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Política / 15 de enero de 2018

Ex vocero de Bergoglio: “A pseudovoceros como Vera, el Papa los corre porque se extralimitan”

El cura que fue portavoz de Bergoglio cuando este era Arzobispo, critica fuerte a los que hablan en nombre del Papa. El trasfondo de su renuncia: “Estuve dolido con él”.

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Marcó, vocero de Bergoglio cuando este era Arzobispo de Buenos Aires. Foto: Eduardo Lerke (desde Pinamar).

Los dos hombres, enteramente vestidos de negro, se torean con la mirada. El jefe apenas disimula el hartazgo, y su asesor no tiene pensado dar el brazo a torcer. “Jorge, lo que hago lo hago por Dios, no por vos”, se defiende el subalterno. Tiempo después, el dueño del malhumor se convertirá en uno de los máximos líderes del mundo, pero para eso falta, y en el Arzobispado de Buenos Aires hay fumata negra. “Guillermo, me dicen que tengo un vocero que habla mal del Papa. Quieren tu cabeza”, le espeta Bergoglio. Marcó, portavoz del futuro pontífice por poco tiempo más, retruca: “Un vocero desautorizado no sirve más. Aceptá mi renuncia”. Aunque el actual obispo de Roma lo confirma en su cargo durante unos meses, las cartas de Marcó ya están echadas, y a fines del 2007 da un paso al costado, luego de una última pelea pública, esta vez con los Kirchner. Una década más tarde, el cura que acompañó a Francisco cuando este recién arrancaba a jugar en las grandes ligas eclesiásticas, y que fue testigo privilegiado de la guerra del matrimonio sureño contra su superior, y de la familiar relación que Bergoglio entabló con Macri –que ahora se agrietó, según Marcó-, recompuso el vínculo y es uno de los pocos que tiene vía directa con el Vaticano. “Pasó como le pasa a uno con un padre: a veces hace cosas que te gustan, y otras no”, dice quien fue su mano derecha durante ocho años.
Noticias: ¿Cómo afectó la renuncia a la relación?
Marcó: Me dolió y estuve un tiempo distanciado, pero después con el tiempo pasó. Entiendo la lógica de los que están arriba (risas) y él siguió teniendo actitudes buenas conmigo. La primera vez que lo vi en Roma me dijo que lo único que tenía para conmigo era gratitud y un gran cariño, y cada vez que voy allá se hace un hueco para recibirme, y no deja de llamarme por mi cumpleaños. Fue duro en su momento: lo de Benedicto (ndR: Marcó criticó públicamente al entonces Papa por las declaraciones contra el Islam que el Pontífice había hecho) pasó poco antes del lío con Néstor, cuando dije que este fomentaba la división: hoy la grieta es visible para todos, pero cuando yo lo dije se me puso el mundo en contra. Desde que renuncié mi trabajo fue deslindarme de él, porque mi voz estaba ligada a Bergoglio.
Noticias: Hoy todos se disputan ese lugar, hablar en nombre del Papa.
Marcó: Hay muchas personas que él conoció acá con las que tuvo una gran relación. ¿Eso los habilita a hacer públicas las conversaciones que tienen con él? A mí me manda cosas, y jamás publico lo que me dice. Gustavo Vera se equivocaba en eso: el Papa le mandaba un mail sobre algún tema y enseguida salía publicado, como “el Papa dijo tal cosa”. El Papa “dice” cuando habla para todo el mundo, si le contesta algo a las personas con las que tiene confianza, eso no es parte de su pontificado. Tiene que haber un margen para que las cosas queden en lo privado, porque sino parece que te aprovechas de esa relación. Estos pseudovoceros terminan defraudando, porque creen que tienen una voz autorizada para interpretar el 100% del pensamiento del Papa, y eso es un error. El que dice “yo conozco a Bergoglio” se equivoca, Francisco tiene un pensamiento muy complejo. Por eso el Papa va “detonando” personajes: Guillermo Karcher –maestro de ceremonias del Vaticano- parecía un vocero de él y fue corrido, y pasó lo mismo con Vera y con otros, como se vio en el encuentro con los sindicalistas a donde no fue. Los corre porque se extralimitan. A estos pseudovoceros les pediría algo de prudencia.

Noticias: Pero a Vera después le mandó un mensaje por la reforma previsional.

Marcó: ¿Cómo te consta eso?

Noticias: ¿Habría que dudar?

Marcó: Y, no sé… muchas veces le pregunté al Papa por sus pseudovoceros y él me dice: “¿Qué querés, que desautorice gente cada dos minutos?”. Con Vera, la molestia más profunda fue con lo de Scholas (ndR: el año pasado hubo una gran polémica cuando se difundió un préstamo millonario a esa asociación pontificia por parte del gobierno argentino), porque toda la información que le había llevado Vera al Papa por este tema era falsa: Scholas no tenía ningún problema económico, no había hecho ninguna malversación de fondos, ni había recibido plata del gobierno nacional. Ellos sólo habían acordado un programa donde el gobierno sólo se hacía cargo de pagarle el sueldo a las personas que trabajaran allí. No era plata para Scholas: hoy ellos están re contra bien con el Papa. Me consta que en una reunión de intendentes, que había armado el monseñor Marcelo Sánchez Sorondo (titular de la Academia Pontificia de Ciencias), a Vera lo hizo esperar en un hall, y en el horario en que tenía una reunión con él, en cambio, los hizo pasar a José María del Corral y a Enrique Palmeyro, los directores de Scholas. Francisco no hace esas cosas porque se confundió o porqué tuvo un problema de agenda, sino para que el otro estuviera sentado ahí, viera quién llegaba y para que sepa que no iba a ir a la reunión de intendentes que él había planificado con Sánchez Sorondo. Siempre fue un poco así Bergoglio (risas). ¡Si a mí me terminaba contradiciendo, y eso que era su vocero oficial! (risas) Sanchéz Sorondo, por el que tengo un respeto enorme, y es uno de los intelectuales más brillantes que he conocido, también se extralimita un poco.

Marcó con NOTICIAS. Foto: Eduardo Lerke (desde Pinamar).

Noticias: Sánchez Sorondo es otro personaje enigmático de la constelación vaticana. ¿Cómo es la relación entre él y el Papa?

Marcó: No tenían buena relación. De eso puedo dar fe: cuando Bergoglio iba a Roma yo le manejaba la agenda, y también las relaciones con las que él tenía que verse pero no quería tener más relación que la formal (risas). Pero una vez en el cargo las cosas cambiaron, y hay que sacarse el sombrero con las cosas que ha organizado Marcelo en las Academias.