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Opinión, Política / 20 de enero de 2018

La ideología macrista

Un experimento político basado en demostrar que los empresarios pueden hacer política sin necesidad de intermediarios.

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Los opositores al Gobierno coinciden en que el macrismo representa la “antipolítica” y se bifurcan a la hora de revelar su matriz ideológica: para unos, definitivamente carece de ideología, mientras que otros prefieren la comodidad de ubicarlo en la “derecha” clásica y punto. También hay coincidencia en que el macrismo es, en principio, antiperonismo. Todas pavadas.

El macrismo es un experimento político basado en demostrar que los empresarios pueden hacer política sin necesidad de intermediarios provenientes de las tan costosas y a la larga inmanejables estructuras partidarias tradicionales. La crisis de representatividad que estalló en 2001 fue, también, un fracaso del modelo macrista histórico. Franco Macri, desde SOCMA, formó políticos: Carlos Grosso, José Octavio Bordón y José Manuel de la Sota, todos justicialistas, fueron sus empleados.

Hay una matriz desarrollista en la base de la formación económica del macrismo, que, a la hora de plantearse ejercer el poder sin intermediaciones, se nutrió de otras vertientes filosóficas amplificadas en la posmodernidad. Su imaginario es una mezcla bien new age del evangelismo americano, el orientalismo-budismo y el psicologismo post freudiano tamizada por las tendencias más en boga del management, el marketing y el coaching. En tal sentido, Mario Quintana es un macrista puro.

De pibe fue “misionero” en nombre de Jesús y San Francisco de Asís. De grande descubrió a Buda y las enseñanzas de Swami Vivekananda para “crecer de adentro hacia afuera”. Al igual que Mauricio Macri, quien para soportar los rigores de la realidad combina el psicoanálisis clásico con las armonizadoras espirituales hinduístas, Quintana sigue a Bernardo Nante y suele inspirarse en David Steindl-Rast.

Nante es un filósofo, psicólogo, matemático y economista argentino que, desde su Fundación Vocación Humana, forma discípulos en las teorías del psiquiatra suizo Carl Jung y los principios del budismo. Steindl-Rast es un monje benedictino vienés de 91 años que supo mixturar el mensaje de Cristo con el del Dalai Lama y transmitirlo a ilustres egresados de Harvard, Columbia o el MIT.

Quintana funciona como un gurú en sí mismo. Lo ha hecho, como empresario, a través de charlas sobre el sentido espiritual de los negocios y el dinero. Lo hace, ahora, como jefe político en ascenso del llamado Gobierno de los CEOs. Pero él no es un CEO cualquiera. Es un dueño. Tal vez sea esa la mayor diferencia con el otro vicejefe de Gabinete, Gustavo Lopetegui, quien no parece haberse enamorado tanto de la actividad política como Quintana. Para ser gráficos: la vida de un CEO es el número; si un dueño la pega con un buen CEO, puede pensar, de algún modo, en la gloria. En la empresa más como “misión” que como entidad. En la elevación, más que en la trascendencia. Dijo Buda: “No vivas en el pasado, no imagines el futuro, concentra la mente en el presente”.

Dicen que, debajo de Marcos Peña, a Quintana le toca hacer de “bueno” y a Lopetegui, de “malo”. Según como se lo mire, el ajuste puede ser la salvación o una inevitable cuestión de plata. Tal vez por eso a Mario Quintana le haya picado más el bichito de la política. Por las dudas, dijo Jung: “El conocimiento no descansa sólo sobre la verdad, sino también sobre el error”.

*Jefe de Redacción de NOTICIAS