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Sociedad / 14 de julio de 2012

Los Bingos y la Virgen de Luján

La historia que voy a narrar es absolutamente cierta. Año 2010, la presidente de una conocida empresa de Bingos española que actualmente está en el candelero (o mejor dicho, prendida fuego), llega al país con la promesa de sanear el sector. ¿Sus juramentos? Eliminar corruptelas varias y combatir la ludopatía. Muy católica ella, va por […]

La historia que voy a narrar es absolutamente cierta. Año 2010, la presidente de una conocida empresa de Bingos española que actualmente está en el candelero (o mejor dicho, prendida fuego), llega al país con la promesa de sanear el sector. ¿Sus juramentos? Eliminar corruptelas varias y combatir la ludopatía. Muy católica ella, va por ahí convenciendo de sus buenas intenciones (a mí y a varios más).

Tanto rezo, devoción y promesa, la llevaron a hacerse acreedora a una Virgen de Lujan (de las pocas réplicas originales); después de todo, la señora parecía un soldado luchando contra los efectos colaterales del juego compulsivo, y conseguir la Imagen en cuestión era su sueño más acariciado.

Obvio que, como suele pasar, y debimos haber previsto todos los involucrados, la situación está peor que antes. Pero ese no es el tema. Lo sorprendente y misterioso pasa por otro lado. Al llegar a Miami, donde la ex reina del juego tiene sus oficinas, intenta entronizar a nuestra Patrona (esta réplica particular tiene un tamaño importante).

¿Resultado? Una sucesión de hechos inexplicables que van desde llaves que no se encuentran hasta puertas que de pronto no se abren. En lo que supongo fue el desafío mayor para la Virgen desde el año 1630, en que decidió quedarse para siempre en Luján, no hubo manera de dejarla en aquél espacio asociado al juego. Creer o reventar. ¿Dónde está ahora? En la casa de la señora, quizá ayudándola a exorcizar sus culpas.

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