Salud / 5 de marzo de 2013

El efecto Chávez en personas con cáncer

Siempre conmueven las enfermedades y la muerte. Somos seres sensibles, pero también inteligentes. Si hay algo que no debiese sorprendernos es la finitud del ser humano.

Ninguno escapamos a la enfermedad y a la muerte. No importa que hagamos, si somos obreros, médicos o presidentes. Nacemos y morimos en algún momento. Es casi una ciencia exacta el devenir de nuestro ciclo vital.

En las etapas finales de la vida, cuando la enfermedad se ha instalado indeclinablemente, es tarea de los médicos explicar al paciente y fundamentalmente a su familia el pronóstico ominoso. Les puedo asegurar que no es una labor sencilla, aunque se trate de un médico con muchos años de experiencia.

Cuando desde lo clínico no podemos brindar más nada terapéutico, queda el humanismo medico. Tratar de que el paciente muera dignamente, que su familia comprenda el proceso, y en general todo los que trabajamos amorosamente en el sistema de salud tratemos de lograr una muerte digna, sin encarnizamientos.

Si me cuentan que un paciente, en un año y medio de diagnostico de cáncer, fue sometido a cuatro cirugías y tratamientos médicos, queda algo claro: la enfermedad, en este caso oncológica, ha avanzado estrepitosamente. No está curada. En ese marco, con un paciente con criterios de irreversibilidad, si la información oficial es verídica, lo único que se puede hacer desde lo medico es ser piadoso.

El Presidente Chávez, sin duda alguna ocupaba el escenario político. No me preocupa eso. Me preocupa el “efecto Chávez”. Ha sido muy estudiado el impacto en las conductas de la sociedad cuando se hacen públicas cuestiones de enfermedad de personas conocidas.

Uno de los primeros casos estadísticamente relevados fue cuando la ex primera dama de EE.UU. Nancy Reagan hizo público su cáncer mamario. Las mujeres comenzaron a  chequearse más las mamas. Otro caso fue cuando el ex presidente Bill Clinton sufrió dolores por patología coronaria. En las revistas médicas se hablo del Efecto Clinton cuando mas hombres con similares síntomas hacían consultas.

Y ahora, tristemente estamos en presencia del “Efecto Chávez”, una muestra de esperanza ante enfermedades avanzadas, a las cuales la medicina ya les ofreció todo lo que tenía. Lo único que queda por comentar es: pobre Hugo. A veces la medicina más impiadosa es ejercida en la gente más poderosa. Y pobres aquellos que crean que el “Efecto Chávez” es una realidad medica, y no política.

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