Política / 5 de abril de 2017

Macri, embelesado con el inglés fluido de Peña

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Para Gabriel Marcel, dramaturgo y filósofo francés del siglo pasado, el infierno de cualquier ser humano es –básicamente– “la mirada del otro”. Quizás en esa certeza radique hoy el inconmensurable poder de Marcos Peña en el gobierno macrista.

Cada vez que el jefe de Gabinete mira al Presidente, Mauricio Macri se agiganta, se convence, se relaja y se acerca al paraíso… En una sola dosis y sin contraindicaciones consigue el efecto de un calmante y un energizante a la vez.

En el espejo de Marcos, los defectos presidenciales desaparecen. Y las virtudes cotidianas cobran un contenido profundo con toques de intelectualidad que alcanzan para marear a cualquier mortal. Más si la profesión de ese mortal es la ingeniería que trata de obras concretas y está tan alejada del mundo de las ideas, la palabra y la abstracción.

Pero hay otro detalle no menor en esta relación idílica entre Mauricio y Marcos. La pronunciación del inglés. Si bien ambos fueron a colegios bilingües en su infancia, Mauricio tuvo que invertir preciosas horas de su vida hasta no hace mucho para pulir su acento, adoptar modismos y aún así sigue siendo un latino que habla un excelente inglés, pero latino al fin…

El Cardenal Newman, el colegio del Presidente, es la institución donde la alta sociedad y los que intentan llegar mandan a sus hijos varones para que se fogueen básicamente en las relaciones humanas. “Billetera mata galán y relación mata currículum”, es la frase inspiradora de madres y padres que matan por conseguir la vacante. Otros colegios en cambio son más aspiracionales en lo académico, el San Jorge o el San Andrés, por ejemplo, con idéntica cuota prohibitiva pero donde se exacerba la competencia y no hay lugar para tanto compañerismo y camaradería.

Marcos cursó su escuela primaria en Potomac, Mariland, Estados Unidos, cuando su padre Félix era funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo. El inglés viene adosado a sus venas como el Braun de su apellido materno… Se recibió de politólogo en la Di Tella y por natura tiene el don de la escritura y la palabra.

Su inteligencia y alcurnia fueron la combinación perfecta para que Mauricio lo adoptara y a su vez formara a su imagen y semejanza. La posibilidad de que la dupla que hoy preside la Argentina se disuelva o rompa es casi nula.

Marcos hoy manda más que Mauricio”, susurran por lo bajo quienes ven crecer sin techo al jefe de Gabinete. El mismo que preparó minuciosamente su irrupción en el Congreso para decretar la finalización del estado Zen del Gobierno (la bravuconada contra Axel Kicillof, “por una vez háganse cargo”, estuvo previamente escrita y memorizada), el mismo que dejó su austeridad clerical para alquilarse casa de fin de semana en el Country Mayling de Pilar (las expensas más caras de la zona), el mismo que es hoy cabeza de todas las mesas de debate entre funcionarios y que pulseó y ganó el rol de jefe de Campaña de Cambiemos para 2017.

Atrevérsele a Marcos es sinónimo de suicidio dentro de este esquema de poder. Si no que lo cuente Emilio Monzó, que toleró tres operaciones seguidas en los últimos 15 días que lo daban fuera de la Presidencia de la Cámara de Diputados.

En el mundo Marcos-Mauricio, hoy el Gobierno está casi en su mejor momento. Después de alguna turbulencia todo se encamina hacia otro inexorable triunfo en las urnas. Y los errores (el último fue el de los “precios transparentes” que terminaron en precios reculados porque nuevamente dieron marcha atrás) son la consecuencia de una sociedad muchas veces hipócrita que dicen que quieren el cambio pero no está dispuesta a pagar el costo para conseguirlo.

Porque como bien dijo el filósofo Alejandro Rozitchner, “mi miedo es que la gente no esté a la altura de este Presidente”. Y, desde ya, a la altura de su alter ego, su nunca bien ponderado jefe de Gabinete, Marcos Peña Braun.

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