Costumbres / 11 de junio de 2012

Psicología de las patillas

El descuido parece ser la marca distintiva de Axel Kicillof. Camisas abiertas, pulóveres debajo del saco, camperas. ¿Son sus patillas parte de este estilo juvenil que se resiste a la madurez?

¿Por qué un funcionario que se empeña en eludir el traje y la corbata como uniforme de trabajo dedicaría unos minutos, cada mañana al afeitarse, a delinear con cuidado sus patillas estilo Elvis?

El descuido parece ser la marca distintiva de Axel Kicillof. Camisas abiertas, pulóveres debajo del saco, camperas. Un miembro vital del gabinete que se empecina en lucir como  si todavía fuera a la facultad. ¿Son sus patillas parte de este estilo juvenil que se resiste a la madurez de un “outfit” políticamente correcto?

Desde Elvis, son el emblema de una época que inventó la “juventud” como grupo social y como target. “Los rockabillies usaban patillas, son un símbolo de ese ghetto”, explica Oscar Fernández de Roho, la peluquería que se encarga de las principales cabezas del rock nacional. El rockabilly es un género musical que fusiona el rock con el country y que Presley volvió masivo universalmente.

En la Argentina, Sandro fue sucesor de esa movida en los 60’ y conservó el look hasta el último día de su vida. Luego llegaron los hippies y revalorizaron las patillas, pero esta vez con el pelo largo. Muy sutiles, Lennon las usó durante años. “Hoy están pasadas de moda”, dice Fernández. “Nadie las pide”.

Hay otra tradición que tiene a las patillas como símbolo. Es la de los caudillos y héroes de  la Independencia. Ellos no hicieron más que copiar una tendencia europea. Los militares de las campañas napoleónicas las pusieron de moda. En esta vertiente, patillas célebres fueron las de Carlos Menem que imitaban a las de Facundo Quiroga, y se angostaron dramáticamente cuando el riojano asumió la presidencia.

“Como el bigote y la barba, las patillas están asociadas a la virilidad y el poder”, dice la licenciada en psicología Beatriz Goldberg. En el caso de Kicillof, Goldberg apunta más bien a un deseo de lucir desestructurado. “Algunas personalidades muy obsesivas, intentan mostrar en su aspecto otra realidad. ‘No soy predecible’, ‘soy creativo’, ‘puedo transgredir las normas’ (como Néstor Kirchner que tampoco era obediente con las reglas de la indumentaria), parece indicar este rasgo de estilo asociado desde los ‘50 con la rebeldía y la juventud”.

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