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Sociedad / 13 de octubre de 2012

La increíble historia de la madre de la “nieta 107”

Es la primera vez que Abuelas de Plaza de Mayo encuentra una hija cuya madre biológica está viva. Por qué la secuestraron.

Por

María de las Mercedes Moreno se abraza con Martín Fresneda, secretario de Derechos Humanos de Córdoba.

“Escuché su llanto, pero nunca la pude ver”. María de las Mercedes Moreno (59) dio a luz encadenada el 11 de octubre de 1978, en la Maternidad Provincial de Córdoba, mientras estaba secuestrada por la dictadura. Inmediatamente después del parto, le sacaron a su beba y a ella la llevaron al Departamento de Informaciones de la Policía de esa provincia conocido como la D2, que funcionaba como centro clandestino en la Capital cordobesa.

Nunca pudo conocer a esa hija. Recuperó su libertad el 7de abril de 1979 y, ese mismo día, comenzó una búsqueda que, 34 años después, llegó a buen puerto gracias a la tarea de Abuelas de Plaza de Mayo.

La hija de María de las Mercedes es la nieta recuperada número 107 y la primera cuya madre biológica está viva. La noticia se conoció el martes 9, en una conferencia de prensa en la sede de Abuelas en la que estuvo María de las Mercedes, quien viajó desde Córdoba acompañada por otra de sus hijas, Paola.

La joven –cuyo nombre no se difundió por voluntad de ella– pidió “tiempo” para procesar la novedad y, al cierre de esta edición, todavía no se encontró con su madre biológica. El resultado del análisis de ADN lo conocieron el 3 de octubre cuando fueron citadas por el Juzgado Federal de Córdoba. María de las Mercedes fue convocada a las 9 de la mañana y su hija, a las 11. “Me moría de ganas de quedarme para conocerla. Mis otras hijas también querían ir y esconderse para poder verla. Todas queríamos decirle que la habíamos buscado tanto…. Pero no lo hicimos porque para ella es mucho más difícil todo esto y necesita tiempo”, cuenta sin ocultar su ansiedad en una entrevista con NOTICIAS. La joven sabía que no era la hija biológica de sus apropiadores: la jefa de trabajadoras sociales de la Casa Cuna y su marido.

De origen humilde, esta perseverante mujer no terminó la primaria y se mantiene con una pensión y el trabajo doméstico. Tiene otras siete hijas mujeres que la ayudan económicamente, y un varón –el menor– de 21 años. Con 22 nietos y dos bisnietos, ansía conocer a los otros dos nietos que incorporará a la familia. “Solo me dijeron que está casada y tiene dos hijos”, cuenta. El papá de la joven falleció en 1979 por motivos ajenos al terrorismo de Estado.

LA BÚSQUEDA. María de las Mercedes fue detenida por un grupo de tareas cuando tenía 26 años y estaba embarazada de siete meses, por haber sido correo clandestino de los presos políticos detenidos ilegalmente en la cárcel de Córdoba. Ella iba allí a visitar a su ex pareja y padre de sus cuatro hijas, que cumplía una condena por un delito común. Por pedido de él, en 1977, comenzó a sacar cartas de estos detenidos y a entregárselas a sus familiares, muchos de los cuales no habían tenido noticias de ellos tras su secuestro. Sin militancia política pero por solidaridad, realizó esa tarea durante casi un año.

Su secuestro sobrevino tras la detención de otra mujer que también oficiaba de correo y que, bajo tortura, dio su nombre. “El 26 de septiembre de 1978 fueron a mi casa, me encapucharon y me llevaron secuestrada a la D2 de Córdoba. No supe dónde estaba”, relata. En ese centro clandestino, que operaba en jurisdicción del III Cuerpo de Ejército al mando de Luciano Benjamín Menéndez, fue sometida a tormentos. “Llevaba dos semanas de cautiverio, empecé con pérdidas y se me adelantó el parto. Me llevaron a la Maternidad Provincial, donde tuve a mi hija sin que me sacaran las cadenas. Escuché su llanto y supe que había nacido bien, pero no me dejaron verla. Me llevaron de regreso a la D2 y creí que no iba salir viva de ahí”, rememora, conmovida.

Dos meses después, la trasladaron a la cárcel del Buen Pastor y su familia pudo visitarla. Una hermana suya se puso a buscar a su beba y por una enfermera amiga, supo que había sido llevada a la Casa Cuna, e incluso pudo verla a las escondidas. “El 7 de abril de 1979 salí en libertad y esa misma tarde, fui a la Casa Cuna. Pero las monjas me dijeron: ‘las subversivas acá no entran’, y me amenazaron con llamar a la Policía. Yo tenía otras cuatro hijas chicas que mantener, estaba sola y tuve miedo. Después, fui al Juzgado de Menores y el juez, nunca me lo voy a olvidar, me dijo: ‘Usted no tuvo ninguna hija’. No supe más que hacer en ese momento”. Recurrió a varios abogados, sin éxito y nunca desistió de buscar a su hija. En el 2001, hizo una denuncia judicial.