Política / 19 de mayo de 2018

Horacio Verbitsky, sobre su época en Montoneros: “Tuve la suerte de no matar a nadie”

Con Walsh entró al semanario de la CGT de los Argentinos, y para cuando Onganía clausuró el diario, ya estaba listo para pasar a las Fuerzas Armadas Peronistas.

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Verbitsky junto a Perón.

Horacio Verbitsky, padre de cinco hijos -el mayor tiene 51 y la menor 34-, abuelo de varios nietos, dice que está en su mejor momento. Le dedica su vida al CELS y a su página, y cuando tiene tiempo libre lo pasa con su “familión”, o escucha jazz, lee, ve cine o fútbol. Camina todos los días por el barrio, y le escapa a cualquier red social. Planea seguir así por un tiempo largo. “No me pongo plazos. Mientras las cosas que publico las lea alguien, mientras molesten al Gobierno, voy a seguir”. Para continuar con esa molestia se cargó unas propias: hasta ahora, él se hace cargo de pagar las cuentas en El Cohete, en una redacción que incluye a cuatro personas. “Es mucho trabajo: aparte de mis columnas dominicales, soy el director, estoy en el diseño, corrijo a los colaboradores, busco publicidad. Me divierto”.

La vida de Verbitsky da para el libro que acaba de editar Siglo XXI -“Vida de Perro”- y para varios más. A mitad de los sesenta, el pensador Arturo Jauretche lo llevó a la editorial de Jorge Álvarez, donde conoció y se fue haciendo amigo de Rodolfo Walsh. Verbitsky, en esa época convulsionada, apenas pasaba los veinte años, y Walsh, con quince más, empezaba a ser una eminencia. Con el autor de “Operación Masacre” entró al semanario de la CGT de los Argentinos, y para cuando Onganía clausuró el diario, ya estaba listo para pasar junto al revolucionario Walsh a las Fuerzas Armadas Peronistas. El joven Verbitsky también lo acompañaría cuando ambos pasaron a Montoneros. “Todavía siento la ausencia de Rodolfo”, admite el periodista.

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Esos años son el centro de la polémica que perdura hasta hoy. Según el relato del periodista, tanto él como Walsh eran “aspirantes” dentro de la organización, el cargo más bajo, y, aunque hacían escuchas telefónicas, nunca fueron jefes de la Inteligencia montonera, como sostuvo el fallecido guerrillero Rodolfo Galimberti. Y reafirma su posición: que Montoneros lo echó en septiembre de 1977 por las críticas a la conducción que hacía. Verbitsky también niega cualquier vínculo con la dictadura militar, como lo acusa, entre otros, el periodista Gabriel Levinas en su libro “Doble agente”, donde sostiene que “el Perro” le escribía los discursos a un importante brigadier del Proceso. “Quien me acusó, el hijo de Juan Guiraldes -el comodoro retirado en 1951 a quien Verbitsky ayudó a hacer un libro sobre la historia aeronáutica nacional-, era un muchacho muy celoso de mi relación con su padre. Igual, fue la operación más artera y dolorosa que me tocó afrontar: Guiraldes ni sabía en qué andaba yo, y el trabajo que hice para él no tenía nada que ver con la dictadura”.

Noticias: ¿En qué operaciones participó como montonero?
Verbitsky: (Largo silencio). No quiero hablar de ese tema.

Noticias: ¿Por qué?
Verbitsky: Ya hablé en su momento, en una entrevista con Fontevecchia. Tuve la suerte de no haber matado a nadie. Es todo lo que tengo para decir.

Noticias: ¿Fueron choques contra militares o contra otros grupos?
Verbitsky: No voy a entrar en detalles.

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Noticias: ¿Cuál era su rol en Montoneros?
Verbitsky: Con fines adversos han atribuido a Walsh ser el jefe de Inteligencia y yo el segundo. Estuvimos en informaciones, pero ninguno fue jefe. No tenía cargo sobre nadie. Si hubiera sido, y si nos hubieran escuchado, seguramente muchos errores no se hubieran cometido. Se tiende a confundir, adrede, lo que era el trabajo de información en una organización clandestina revolucionaria con lo que es el trabajo de Inteligencia de un Estado.

Noticias: ¿En qué se diferenciaba?
Verbitsky: No sólo era más artesanal, sino que era un trabajo que apuntaba a comprender procesos políticos, las características del enemigo, no información operativa.

Noticias: ¿No pensó en exiliarse?
Verbitsky: Mi papá quería que me fuera. Sus hermanos habían hecho una diáspora que fue muy dolorosa, y esa fue una motivación muy grande para quedarme acá. Mi madre le decía a papá: “En toda época y lugar hay riesgos”. Sabía cuál era el riesgo de quedarme. La lealtad a los compañeros es una cosa muy fuerte.

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Noticias: ¿Cómo hizo para pasar los seis años de dictadura en Buenos Aires sin sufrir un secuestro? Antes había trabajado en el diario montonero “Noticias”, por orden directa de Firmenich, siguió trabajando en ANCLA, la agencia de noticias que denunciaba la represión. Era conocido.
Verbitsky: No tiene ninguna explicación racional. Depende del azar. Tiene que ver con el método que seguía la represión: secuestraban a alguien, la torturaban y, si ese cantaba, iban armando una estructura. A Rodolfo no lo secuestran porque era Walsh, sino porque va a una cita que está cantada. En un momento descubrí que un grupo de tareas de la ESMA quiso hacer una operación para secuestrarme, pero los presos que estaban ahí les dijeron que ya me había desvinculado de la organización. Calculo que hicieron una ecuación costo-beneficio y no les terminó de cerrar. También me mudé mucho de casa en casa, y en una época sólo salía los domingos a Ferro, que estaba a media cuadra.

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Noticias: Ahí está la gran duda con usted, cómo es que nunca lo secuestraron.
Verbitsky: Sólo puedo contestar lo que acabo de decir.

Noticias: Usted hizo críticas duras a la conducción de Montoneros (ndR: por un “sobremilitarismo”), en una época donde lo podían fusilar por traición. ¿No temía una represalia?
Verbitsky: Había momentos donde la crítica era más fácil de hacer, a veces era más difícil. Pero jamás tuve miedo de los compañeros. Hubo fusilamientos, pero fueron pocos.