Política / 13 de abril de 2012

Cristina Fernández

A todo o nada

El Bodougate radicalizó a la Presidenta: cree que si no domestica a la Justicia y al establishment peligra su gestión.

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Con Amado. Cristina en el acto del jueves 12, al lado del vice cuestionado. El respaldo incomoda a medio Gobierno.

La Presidenta había estallado de furia delante del secretario confidente Carlos Zannini, antes de tomarse unos días de descanso en El Calafate. Dijo que estaba harta. Que el escándalo la superaba. Su diagnóstico era que le querían cargar con el muerto de la solitaria designación de su vice Boudou. Y que “todos” (los funcionarios que la rodean) miraban para otro lado a la hora de defenderlo de los ataques que, en realidad, iban en última instancia contra sí misma. Estaban faltando a su autoridad, no solo a la del vicepresidente. El allanamiento al departamento de Boudou en Puerto Madero, el miércoles 4, la puso en guardia y sostuvo desde entonces una comunicación telefónica casi constante con su compañero de fórmula en apuros.

Más alterada que de costumbre –según cuentan los escasos testigos de la evolución anímica presidencial al ritmo del Bou-dougate–, Cristina ordenó a su vice prender el ventilador y apuntarlo contra el propio frente interno K. “Ahora que se defiendan ellos”, parece que lo alentó el jueves 5. Si hay daño colateral, que no se note. Quince días antes, la consigna que transmitía Olivos era muy distinta. Máximo Kirchner sugería: “Que se defienda solo”.

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