cómo llego esta señora de carcajada suelta a convertirse en artesana de un brebaje intenso que, con elementos absolutamente naturales, logra impregnar de aromas la copa incluso hasta el día siguiente de tomarlo? Empecemos por el principio. Una profesora de colegio le inculcó el amor por la química. Ella se quedaba después de clase para ayudarla a preparar el trabajo de laboratorio para los cursos superiores. Aprendió tanto que podía ayudar con sus lecciones de química a quienes estaban en cursos más avanzados. Aquella maestra estaba embarazada, debió ser internada imprevistamente y falleció. “Yo quedé devastada y decidí que, en su honor, iba a transformarme en la mejor química”.

Se graduó con honores como Licenciada en Ciencias de la Universidad de las Indias Occidentales, Jamaica, y obtuvo una Maestría en Química Analítica en la Universidad de Loughborough, Inglaterra. Hasta 1981, ni siquiera tomaba ron. Por entonces, ella era investigadora química en una conocida compañía de licor y veía que había mucho más movimiento en el edificio de al lado, donde funcionaba Appleton Estate. Decidió dejar un CV, tuvo una entrevista y a los días le ofrecieron un puesto que crearon especialmente después de ver sus antecedentes.

Noticias: ¿Pensó que su profesión la llevaría a producir bebidas espirituosas?
Joy Spence: No, absolutamente no, pensé que iba a trabajar en un laboratorio farmacéutico o como docente, cosa que también hice. La verdad es que yo ni siquiera tomaba ron.

Noticias: Parece que tuvo grandes referentes: primero, aquella profesora de colegio y, luego, el master blender de Appleton Estate.
Spence: Sí, Owen Tullock fue mi segundo mentor, quien me enseñó todo lo que yo sé de blending. Trabajamos juntos 17 años, antes de que me nombraran master blender en 1997.

Su madre le puso Joy aludiendo a que el propio significado de ese nombre –alegría- es lo que ella llevó a su familia.“Fui criada por mis padres adoptivos. Mi madre biológica era amiga de ellos pero no estaba en posición de poder cuidarme”. Aun así, su madre biológica convivió con ella y su familia adoptiva durante cinco años. Joy también conoce a sus hermanas de sangre. “Sé que es un proceso de adopción raro, pero es muy interesante la historia. Suelen preguntarme si siento odio por mi madre biológica y digo que no, que tomó una decisión muy sabia porque me dio a alguien que me iba a poder criar mejor”.

Noticias: Y usted aprovechó la posibilidad y fue abriéndose camino exitosamente.
Spence: Sí, mis padres creían que la única forma por la que uno puede tener éxito es por medio de la educación. Yo creo que hay como una pequeña estrella que Dios me puso y que me guía porque siempre me pasaron cosas fantásticas (se sonríe), y sigo obteniendo premios y premios (se ríe).

Habla de una pequeña estrella. Más adelante, se animará a develar una conexión más profunda con el universo. Spence vive con su marido, ya jubilado, en una casa en la base de una sierra de Kingston, rodeada de árboles frutales y orquídeas, que ella misma produce. Tiene una hija de 34 años y un hijo de 29. Su crecimiento profesional fue en paralelo con el de su familia. “Hubo períodos más duros cuando había problemas de producción y me tenía que levantar a las dos de la mañana. Como la planta está ubicada en un lugar no muy lindo para ir de noche, con mi marido agarrábamos a los chicos, los poníamos en el auto e íbamos a la planta”, se ríe con ganas.

Noticias: Dice que el blending es la combinación del arte y de la ciencia, ¿en qué porcentaje se da cada una de esas variables?
Spence: No sé dónde empieza el arte y dónde finaliza la ciencia, es una fusión de los dos. Es un proceso sorprendente que depende de las habilidades sensoriales junto con los conocimientos técnicos y la creatividad. También hay que tener pasión.

Noticias: ¿Sabía que tenía esas habilidades sensoriales o fue un descubrimiento?
Spence: Desde chica podía distinguir distintos aromas, pero no imaginé que lo iba a poder utilizar como base para mi carrera. Cuando empecé a trabajar en la compañía, mi mentor fue ayudándome para desarrollar ese potencial e identificar los aromas.
La marca tiene 268 años de historia y Spence ella vino a la Argentina a presentar tres variedades: SignatureBlend, Reserve Blend y RareBlend 12 Year Old. Se fascina explicando que la bebida es elaborada con cañas de azúcar cultivadas en una hacienda propia, rodeadas de colinas de tierra caliza y manantiales de agua turquesa que le dan al ron un ligero dulzor. No existen atajos para el añejamiento, lograr el sabor, asegura, implica años de dedicación.

Noticias: El tiempo es una variable vital para la producción de ron, ¿cómo se lleva con la ansiedad?
Spence: Estamos acostumbrados a este proceso de añejado, siempre hay stock disponible, no es que uno va a tener que sentarse a esperar doce años, ya uno tiene cantidades con las cuales ir haciendo el blending.

Noticias: ¿Fue más duro hacerse un lugar en esta industria siendo mujer?
Spence: No, porque ya sabían que yo era química y porque trabajaba con el master blender anterior. Pero uno de los obstáculos que encuentro es que cuando en migraciones me preguntan por mi ocupación, nunca me creen. Por ejemplo, en el aeropuerto de Miami, cuando le dije al oficial de la aduana que era master blender de ron, me dijo: “De todas las profesiones que pudiste haberme dicho, ¿por qué elegiste esta?” (se ríe a carcajadas), hasta que otra oficial me reconoció de haberme visto en un programa del canal TravelChannel y dijo: “Oh, Dios mío, es la mujer del ron”, y me abrazó (vuelve a reír), así que el primero quedó muy avergonzado.

Le gusta ver qué cara pone la gente cuando toma ron, sobre todo quienes no probaron antes esa bebida. Ella saborea por primera vez una visita a Buenos Aires y está fascinada con haber descubierto en Puerto Madero al mejor restaurante del mundo, según su propio veredicto: “Nunca tuve una experiencia gastronómica como la de Chila, fue maravilloso, la presentación, los sabores, yo preguntaba si se comía o era decoración. Le saqué una foto a los platos para mandárselas a un chef amigo de New York”.

Noticias: ¿Qué desafíos supone traer la marca a la Argentina?
Spence: Según tengo entendido, no hay muchos rones aquí, lo que implica una gran oportunidad para crecer, por eso tomaron la decisión de introducir el Appleton Estate. En líneas generales, la categoría Premium está creciendo, la mayoría de los consumidores no la conocen y para tener éxito, tenemos que pasar mucho tiempo educándolos, para que entiendan la diferencia entre un ron estándar y uno Premium.

Noticias: ¿Es real que el ron está posicionándose muy bien entre los millennials?
Spence: Sí, especialmente el Premium.

Noticias: ¿A qué lo adjudica?
Spence: Creo que tiene que ver con que es más complejo y versátil, especialmente el Appleton Reserve. En Jamaica lo mezclamos con agua de coco o lo pueden tomar puro y es realmente delicioso. Lo ven como una posibilidad de cambiar y de no tomar tanto el estándar.

Noticias: ¿Cuál es su gran objetivo?
Spence: (Suspira y se ríe) Antes de retirarme, quiero que el Appleton Estate sea el primer ron Premium a nivel mundial (suelta otra carcajada).

Noticias: ¿Se imagina retirada?
Spence: Bueno, hay un momento en el que uno quiere disfrutar un poco la vida (vuelve a reír). En cambio, hay gente que trabaja y trabaja y, cuando se jubila, se muere.

Noticias: Pero parece disfrutar mucho de lo que hace.
Spence: Sí, es cierto, lo disfruto, conocer gente, experimentar distintas culturas y promocionar la marca.

Noticias: ¿Qué implica trabajar en ese paraíso donde, según la escuché decir, llueve todos los días a la misma hora?
Spence: Para mí Appleton Estate es como el secreto mejor guardado de Jamaica, está ubicado en una parte mágica del país, hay una geografía totalmente diferente, porque hay sequía en gran parte de la isla y, cuando uno atraviesa las montañas, llega a este valle increíblemente exuberante. La gente no cree lo de las lluvias hasta que no va al lugar y ve que se empieza a nublar a esa hora. Tenemos un centro de visitante y hay paraguas para todos porque hay que usarlos (se ríe mucho).

Noticias: ¿Cómo preservan ese microclima de las catástrofes naturales?
Spence: Esa es la bendición de Appleton, que está tan en el centro de la isla que está protegido. Casi no lo afectan los terremotos, tampoco los huracanes, solo la lluvia muy fuerte de vez en cuando.

Increíblemente, ella, que debe lidiar con el tiempo de añejamiento como materia prima del ron que produce, es dueña de la capacidad de anticiparse a lo que va a ocurrir. Ese es su propio secreto: Spence posee el don (o la condena) de ver qué le va a pasar a otros, una capacidad que heredó de su madre biológica y que también porta su hija, aunque en menor medida. Habla del tema midiendo las palabras. “Yo no puedo ver nada de mí pero sí de la gente que me rodea”. Así, sabe lo que le va a pasar a sus hijos y a su marido, por ejemplo. Hace unas semanas, mientras manejaba “vio” un accidente fatal. A los pocos días, en esa intersección de calles, murieron dos atletas. “A veces es difícil porque uno no quiere ver esas cosas”.

Noticias: Si visualiza que un conocido va a vivir algo malo, ¿trata de intervenir y evitarlo? ¿Le dice lo que le va a ocurrir?
Spence: No, me quedo yo con la información y le rezo a Dios para que no ocurra.

Noticias: ¡Qué pesada la carga!
Spence: Sí, sí.
Lo dice con una sonrisa enorme y franca, como si hubiera aprendido a convivir con lo que se (le) impone. Su propia vida le sigue siendo un misterio. Y ella sonríe.

 

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