Política, Sitios Externos / 16 de abril de 2015

La trágica sonrisa de Massa

Por

Los griegos antiguos, que casi lo inventaron todo, acuñaron el concepto de tragedia, esa contradictoria marcha triunfal hacia la derrota. Ese es el rol que está empezando a ensayar Sergio Massa, quien se encuentra obligado a fingir que sigue pensando en la presidencia, cuando en realidad ya está enfocado en cómo capitalizar su rol de Gran Elector. Todavía no queda claro -y él no puede aclararlo- si se conforma con ser gobernador bonaerense, o si quizás existan otros activos negociables a cambio de “bajarse” de la pulseada presidencial.

Lo cierto es que hay un dato de la realidad más allá de las opiniones: ya hay operadores del Conurbano que se pasaron de bando, empujados por lo que describen como una “difícil” comunicación personal con Massa, justo en un momento crítico donde el líder debe desplegar toda su empatía para contener la moral de la tropa. Si bien el éxodo todavía es con cuentagotas, muchos jugadores bonaerenses que aún siguen fichados en el massismo confiesan a su entorno que en realidad se quedan no por cariño sino por no haber encontrado refugio en otros bandos con expectativas de ganar, léase Scioli y el FPV, o en su defecto el PRO.

La mayoría de esos peronistas creen que el negocio del momento es surfear la ola naranja, pero no a todos les da la cara (o el estómago) para volver cabizbajos a rogar otra oportunidad en la familia K. Tampoco es fácil cerrar con el macrismo, donde el impiadoso filtro de Durán Barba veta a cualquier bonaerense con olor a “runfla” politiquera. No es que el PRO no los necesite desesperadamente: los distritos electorales de la Provincia se calientan más y más, al ritmo de la ruleta de Cristóbal, de los amagues de Tinelli, de las piruetas de Jesica y Martín, y de los cálculos del Gobierno sobre el “efecto tapón” que genera la oferta electoral massista. Para que Macri llegue al ballottage, se necesitan los votos de massa. Si no se baja (como ya alerta el establishment), Scioli y el FPV pueden ganar en primera vuelta.

Esa es la tragedia que hoy se ensaya tras las bambalinas de Tigre: solo queda saber quién se hará cargo de pagar el borderó.