Opinión / 18 de marzo de 2017

Solo, Solari (y todos)

El Indio convocó multitudes pero después dijo que su protagonismo lo excede. ¿Una metáfora argentina? Por Edi Zunino.

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En dos eneros más va a cumplir los 70. Carlos Alberto “El Indio” Solari tiene dos años más que su tocayo de nombre y talento, Carlos Alberto “Charly” García Moreno. Emblemas del rock, del alto vuelo y del reviente en sangre, dos rebeldías capilarmente opuestas: la pelada total post Luca del Indio y los rulos largos, dulcemente antidictatoriales de Charly. Del sótano mínimo al potrero máximo, Solari. Salón y Luna Park, García. Dos argentinidades. Oro y barro los dos. Superiores a todos, según ellos y con cierto grado de razón. El Indio versus “la canalla”. Charly versus “la grasa”. Solos. Geniales. Insufribles. Envidiables. Caretas. Pogo & Say no more. Falsas ideologías de multitud o brazalete, qué más da. La incómoda comodidad de “estar en algo” que no es nada más (ni nada menos) que música.

El Indio supone que nos sobrevuela a todos desde su psicodelia, esa “excitación sensorial que se manifiesta con euforia y alucinaciones y que está producida por el consumo de drogas alucinógenas” hechas música y tsunami de amontonamiento. Ser Dios entre la muchedumbre y “un protagonismo que me excede” cuando viene la mala. Popular en la convocatoria, lisérgico en la retirada.

Meter 350.000 personas donde caben 150.000 es un fenómeno sin precedentes, una canchereada genial cuando no muere nadie. El Indio dice que ahora se la cobran por ser “la bestia K”. Yo no lo creo. Por ejemplo: tenemos un gobierno ahora mismo basado en la ideología del “si pasa, pasa” y si no pasa, marcha atrás. Así somos los argentinos, parece. Los K y los no K. Hablamos de responsabilidad recién cuando caen los muertos. Recién ahí defenestramos a los falsos profetas para despegarnos y librarnos del mal y amén, que la culpa es del otro.

Pienso en la idolatría de quienes se dejan idolatrar. Si de veras son tan geniales, saben que mienten. Pero, ¡qué cómodo adorar sin hacer nada! Porque hacer temblar la tierra en el pogo más grande del mundo es hacer nada. Un ricotero amigo se dio cuenta en Olavarría:
“Cuando salís de ahí, estás solo”, me dijo. Solo entre 350.000 almas. ¡Eso sí que es estar solo, Solari!

*Jefe de redacción de NOTICIAS.