Política / 20 de abril de 2012

Investigación

La trastienda de YPF

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Lunes 16. La Presidenta, con una muestra de petróleo en la mano, anuncia la impactante medida en Casa de Gobierno.

Axel Kicillof le propuso que Repsol devolviera las utilidades de los últimos cinco años. Unos 9.000 millones de dólares, cifra cercana a la cuenta total de las importaciones energéticas de la Argentina en el último año. O que trasladaran inversiones de la casa matriz desde el África para resarcir el “vaciamiento” que habrían provocado en la Argentina. Antonio Brufau, el presidente mundial de Repsol, contestó que esas soluciones eran inviables. Que podía estirarse hasta un eventual plan de inversiones en el país de 4.000 millones de dólares anuales durante los próximos cinco años. Mientras, desinvertirían para que el gobierno argentino adquiriera hasta el 30% de las acciones de la petrolera. El empresario catalán incluso prometió trabajar personalmente para que algunas de las megapetroleras chinas aportaran otros 25.000 millones de dólares en el próximo quinquenio, el volumen mínimo necesario para explotar los pozos de shale gas descubiertos en Vaca Muerta, Neuquén. Hasta ahí, negociaba.

No estaba dispuesto a aceptar una salida extorsiva. Del otro lado, según contaría luego Brufau, solo escuchó chicanas y aprietes. Esa reunión del jueves 12 a la mañana, en las oficinas del Ministerio de Economía, terminó mal. Como dijo allí mismo el ministro Julio De Vido, era la última oportunidad de abrir una vía de negociación.

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