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Sociedad / 23 de febrero de 2018

La muerte de Pérez Volpin: Dudas macabras

La familia tiene la convicción de que hubo mala praxis. Falla médica y endoscopio fantasma. Las internas en La Trinidad.

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Débora Pérez Volpin ingresó a un quirófano el 6 de febrero para hacerse una endoscopía. Creía que con ese estudio le iban a dar un diagnóstico que explicara por qué le dolía la panza. Nada grave, pensó. Estaba tranquila y antes de que comenzara el procedimiento le envió mensajes de WhatsApp a su pareja, Enrique Sacco, y le pidió que la fuera a buscar para volver a su casa esa misma tarde. Pero la periodista y legisladora porteña falleció y, hasta ahora, nadie puede explicar qué pasó. La hipótesis más fuerte de la familia, que guía la investigación judicial, indica que este podría haber sido un caso de mala praxis. Las sospechas apuntan a los profesionales que realizaron el estudio y al Sanatorio de la Trinidad. Según fuentes vinculadas a los familiares, existen dos líneas de investigación que deberán probarse en la Justicia: 1) El endoscopio estaba roto y no se pudo controlar el ingreso de aire al cuerpo de Pérez Volpin, que terminó colapsando. 2) El endoscopista maniobró mal la pinza que tiene el aparato y lastimó el esófago.

Para colmo, los familiares de Pérez Volpin creen que el endoscopio que secuestró la Justicia no es el que habría sido utilizado en el procedimiento. De probarse esto, sería un golpe mortal para La Trinidad, que además está sumida en una interna feroz entre médicos y autoridades.

¿Hepatitis?

La noticia del fallecimiento sorprendió a la familia y amigos de Pérez Volpin. Desde La Trinidad hicieron trascender, de forma extraoficial, que la mujer sufría un cuadro de “hepatitis importante” que habría sido determinante en el desenlace fatal, en su entorno insisten en que esa información sólo responde a una maniobra de la institución para obstaculizar la investigación. “Esa información no está en la historia clínica. Nunca Débora comentó que tenía hepatitis.
Tampoco se lo dijeron a los familiares cuando les comunicaron la muerte. Se deslizó ese dato en la prensa pero la autopsia va a decir la verdad”, contó a NOTICIAS una fuente cercana a la querella en la causa caratulada como “Homicidio culposo”.

Al día siguiente de la muerte, se realizó la primera etapa de la autopsia, que consistió en la inspección ocular y macroscópica por parte del cuerpo de peritos que intervino en la causa. Según pudo saber NOTICIAS, a partir de esa observación a la familia no le quedaron dudas que, en este caso, hubo una falla humana. Una fuente cercana a los expertos forenses contaron que había lastimaduras en el estómago y en el esófago. “Las primeras generaron dudas ya que pueden haber sido producidas por el propio organismo de Débora pero, las segundas fueron producidas por algo externo. Eran diez líneas verticales muy claras. Ningún perito tuvo dudas cuando las vio”, agregó.

Ahora el mismo cuerpo de peritos fue convocado para llevar adelante la segunda etapa de la autopsia junto a los especialistas que realizarán el estudio microscópico, que contiene el estudio de los tejidos (histopatología), análisis bioquímico y toxicológicos.

Diego Pirota, que representa a la familia que se constituyó como querellante, decidió mantenerse alejado de la prensa hasta que no haya más precisiones. Eduardo Gerome, el letrado designado por la anestesióloga Nélida Puente, fue uno de los primeros en hablar y afirmar que su clienta (que se presentó de forma voluntaria ante la Justicia y puso peritos de parte en la autopsia) no tiene responsabilidad en la muerte ya que su accionar durante la endoscopía “fue impecable”. Isaac Churba, el abogado del endoscopista Diego Bialolenkier, apareció en la escena mediática casi una semana después de la muerte de Pérez Volpin y planteó una posición similar a la del Sanatorio, que vinculó la muerte con una condición previa de la periodista. Todos dieron el primer paso pero recién cuando los estudios estén completados, cada uno desplegará su propia estrategia legal.

En el medio, la familia de Pérez Volpin, se refugia en los amigos y en la intimidad. Decidieron que todavía no van a hablar en público. Hoy, cuentan sus conocidos, “tienen muchísima bronca porque a medida que se conocen datos, más se confirma que la muerte se podría haber evitado”.

Dos hipótesis

Todas las fuentes médicas consultadas por NOTICIAS coinciden en un punto: la endoscopía es un procedimiento sencillo sin riesgos importantes. De hecho, las complicaciones son poco frecuentes: menos de 1 cada 1.000 casos. La mortalidad es también baja, de aproximadamente 0,0004%, que va aumentando con la edad y las comorbilidades (las otras enfermedades que pueda tener el paciente). Estos datos resultan clave para la querella que ya descartó la posibilidad de que la muerte de Pérez Volpin sea un caso extraordinario dentro de los márgenes de riesgo que puede tener el procedimiento. De hecho, a partir de la inspección ocular del cadáver, lograron establecer dos hipótesis posibles que explicarían lo que pasó.

La primera apuntaría a un “error” prácticamente exclusivo del endoscopista Bialolenkier. Se cree que el profesional pudo haber abierto la pinza del endoscopio antes de tiempo y que, por eso, se habrían producido las lesiones en el esófago a una altura que no tendría por qué haber lastimaduras y que tampoco podrían haber sido producidas por una úlcera, una inflamación hepática aguda o una hernia de hiato (las tres condiciones que se dijo que podría haber tenido la periodista). “Al lastimar en una zona equivocada, el aire del mismo endoscopio se ‘filtraría’ por el cuerpo de Débora para producir el colapso”, agregaron allegados a la investigación.

La segunda hipótesis no sólo involucra a Bialolenkier sino que también salpica a La Trinidad. Se cree que el endoscopio que se usó podría haber estado roto y que, por esa razón, la insuflación de aire (que sirve para facilitar la visualización del interior del organismo) se realizó con un aparato externo que no controló la presión del ingreso de ese aire. “En cuestión de segundos podría haber entrado demasiado aire. Si esto sucedió, no hubo tiempo de revertir el cuadro”, describe un experto cercano al sanatorio.

Esta segunda versión es la que circula con más fuerza en el mundo médico y entre los profesionales que trabajan en la clínica. En este escenario, ese aire desmedido habría producido la compresión del cuello. A la vista, el resultado se conoce en el ámbito forense con el nombre de “máscara equimótica”, que es el aspecto que presentan las personas que fallecieron producto de una asfixia mecánica. “Ni bien llegaron los médicos de refuerzo a asistir esa situación de emergencia, la vieron y dijeron: ‘Esto es irremediable’”, cuenta un médico cercano al sanatorio.

Desconfianza

La pregunta que se hacen los investigadores es quién es el culpable. De comprobarse que la muerte de Pérez Volpin fue producto de una falla humana que sólo puede adjudicarse a Bialolenkier, el Sanatorio de la Trinidad tendría una responsabilidad solidaria y sólo debería enfrentar costas económicas. Sin embargo, ese escenario se transformaría si se comprueba que el endoscopio estaba roto. Y mucho peor sería su situación si se llega a comprobar otra de las grandes sospechas de la familia: que la clínica no entregó a la Justicia el endoscopio que se utilizó en este procedimiento.

En los días que siguieron al fallecimiento, la Justicia secuestró diversos elementos de La Trinidad. Con el primer requerimiento que realizó el juez Gabriel Guirlanda, la Policía pudo llevarse de la institución la historia clínica, el libro de enfermería y la hoja de guardia. Luego, ya con una orden de allanamiento, se secuestró el endoscopio con su procesador, la CPU y dos sondas. Fue con ese material que se pudo comprobar que no existían grabaciones o fotografías de la endoscopía que se le practicó a la periodista.

Esta teoría, que empezó como un rumor de pasillo, comenzó a tomar fuerza y la familia le da credibilidad. La pregunta, frente a eso, es si puede o no precisar el cambio de aparato. “Si se usó el que entregaron, estamos frente a una clínica que usa endoscopios de pésima calidad. Este que entregaron no sirve ni para repuesto en el hospital más remoto del país”, cuenta una fuente cercana al expediente.

Internas

“En la autopsia, los peritos observaron que había sangrado en el esófago y ella no pudo haber entrado con eso”, sostuvo Pirota. En esta línea, allegados a la familia contaron que creen que la mayor responsabilidad la carga Bialolenkier: “Algunos especialistas consultados le endilgan un 80% de lo sucedido al endoscopista y un 20% a la anestesióloga. Otros dicen que la anestesióloga hizo todo bien. Varía el criterio aunque, a esta altura, sabemos que es poco probable que sobre ella caiga una condena por homicidio. Pudo haber hecho más o mejor pero no es la responsable”, contaron.
En la misma línea parece ubicarse la defensa de la anestesióloga Puente. “Durante la autopsia no se descubrió ningún error con la anestesia”, subrayó su abogado, Gerome. En el mundo médico no se ve con buenos ojos que los anestesistas designen un abogado propio de inmediato. “Siempre se dice que nos ‘cortamos solos’ pero esta es una especialidad que siempre está bajo sospecha. En este caso lo vimos: se conoció la muerte de esta mujer y enseguida se apuntó a Puente cuando su accionar fue correcto”, contó un colega.

Con otra estrategia, el abogado de Bialolenkier insistió en observar el estado previo de Pérez Volpin: “Obviamente no estaba sana porque si no no la hubieran dejado internada”. En paralelo a esas declaraciones, La Trinidad comienza a hablar de un supuesto cuadro de hepatitis que incluía “líquido en la cavidad abdominal y alrededor del hígado, derrames en el tórax, principio de hipertensión portal e ictericia”.

“Si eso fue así, nadie lo comunicó. Y ahí, nuevamente, se estaría frente a un escenario muy complicado para los profesionales y para el mismo sanatorio, que habría hecho un diagnóstico erróneo con anterioridad”, insisten desde la familia.

Los amigos y familiares de Pérez Volpin creen que van a conocer la verdad y apuestan a que todo el personal de La Trinidad declare: “Alguien puede tenerle bronca a otro, puede equivocarse al hablar o sentir remordimiento. De una u otra forma, alguno va a terminar diciendo qué pasó realmente”, insisten.