martes, noviembre 19, 2019

SALUD | 25-05-2012 12:40

El debate: ¿por qué tenemos hijos?

No siempre es por amor, dice el obstetra Mario Sebastiani. Y analiza qué se esconde detrás de los prejuicios y los mandatos sociales.

 "Yo no quería… Pero mi marido no va a parar hasta tener un varón…”

“Nunca tuve una pareja estable… Pero ahora con este hombre, siga o no siga, voy a tener un hijo. Ya estoy grande…”

“Hice varios procedimientos de fertilización asistida… No tener un hijo hubiera significado para mí vivir una vida incompleta…

“Nos recibimos, viajamos, compramos la casa, tenemos dinero. Y ahora, a tener un bebé.”

He oído hasta el cansancio decir que el motivo por el que se tienen los hijos es por amor… Curiosamente, en las frases anteriores, la palabra amor no figura, y como sentimiento, no pareciera ser el que más prevalece. Percibo que, en cambio, los motivos más frecuentes tienen que ver con el accidente, el egoísmo, la negociación, la soledad.

El bebé, casi, como una mascota. Y así es que percibo una escenografía diferente a la del palabrerío habitual que nos rodea. Si a eso se le suma el hecho de que los chicos son matados, abandonados, abusados, maltratados, explotados… ¿Dónde está el amor? ¿Por qué se tienen los hijos? Y así, una vez más me vuelvo a preguntar por qué me he planteado esta pregunta. ¿Soy el único?

Debo admitir y decirlo con todas las letras: el cuestionamiento sobre por qué tener hijos es ¡políticamente incorrecto! Nuestra educación, a la postre una manifestación de nuestra cultura, nos impide tener la libertad suficiente como para enfrentarnos a estos cuestionamientos. ¿Cómo se nos puede ocurrir pensar en por qué tenemos hijos? ¿Cómo se le puede ocurrir a alguien que no quiera? ¿Cómo puede uno arrepentirse de tenerlos?.

Si alguien sigue molesto con estas primeras líneas y se niega a aceptar tan solo las preguntas, que me explique por qué existe la violencia, cuáles son los motivos de la prostitución infantil, del abandono, de la venta de bebés o del trabajo infantil, o el por qué de la pertenencia de los niños a las milicias urbanas en algunos lugares de nuestro planeta.

Todo esto que no queremos ver se da de patadas con algunas de las situaciones social y afectivamente conflictivas que viven niños y jóvenes gracias a las actitudes de los adultos que repetimos como loros que los niños son lo más importante que hay en la vida, que los queremos mucho y que todo lo hacemos por ellos.

Paradojas. Pero los hijos o los niños no siempre han sido producto del amor; los niños, en su conjunto y no de manera individual son importantes desde hace escasamente un par de centenas de años, y quizás este postulado sea más un eslogan de las agencias relacionadas con el derecho, la salud o la psicología que un argumento basado en lo que vemos en nuestras sociedades.

Los niños son el producto del amor de una mujer y un hombre. Escribo esta frase y no puedo dejar de esbozar una sonrisa y sentir un dejo de preocupación. Alguien puede pensar que se ha topado con un cínico, pero no. Definitivamente no. Pienso que es tan poco valedera nuestra enunciación del amor, que solo de manera terapéutica y para sanar nuestras faltas como personas y como sociedad la seguimos repitiendo para persistir en el convencimiento, aunque esta creencia solo nos sirva de anestesia.

Nos mostramos así como personas buenas, sensibles, morales y preocupadas. Sin embargo, y aun como probables productos del amor, veo a los hijos como una nueva y compleja tensión en nuestras parejas, de pronto devenidas en familias, como una nueva tensión en la sociedad.

En el pasado la maternidad era de las mujeres solas, con un papá que salía a proveer los bienes de consumo y la subsistencia; en la actualidad vemos una paternidad compartida, seguramente justa, pero conflictiva en otros aspectos. Se estima que solo el 40% de los niños nacidos en las últimas dos décadas vivirán como adolescentes junto a sus padres biológicos.

El concepto de familia se ha ido modificando, y hoy existen familias nucleares y no nucleares, conceptos que implican que o papá y mamá no están más juntos o que nunca hubo papá y mamá como tales o que existe una mamá sola o un papá solo más los distintos menús genéticos que puedan imaginarse.

El autor es médico obstetra, escribió “¿Por qué tenemos hijos?”, Ed. Paidós.

por Mario Sebastiani

Galería de imágenes

En esta Nota

Comentarios

Música

Bambi: "Vuelve a casa"

Espacio Publicitario

Espacio Publicitario