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Opinión / 2 de noviembre de 2018

Patricia Bullrich: efecto caipirinha

La ministra de Seguridad dijo: “Este es un país libre. El que quiere andar armado, que ande armado”. Los peligros de una irresponsable “bolsonarización”.

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La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, con atavío de combate.

En el Gobierno hay nervios y confusión. Las cosas no salen y se empieza a echar mano a conclusiones simplistas y marketineras surgidas del triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil. A falta de soluciones concretas a los problemas concretos, han comenzado a sobreactuarse discursos duros para la hinchada. Es la hora de lo “políticamente incorrecto”, como si decir cualquier barbaridad fuera cool sin medir consecuencias.

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Ayer, el presidente Mauricio Macri hizo propia la “línea Pichetto” y propuso rediscutir la política migratoria nacional con la excusa de evitar que “violentos y delincuentes” extranjeros se instalen en el país. A vuelo de pájaro, suena lógico. Nadie quiere que la Argentina se convierta en el paraíso de los malvivientes. Sin embargo, las estadísticas demostrarían que los extranjeros no son en sí el máximo problema en la materia. Y lo peor del caso es que el debate se reabrió tras los recientes disturbios frente al Congreso, en los cuales, de los 27 detenidos, 4 no eran argentinos (dos venezolanos, un peruano y un turco). La única “prueba” hasta el momento contra ellos sería que algún grado de militancia o adherencia política tienen. ¿La política es delito? ¿Es productivo socialmente resumir el drama nacional a la “inquietante” presencia de extranjeros? ¿Tienen idea del impacto de decir cualquier verdura para esquivar los problemas reales y ganar una elección?

El sumun de la locura lo protagonizó Patricia Bullrich. Tras sufrir un escrache opositor en Río Cuarto, lo cual obviamente no le gustó y la puso nerviosa, la ministra de Seguridad declaró a la prensa: “Este es un país libre. El que quiere andar armado, que ande armado”. Luego aclaró: “Nosotros preferimos que no anden armados. Pero esas son cosas de la gente”.

Gobernar no es cuestión de gustos, de preferir o no preferir. Gobernar es cumplir la Constitución y las leyes con acciones concretas. En la Argentina no hay Quinta Enmienda: es delito andar armado, salvo excepciones (dispuestas para garantizar la seguridad colectiva). Andar por la función pública ebrios de “bolsonarización” complica las cosas.

*Jefe de redacción de NOTICIAS.